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| 7/26/2008 12:00:00 AM

Reelección, ¿al fin qué?

El referendo para la reelección parece no tener reversa. Sin embargo, las personas más cercanas a Uribe aseguran que está indeciso.

El histórico rescate de Íngrid Betancourt y los otros 14 secuestrados sepultó una bomba noticiosa de gran proporción que estaba a punto de salir a la luz pública por esos días: el presidente Álvaro Uribe les había dejado claro a varios de sus más cercanos colaboradores y familiares que no pensaba lanzarse como candidato presidencial en 2010.

Hasta ese momento, el primer mandatario no había querido dar respuesta, ni siquiera a sus más fieles allegados, sobre si se le iba a apuntar o no a una nueva reelección. Así entonces, la gran pregunta política de los últimos años parecía estar resuelta para su círculo íntimo. La idea de Uribe no era hacer pública su decisión sino cuando el momento político lo requiriera, pues es bien sabido que el suspenso sobre una posible reelección es una carta política que el Presidente ha jugado con gran habilidad para mantener firmes sus tropas.

Ahora, y luego de que se aplacó el tsunami mediático de la operación 'Jaque', el tema se vuelve a poner sobre el tapete porque el próximo 15 de agosto serán presentadas de manera oficial a la Registraduría cuatro millones de firmas para convocar un referendo que permitirá que un colombiano ocupe por tercera vez la Presidencia de la República.

Esas dos realidades parecen entonces contradictorias y ya han comenzado los interrogantes: Si es verdad que el Presidente está contemplando la posibilidad de no lanzarse para 2010, ¿para qué deja avanzar el referendo? No sólo el montaje para recoger las firmas es una operación de alto turmequé que lleva varios meses en progreso (ver páginas 26 a la 30), sino que una vez entre al Congreso, suena poco probable que sea desmontado.

Si se cuenta sólo el andamiaje de Bogotá, son 130 personas pagas, trabajando en tres turnos, las 24 horas del día, entre recolectores de firmas, digitadores y verificadores de las mismas. En todo el país son cerca de 1.000 empleados. Pero tal vez lo más significativo es que el comité encabezado por Luis Guillermo Giraldo ha recibido aportes de grandes grupos económicos y esta es una de las razones que hacen pensar que este referendo no tiene reversa, pues es fácil explicar que se recojan firmas y no se utilicen, pero lo que no tiene sentido es que pidan plata para nada.

Lo que es indiscutible es que si el Presidente estuviera decidido a no lanzarse, podría parar en seco todo ese proceso con una simple llamada telefónica. El argumento de Luis Guillermo Giraldo de que esa iniciativa se ha llevado a cabo a espaldas del primer mandatario no convence a nadie. Como Uribe ni raja ni presta el hacha, la interpretación que se le ha dado a su pasividad es que aunque eventualmente decida no lanzarse, quiere dejar la puerta abierta con la teoría de la hecatombe. En otras palabras, si dentro de un año se ve suficientemente liquidada la guerrilla, como para considerar que su misión está cumplida, Uribe se haría a un lado. Si, por otra parte, hay un atisbo de zozobra o nubarrones negros, él no dejaría de ponerle el pecho al problema.

Se sabe que su esposa se opone intensamente a la reelección. Y que con excepción de José Obdulio Gaviria, todos sus más cercanos consejeros y amigos también.

En otras palabras, no es imposible que haya un referendo y que Uribe no sea candidato. Quedaría la reforma constitucional hacia el futuro sin que él haga uso de ella. Las personas que hacen este análisis son ministros y funcionarios de Palacio que tienen interlocución permanente con el Presidente y que aseguran verlo más inclinado al no que al sí en materia de reelección.

Como era de esperarse, esta interpretación produce risas entre los antiuribistas que consideran al Presidente ambicioso y maquiavélico, y a sus interlocutores, ingenuos y sumisos.

Otro grupo de allegados a Uribe, que incluye también ministros, da una interpretación intermedia. Según esta, el Presidente con el referendo quiere dejar abierta la puerta para volver a la Casa de Nariño. Pero no necesariamente en 2010, también puede ser en 2014 o después. La reforma que se le hizo a la Constitución para permitir la reelección inmediata dejó tajantemente prohibido un tercer período presidencial. Si no se encarga el mismo Uribe de reformarla de nuevo, es casi imposible que lo haga por él algún otro Presidente que lo suceda. Es mejor para el primer mandatario recoger firmas ahora, cuando la popularidad está tan alta, y votar el referendo, en el mejor de los casos, en mayo del año entrante, cuando aspira a mantener un respaldo que le permita lograr los 7,1 millones de votos que se necesitan para aprobarlo.

En todo caso, ya sea que el Presidente decida lanzarse en 2010 o en 2014, si llega a prosperar la reforma a la justicia, las fichas quedarían colocadas favorablemente para él en el ajedrez. El borrador informal que ha presentado el ministro Fabio Valencia dice que al Procurador y al Fiscal se les ampliará el período a ocho años, y a los magistrados de las Cortes, a 12 años. Esto no es que represente una ventaja electoral para 2014, pero sí representa una garantía de que hasta entonces los organismos de control que podrían molestar no estén en manos de sus enemigos.

En todo caso, la presentación de las firmas a la Registraduría en menos de tres semanas, si bien no define qué va a hacer exactamente el Presidente, sí parece dejar claro qué no va a hacer: desmontar ese referendo. Sus allegados pensaron que crear la expectativa de la reforma constitucional podría ser una estrategia para llenarse de gloria al renunciar a una segunda reelección en el momento oportuno. Como están las cosas, ese escenario ya no parece probable. Si Uribe quisiera hacerlo, el momento es ahora, notificándole a Luis Guillermo Giraldo que no es conveniente presentarlo ante la Registraduría.

Y por supuesto, no hay que descartar otro escenario. Que el primer mandatario esté inclinado a no ir a la reelección, pero en el referendo se dé un resultado de ocho o nueve millones de votos por el sí y Uribe lo considere como un mandato ineludible del constituyente primario.
 
Así funciona la máquina del referendo

La firma de Tomás Uribe este fin de semana en el acta de su matrimonio no ha sido la única rúbrica trascendental que ha estampado en los últimos días. El 20 de julio, mientras marchaba para pedir la liberación de los secuestrados, puso su granito de arena para la segunda reelección de su padre, el presidente Álvaro Uribe Vélez. Con su puño y letra escribió en una de las planillas que recogen las firmas para promover el referendo su nombre, número de cédula y la dirección de su residencia, que corresponde a la Casa de Nariño.

Como la firma de Tomás, casi tres millones más están listas, verificadas y empastadas en la sede de la reelección, en la calle 72 con séptima, en Bogotá. Muchas han sido recogidas por voluntarios o por líderes políticos a los que los impulsa el amor al uribismo, y otras tantas, si no la mayoría, las ha conseguido un batallón de ‘recolectores’ reclutados por empresas temporales.

La meta es completar cinco millones de firmas para presentarlas el próximo 15 de agosto en la Registraduría. El número es significativo porque es más del triple del mínimo necesario para convocar al referendo (1.403.069 firmas). Sin duda, a los promotores les interesa que sea contundente el mensaje del mandato popular. Sobre todo ahora, frente a un Congreso tan cuestionado en su legitimidad.

El referendo tiene a la cabeza al ex senador caldense Luis Guillermo Giraldo, hoy secretario general del Partido de La U quien, junto a otros ocho ciudadanos, conforma el Comité de Promotores, un grupo de personas que desde el 28 de abril se pusieron en la tarea de echar a andar este engranaje reeleccionista.

Pese a que todavía tienen un largo camino por delante, han logrado avanzar con rapidez. Esto ha sido posible gracias a un gigante y costoso andamiaje que envidiaría cualquiera de los otros referendos que están en proceso en el país y que empezó a funcionar desde mayo, cuando se trazaron una estrategia para no fallar en su propósito de mantener a Uribe en el poder.

Lo primero fue conformar una ONG que bautizaron Colombia Primero. Las mismas palabras, pero en distinto orden, del nombre de la fundación que manejó Fabio Echeverri en las dos campañas anteriores del presidente Uribe, que se llamaba Primero Colombia. Y lo segundo, reunir más de 20 empresas de servicios temporales y ofrecerles un buen negocio. Conseguir, cada una, 300.000 firmas, pagadas a 340 pesos por rúbrica. De los cuales, 250 se ganaba el que las recogiera y 90 la empresa.

Diecisiete aceptaron la oferta y hoy sólo quedan unas tres funcionando. Algunas terminaron el contrato porque no les fue rentable, y otras, como Redes Humanas Ltda., por el contrario, lo han ampliado más de cinco veces. “Nosotros contratamos más de 200 personas, y por eso hemos sido líderes en la recolección de las firmas, hemos aportado 1.200.000 y nos faltan 600.000 más”, dice Luz Esperanza Pérez, gerente de esta empresa que tiene más de 10 años de antigüedad.

Y es que el trabajo se ve fácilmente si se camina por estos días por las calles de las principales ciudades de Colombia. Mas de 1.000 personas, la mayoría jóvenes desempleados de escasos recursos, son las que recogen las firmas. A cada uno la empresa temporal le garantiza un salario mínimo mensual, con seguridad social y todos los requisitos de ley; ellos, a cambio, se comprometen a trabajar ocho horas diarias y a entregar a diario al menos 150 firmas, es decir, 10 planillas llenas correctamente, cada una con 15 firmas válidas.

Pero sus ganancias personales pueden aumentar. Además del subsidio de alimentación y transporte, existe un mecanismo de incentivos. Tanto las empresas como Colombia Primero motivan a los mejores recolectores. Por ejemplo, si la persona logra más de 150 firmas al día, recibe 200 pesos adicionales por cada una, y si sobrepasa las 200, 50 pesos más.

Y la cosa no para ahí. Cada viernes por la tarde, en la sede de la reelección se premia con 300.000 pesos a quien haya alcanzado el mayor número de firmas en la semana. “Algunas personas han ganado ese premio tres semanas seguidas”, comenta feliz Luz Esperanza, pues de cada tres premios, al menos dos han sido para sus muchachos. “Mucha gente que no tenía ni para comer ha podido mejorar su nivel de vida gracias a esta oportunidad”, agrega.

Aunque muchos reconocen que es un trabajo duro, con caminatas bajo el sol o la lluvia, consideran que están bien remunerados. Lady es una de las más entusiastas. Lleva un mes en el trabajo y ya ha salido de varias deudas que la tenían azotada. Y a pesar de que ahora está en un centro comercial del norte de Bogotá donde, según ella, la gente es “culta y de plata”, de vez en cuando le ha tocado lidiar con un feroz opositor a la hora de pedir la firma. Ha recibido insultos de gente que les dice “vendidos” o “paracos”. Incluso llegaron a forcejeos para impedir que les destruyeran las planillas, y en alguna ocasión perdió el trabajo de todo un día por un tipo que fingió firmar y de repente dañó las firmas ya recogidas escribiendo sobre ellas insultos al Presidente.

Pero si bien puede ser una buena oportunidad de empleo para algunos cientos de desempleados en el país, cabe preguntarse cuánto dinero invierte esta empresa en una reelección que hasta el momento es incierta.

Giraldo dice que sin contar los apoyos en especie, los gastos de la iniciativa popular van en unos 180 millones de pesos. Pero según las cifras que entrega tan solo una de las empresas temporales contratadas, Colombia Primero le ha pagado por el millón doscientas mil firmas, al menos 400 millones de pesos. Y si se tiene en cuenta que estaban dispuestos a contratar con 20 de estas empresas, se podría suponer que el referendo tuvo reservas presupuestales para pagar al menos 2.000 millones de pesos.

Ahora bien, no sólo han contratado personas para recolectar las firmas. Las planillas que a diario son entregadas por los recolectores a los coordinadores comienzan dentro de los salones de la vieja casona un dispendioso proceso de verificación. Uno por uno, los números de las cédulas son chequeados en computadores dotados de un software especial que verifica que la cédula corresponda al nombre y que haga parte del censo electoral.

Luego, cada una de las planillas se copia en el computador con un escáner y se guarda en archivos electrónicos que le servirán a Colombia Primero de respaldo una vez se lleve el papel a la Registraduría. En todo este proceso, trabajan al menos unas 30 personas. Algunas de ellas, digitadores de datos, manifestaron a SEMANA ganarse por lo menos 550.000 pesos mensuales más prestaciones. Lo cual aumenta el costo de esta titánica labor de cambiar la Constitución.

¿De dónde ha venido el dinero? Para Giraldo, proviene de donantes, colombianos de buena voluntad que quieren apoyar al Presidente. SEMANA estableció que algunos grupos económicos ya dieron los aportes, así como empresarios que apuestan a que el recorrido de la iniciativa sea exitoso a pesar de que saben que su platica se puede embolatar si mañana el presidente Uribe decide despejar la duda sobre sus aspiraciones. Giraldo, que ha ido de ciudad en ciudad buscando los recursos, cree que esta incertidumbre es parte de su apuesta democrática “La democracia es un riesgo, se gana o se pierde”, concluye.

Ahora bien, la ley no establece un tope de dinero para el proceso general de recolección de firmas, pero sí consagra uno para las cuantías que aporten “personas naturales o jurídicas de derecho privado”, que es de 3.300.000 pesos. Así que los aportes tendrán que ser muchos para alcanzar las cifras que se están manejando.

Carlos Alberto Jaramillo es el gerente de Colombia Primero y a su celular entran a menudo llamadas en las que se le oye dar las gracias por ese aporte. Jaramillo, que se dedica a la edición de libros, está en esto como voluntario por la causa. Tiene programadas para los próximos días dos actividades para recoger fondos. Una es la venta de obras de un pintor paisa que donó a la campaña 500 cuadros para que sean vendidos en 500.000 pesos cada uno. Y la otra, un baile con la Billo’s Caracas Boys, la tradicional orquesta venezolana, al que piensa que pueden llegar 4.000 personas. Además están quienes –según Jaramillo– regalan muchas cosas para la campaña: camisetas, afiches, calcomanías, vallas y hasta papelería.

Giraldo repite que ni el presidente Uribe ni nadie de su gobierno tienen que ver con la iniciativa, y menos aun con el trabajo de conseguir donantes. “Somos unos modestísimos ciudadanos que creemos que el país necesita de más Uribe”, pregona. Y por supuesto, en la Casa de Nariño no se pronuncia oficialmente una sola palabra sobre el referendo. Se conoce, eso sí, que las opiniones frente al empeño reformista tienen al equipo dividido. A muchos de los uribistas no les cae bien y otros lo aplauden, pero sea cual sea la postura del Presidente, lo cierto es que este referendo va muy en serio.

La empresa no funciona sólo en la capital. Sumadas a los empleados reclutados, también las maquinarias políticas están moviéndose a toda marcha. Los diputados y los concejales del Partido de La U en todo el país están en la tarea de conseguir firmas. En Barranquilla, por ejemplo, el líder es el senador José David Náder Cardozo, que mueve a los diputados y los concejales de su partido. Náder dice que el proceso ha sido fácil porque en el 99 por ciento de los casos la gente firma de manera espontánea. Allí, aunque no hay personal contratado, los concejales y los diputados andan con las planillas listas para levantar apoyos.

Y en Cali, la infraestructura montada alrededor de ese propósito es la misma con la que cuentan los dirigentes políticos de la región, es decir, sus líderes de base. Dilian Francisca Toro, senadora uribista, tiene tres diputados, 13 alcaldes y al menos 100 concejales dedicados a cumplir con la tarea.

En realidad, de los partidos de la coalición uribista, sólo La U tiene un mandato claro. En los otros partidos no se ha dado una orden perentoria de participar en la recolección de firmas. Alas Equipo Colombia trabaja un poco en la costa y otro tanto hace Colombia Democrática. Los conservadores poco y nada colaboran, y a Cambio Radical no se le conoce la cara en la causa reeleccionista.

En otras ciudades intermedias y pequeños municipios, son los líderes de las juntas de acción comunal los que se encargan de que en las tiendas, las misceláneas o las plazas de mercado estén disponibles las planillas para que los voluntarios estampen sus rúbricas.

Los términos de ley indican que el comité promotor tiene plazo de seis meses, desde el momento en que inscribe el referendo, para entregar a la Registraduría las firmas de no menos del 5 por ciento del censo electoral. Sin embargo, estarán listas para agosto. Así lo dice Giraldo y así lo confirman los contratos suscritos con las empresas de trabajo temporal que vencen el 4 de ese mes. Así las cosas, si la Registraduría da el visto bueno sobre las firmas, para lo cual ya también se está preparando, el proyecto de ley tendrá que haber hecho su trámite en el Congreso, y haber sido aprobado o negado, antes de diciembre de este año (ver recuadro).

Y entonces comenzará el estudio por parte de la Corte Constitucional de la ley que convoca al referendo, que será el momento álgido del debate. Las discusiones se darán en una nueva Corte Constitucional, que para entonces tendrá seis nuevos magistrados –se eligen en octubre y se posesionan en enero–. Algunos serían los puntos más polémicos: el principal, si la ley echa a tierra la arquitectura de pesos y contrapesos de la democracia e implicaría la sustitución de la Constitución, y otro sería determinar si la reforma sugerida no se aplica para el período 2010, pues dice explícitamente que “quien haya ejercido dos períodos constitucionales, podrá ser elegido”. Es decir, ¿puede el presidente Uribe ser elegido sin terminar su período?

Lo cierto es que a la empresa del referendo no le preocupa por ahora ningún obstáculo futuro. Sólo le interesa sumar y sumar firmas que significan el “apoyo del pueblo”. Y, a decir verdad, a quien firma o deja de firmar poco le ocupan esos pasos complicados que se avecinan. Para esa mayoría, la cosa es simple: firman porque quieren más Uribe o no firman porque sienten que ya estuvo bien.
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