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| 7/31/1995 12:00:00 AM

RECTO AL MENTON

A las buenas o a las malas, el gobierno decidió meterle mano a la independencia del Banco de la República.

PARA UN GOBIERNO QUE ha mostrado tanta generosidad en la búsqueda de la paz, resulta insólita la voz de guerra. Pero por lo visto el tono conciliador que ha adoptado el Ejecutivo frente a los excesos de la guerrilla no se traslada al plano económico. La semana pasada, cuando se creía que el clima de calma había vuelto a imperar entre el equipo oficial y la Junta Directiva del Banco de la República, el propio presidente Ernesto Samper se encargó de encender la hoguera al afirmar sobre el Emisor que "los miembros de su Junta Directiva no se sienten comprometidos sino con una variable que es reducir la inflación. Pero uno no puede reducir la inflación a costa de aumentar el número de desempleados, o de paralizar la actividad industrial o que no se vuelva a exportar un dólar en este país".
Semejante catilinaria fue la conclusión de una rueda de prensa en la cual el gobierno dio a conocer la lista de recortes por un monto cercano a los 530.000 millones de pesos en el presupuesto de gastos de este año. La apretada del cinturón formó parte de las acciones concertadas entre el gobierno y el Banco para ayudar a reducir las tasas de interés que fueron controladas por decreto a finales de junio.
Pero aunque el Ejecutivo había hecho gala de espíritu de sacrificio al aceptar moderar sus aspiraciones de gasto, el esfuerzo dejó más de una ampolla. Tantas que al final de cuentas el gobierno acabó respirando por la herida, quedando en el ambiente la sensación de que los problemas con el Emisor llegaron ya al punto de no retorno. De manera que cuando el presidente Samper confirmó que en la próxima legislatura le presentará al Congreso un proyecto de ley para reformar la actual base jurídica del Banco, en el ambiente quedó un antipático tufillo de revancha.
Eso quizás no sería grave si por obligación los seis miembros de la junta del Emisor y el Ministro de Hacienda no se tuvieran que sentar en la misma mesa cada semana a mirar la evolución de algunas cuentas de la economía. Ahora será muy difícil recuperar la escasa confianza que se había logrado entre bandos que nunca se han sentido muy a gusto con el otro.
Irónicamente, todo ocurrió en momentos en que la discusión sobre el Banco de la República comenzaba a ganar altura. Un día antes del regaño presidencial se había presentado en la Fundación Santillana un libro que describe cómo se llegó a escribir el texto de la Constitución de 1991, que le dio tanta autonomía a la entidad. En el debate, que ocurrió en el marco del evento, quedó en claro que algunos especialistas, con Guillermo Perry a la cabeza, consideran que el Emisor tiene demasiado vuelo y muy pocos controles. En ese sentido el Ministro sostuvo que "este tema resquiere la más amplia discusión y, posiblemente, una revisión de la ley" que interpretó el mandato constitucional.
Aunque a algunos esa afirmación les puede parecer una herejía, lo cierto es que no tiene nada de malo. Si algo necesita el esquema actual es que se le examine con cabeza fría, sobre todo a la luz de las diferencias cada día más evidentes entre el gobierno y el Banco. Tal como quedó demostrado en las últimas semanas, es muy fácil que el uno le dañe el caminado al otro. En ese sentido vale la pena analizar si no es mejor equilibrar las cargas actuales que, por ahora, se inclinan en favor de la Junta y no del Ejecutivo. Este solo factor le da pie a los partidarios de Samper para preguntarse por qué el Banco le puede cortar las alas a la política económica, cuando quien tiene la legitimidad para llevarla a cabo es el gobierno que fue elegido democráticamente.
Ese y otros temas deberían ser analizados por el Congreso en un futuro cercano. La inquietud, sin embargo, radica en qué más se puede colar en materia de normas una vez se abra la puerta de las reformas. Para muchos se aplica la lógica del malo conocido, más aún cuando se sabe que el Parlamento le tiene muchas ganas a un Banco de la República que no sólo se ha distinguido por su independencia, sino también por su prepotencia. No obstante el gobierno está dispuesto a dar el salto al vacío, y a juzgar por el tono del presidente Samper la semana pasada, la caída va a ser cruel y despiadada.
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