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| 4/23/2016 12:00:00 AM

“En el posconflicto la inspiración será definitiva”: Ricardo Santamaría

El nuevo director de la corporación Reconciliación Colombia habla sobre los desafíos de la paz para la sociedad civil. Para él, si el país se une, el posconflicto podría ser la gran historia de éxito del siglo XXI.

SEMANA: Usted llega a Reconciliación Colombia con la meta de ayudar a establecer una cultura de paz en el país. ¿Eso exactamente qué quiere decir?

RICARDO SANTAMARÍA: Que debemos entender que lo que va a ocurrir en La Habana y en las negociaciones con el ELN será posiblemente el fin del conflicto, pero no la llegada definitiva de la paz y la reconciliación. Estas son cosas que debemos hacer entre todos los colombianos, y con todos.

SEMANA: ¿Cómo?

R.S.: Teniendo claro que en Colombia necesitamos comenzar, ya, a vivir de una manera distinta. Aquí conflictos seguirá habiendo, étnicos, territoriales, políticos… Pero tenemos que aprender a resolverlos en democracia; a entender las diferencias y a no gritarnos, agredirnos o matarnos; a vivir sin la amenaza de la violencia o del secuestro. Necesitamos transformarnos como sociedad.

SEMANA: Esas son ideas muy valiosas, pero no nuevas. ¿Qué le hace pensar que ahora sí podrán volverse realidad?

R.S.: Tenemos una oportunidad única. Hoy los colombianos enfrentan un gran dilema: ¿quiere este país una paz chiquita o una paz grande? La paz chiquita es aquella en la que yo, como colombiano, les digo a los demás qué hacer: a la guerrilla que se desmovilice, al gobierno que cumpla, a los cooperantes internacionales que nos financien, etcétera. Es una paz donde, básicamente, alzo el dedo y señalo.

SEMANA: ¿Y la paz grande?

R.S.: Ahí todo cambia porque en vez de decir cosas y esperar que se cumplan, yo, como colombiano, estoy obligado a preguntarme cómo aporto yo mismo: desde mi familia, desde mi empresa, desde mi comunidad. En la paz grande todo importa. Si usted cumple las leyes de contratación laboral, aporta. Si usted deja de gritarle a su vecino, aporta. Los acuerdos de La Habana podrán cumplirse o no. El Congreso podrá pasar leyes favorables a la paz o no. Estados Unidos y la Unión Europea podrá financiarnos o no. Pero aquella que surge del individuo es la única paz sostenible.

SEMANA: Pero muchos colombianos no parecen preparados para asumir esa paz grande…

R.S.: Por eso es que hay que dejar claro que este chance es histórico y único. Todos tenemos que empaparnos porque, si no lo hacemos, vamos a perder la oportunidad de transformar al país. Cuando los acuerdos se firmen, va a arrancar un proceso de décadas, y ya no tendremos a un jefe negociador, sino que tendremos que sacar adelante este asunto por nuestra cuenta.

SEMANA: ¿Cómo ve las condiciones actuales en la sociedad civil para alcanzar ese ideal?

R.S.: Yo siento que está más preparada de lo que la gente cree, pero menos de lo necesario. Nos falta mucho: más empresas, más organizaciones, más personas que asuman la responsabilidad de hacer algo. Dicho esto, sostengo que estamos más preparados de lo que se cree porque existen cosas justamente como Reconciliación Colombia, que hace tres años dijo: ¡la paz es conmigo! Hoy trabajamos en el territorio en proyectos concretos de reconciliación con 81 organizaciones, entre empresas, medios, universidades, centros de estudios y organizaciones de la sociedad civil.

SEMANA: Hable de la corporación. ¿Por qué no todos los colombianos la conocen?

R.S.: No nos hemos dedicado a hacer noticia, sino a trabajar en silencio con pequeñas cooperativas, con comunidades a lo largo y ancho del territorio. Esa primera etapa de Reconciliación Colombia fue valiosa porque recorrimos el país y encontramos 600 proyectos de reconciliación que ya existían. Nosotros ayudamos a hacerlos visibles. Ahora, con una macrorrueda en Cali el próximo agosto, arranca la segunda etapa. Queremos convencer a todo el mundo de que vale la pena comprometerse con procesos que unan a la gente, que respeten la diversidad, que muestren que se puede discutir en medio de las diferencias y que se puede llegar a consensos. Quiero que los protagonistas de Reconciliación Colombia, ahora sí, hagan noticia porque han logrado unir a personas.

SEMANA: La corporación trabaja muy de cerca con la empresa privada. ¿Ve en el sector una voluntad real de apostarle a esa paz grande?

R.S.: Veo una voluntad y un interés crecientes de vincularse en proyectos de paz y reconciliación. Por lo menos siento que el compromiso es mayor que antes. Los empresarios hoy quieren saber cómo estructurar proyectos que impacten la reconciliación. Lo que pasa es que la voluntad no basta. A todos nos toca ser más claros a la hora de diseñar esos proyectos porque ahí está la clave para impactar de verdad.

SEMANA: Pero quienes trabajan con el sector privado a veces chocan y sienten que este solo se compromete a corto plazo y que no abandona sus intereses particulares.

R.S.: Vea, en el ámbito de América Latina, Colombia es líder en la labor social, y las empresas han contribuido de manera decisiva. Aquí hay fundaciones que llevan décadas trabajando por la niñez, por la mujer, por la productividad, por temas sociales, y nos han hecho sobresalir. Todo eso es importante saberlo. Nuestra historia de sufrimiento nos ha hecho conscientes de que ese esfuerzo es necesario y que debe ir más allá de utilidades. Yo veo empresas maduras queriendo aportar, y lo digo en serio. Ahora necesitamos que se unan a proyectos de paz y reconciliación.

SEMANA: ¿Qué ha fallado hasta ahora al tratar de poner el perdón y la reconciliación en la agenda?

R.S.: Yo creo que hace falta inspiración. Y en el posconflicto esta será definitiva: proyectos reales y exitosos que inspiren a otros, y así sucesivamente. Esa es la base para que todos, las empresas incluidas, sigamos por un mismo camino. Y eso es lo que hace Reconciliación Colombia. Tenemos que tener claro que así como hoy estamos ante una oportunidad histórica, también estamos ante un gran riesgo.

SEMANA: ¿Cuál?

R.S.: Que no cambie nada. Que se firme la paz y el país siga igual. Que no haya conciencia de que esto es con todos.

SEMANA: Reconciliación Colombia le apuesta al esfuerzo colectivo. ¿Ve a los colombianos preparados para trabajar en equipo?

R.S.: Aquí en Colombia muchas veces no hemos trabajado en equipo y por eso se duplican esfuerzos. Si uno revisa, encuentra fundaciones que hacen lo mismo y no conversan. ¿Y luego qué pasa? El presupuesto se acaba, el proyecto se termina y el esfuerzo se pierde. Por eso es que Reconciliación Colombia es una sola. Aquí no hay competencia, ni esa mentalidad del ‘yo hago esto mejor que usted, entonces no se meta’. No señor: aquí queremos que los esfuerzos de la sociedad civil por la reconciliación se sumen.

SEMANA: Usted asesoró al gobierno en La Habana. ¿Qué lecciones le dejó esa experiencia?

R.S.: Algo fundamental. Cuando las personas se juntan y se ponen a trabajar con seriedad y compromiso, muy pronto adoptan mejores prácticas y empiezan a funcionar como un equipo. El trabajo colectivo siempre será más efectivo. Juntos podemos más.

SEMANA: Usted luego se fue a Harvard a estudiar modelos de posconflicto en otros países. ¿Qué conclusión trajo?

R.S.: Que los procesos de reconciliación más efectivos del mundo han sido aquellos que empoderan a los ciudadanos y logran encontrar voceros en la sociedad civil. De lo contrario, el posconflicto es limitado: solo sirve para finalizar guerra, desmovilizar ejércitos irregulares y tener una euforia de paz por algunos años. Nada más.

SEMANA: ¿En qué caso específico pasó eso?

R.S.: Tenemos ejemplos cercanos en nuestros vecinos centroamericanos. Lamentablemente, hoy algunos de esos países que hicieron la paz tienen niveles altísimos de violencia. Esta siempre puede resurgir si no se trabajan a fondo los temas sociales y la reconciliación.

SEMANA: Pero hay casos de relativo éxito como Sudáfrica. ¿Cuál fue la clave ahí?

R.S.: Allá la reconciliación se dio mediante la verdad y el perdón y permeó a toda la sociedad porque dejó la sensación de que se había cumplido lo acordado. No olvide que un acuerdo de paz crea expectativas de cambio. La gente termina creyendo incluso que, tras la firma, la paz se da como un milagro. Como esto no es así, es importante, desde el comienzo, buscar la paz en cooperación con la sociedad civil. Eso implica trabajar por la paz, pero en serio, y no solo en el discurso. Cuando se frustra, la gente termina por creer que la paz es una mentira. Y ahí resurgen la violencia y la apatía.

SEMANA: ¿Pero usted no siente esa apatía hoy en medio de tanta polarización?

R.S.: Le voy a hablar desde mi experiencia en poco tiempo en proyectos comunitarios. Allá, el perdón y reconciliación son generalizados. La gente en este país ha perdonado y seguirá perdonando para poder vivir, pasar la página y progresar. En Colombia, el perdón y la reconciliación se vienen dando desde hace rato y lo han hecho en los lugares más complejos de violencia que usted pueda imaginar. Yo me pregunto: ¿si se dan allá, por qué no se puede dar en todas partes? La reconciliación es una actitud.

SEMANA: Si se firma la paz y Colombia entra de lleno al posconflicto, ¿cómo le gustaría imaginar al país en un año?

R.S.: Esta semana el delegado de la Unión Europea para el proceso de La Habana dijo que la paz de Colombia será una de las grandes historias del siglo XXI en el mundo. Yo iría un paso más allá. Nuestro posconflicto, si sabemos manejarlo, será esa gran historia del siglo. Y lo será porque su éxito dependerá de que en este país se dé un enorme trabajo en equipo. Y lo veo venir. Este es el momento de cocrear. ¡En todos los sectores! No podemos perder más tiempo en peleas internas. Más allá de las ideologías, entre todos tenemos que reconstruir a Colombia.

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