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| 3/10/1986 12:00:00 AM

REENCUENTRO CON GLORIA

Exito en la operacion de búsqueda de familiares para los niños abandonados de Armero y Chinchina

Mientras Resurgir, la agencia creada por el Estado para la reconstrucción y rehabilitación de las zonas afectadas por la erupción del volcán del Nevado del Ruiz, continúa buscando los caminos adecuados para canalizar la ayuda y no deja de recibir críticas, como las contenidas en el documento publicado la semana pasada por la Arquidiócesis de Ibagué, otra entidad, el Instituto de Bienestar Familiar, ICBF, en cambio, parece haber logrado alcanzar los propósitos que se había impuesto.
Con una operación que bautizaron con el nombre de "Reencuentro familiar" y que comenzó a funcionar 24 horas después de la tragedia, el ICBF se dio a la tarea de ubicar a los familiares de más de mil niños que quedaron abandonados en los municipios cercanos al área del desastre. La prensa europea llegó a hablar de 5 mil y hasta 10 mil niños abandonados y el propio presidente Belisario Betancur, en su alocución sobre la catástrofe, mencionó el problema de millares de niños sin familia.
Aunque el problema nunca alcanzó tales dimensiones, el director del ICBF, Jaime Benítez, siguiendo instrucciones presidenciales, asumió de inmediato que el asunto de los menores abandonados era prioritario. "La situación era tan dramática -relató Benítez- que enfrentamos casos como el de un niño herido de 12 años que estaba en el Hospital Infantil de Bogotá y, rastreando sobre sus parientes, hallamos a su madre en un hospital de Cali, a una hermana en Ibagué y al papá, quien creyendo que todos habían perecido, se había ido a rehacer su vida al rincón más escondido de la Guajira. Finalmente, logramos reunirlos a todos".
Este fue apenas uno de los muchos casos de similar complejidad que debió afrontar el Instituto. El primer paso fue censar a los menores y adultos, unos 13.500, que inicialmente pasaron por los Hogares Infantiles. Y entonces entró a jugar un papel esencial un computador del DANE, que centralizó toda la información.
LLORATORIO
Pero la recolección de cifras era apenas un paso inicial. El ICBF conformó un equipo de emergencia de 244 profesionales de Bogotá, Cundinamarca, Tolima, Huila, Quindío, RisaraldA, Caldas, Antioquia, Valle y Cauca, que se dedicaron de tiempo completo a rastrear la huella de las familias perdidas. Dos semanas después, al iniciarse el mes de diciembre, el Bienestar Familiar había logrado entregar a sus familiares a cerca de 900 niños. Eran los días de lo que los funcionarios del Instituto llamaban el "lloratorio", pues las distintas sedes se convirtieron en escenario de conmovedoras escenas de reencuentro de niños con padres, tíos, primos o abuelos. Todos lloraban, incluidos los funcionarios.
Claro que había casos mucho más difíciles de resolver que otros. Un menor de tres años que se negaba a hablar, planteó los más serios problemas. Sus fotos y datos personales fueron particuLarmente publicados por los distintos medios de comunicación. Un día apareció un matrimonio que lo reclamaba como hijo suyo, alegando que tenía un lunar en el estómago que podía comprobar lo que decían. Pero a la par llegó otro matrimonio, con abuelita a bordo, que también lo reclamaba. Se tomó una decisión salomónica: se practicaron exámenes genéticos a las cinco personas en los laboratorios del Instituto. Los verdaderos padres resultaron ser los que habían llegado con la abuelita.
Pero aquí al menos hubo final feliz. En otros casos, la cuestión ha sido a otro precio. Una niña de seis años pudo finalmente reencontrarse con su padre, pero éste se niega hasta la fecha a hacerse cargo de ella. Hoy en día sólo quedan en el Bienestar Familiar cinco menores a los cuales no se les ha podido encontrar una familia. Pero existen 5 mil solicitudes de adopción de extranjeros y nacionales, o sea que cada uno de los niños abandonados tiene mil posibilidades de encontrar un nuevo hogar. Se trata por ahora de encontrarle el más adecuado. Los cinco niños sin hogar son: Azuli Sánchez, de 5 años: Paola Martínez, de 4: Luis Guillermo Correa, de 6; Jorge Andrés Trujillo, de 3, y José David Hurtado, de 11 años. Si en abril no han aparecido sus familiares, se iniciará el proceso de abandono y posterior adopción.
En todo caso, el final no sólo ha sido feliz para un millar de niños, sino también para el Instituto, cuya labor había sido seriamente cuestionada a principios del año pasado, cuando se distribuyó eL presupuesto nacional y se habló de algunos recortes. No sólo hubo reencuentro familiar, sino un reencuentro del país con el ICBF-
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