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| 6/15/2015 12:00:00 AM

Vargas Lleras, el más ‘golpeado’ con la reforma

El vicepresidente fue elegido con reglas de juego muy diferentes a las que tendrá ahora, que le imponen nuevas inhabilidades para aspirar a la Presidencia.

Este martes, cuando el Senado apruebe la conciliación de la reforma al equilibrio de poderes, el vicepresidente Germán Vargas Lleras amanecerá con nuevas reglas de juego, muy diferentes a las que tenía cuando aceptó ser la fórmula del presidente Juan Manuel Santos, y que probablemente le obligarán a tomar decisiones sobre su inmediato futuro político.

Se decía que esta reforma –propuesta por el Gobierno para eliminar la reelección presidencial- no tenía nombre propio. Pero sin duda al funcionario que peor le fue con esta cirugía que le hizo el Congreso a la Constitución fue a Vargas Lleras.

No es un secreto que el vicepresidente, quien fue candidato presidencial en el 2010, encabeza la fila de presidenciables. Y que tras haber liderado la política de casas gratis y ahora la de la infraestructura vial, saldrá catapultado para aspirar a la Presidencia en el 2018.

Pero ahora estará obligado a modificar sus planes por cuenta de las inhabilidades que el Congreso le impuso con esta reforma.

Primero, se modificó la reelección presidencial, que en nada ya afecta a Juan Manuel Santos en la medida en que ya se benefició de esta figura. Pero Vargas, quien en el 2004 aprobó como senador la reelección, de llegar a la Presidencia, sólo podrá estar cuatro años en la Casa de Nariño y en caso de tener la tentación de ampliar su mandato, ya no podrá valerse del Congreso para ello, como lo hizo el expresidente Álvaro Uribe.

También, cuando Vargas aceptó la Vicepresidencia, la Constitución no le imponía mayores inhabilidades para ser candidato presidencial. Incluso lo habilitaba para seguir ejerciendo sus funciones de forma simultánea con la candidatura. Es decir, Vargas Lleras podía perfectamente seguir inaugurando obras y hacer campaña para conseguir votos.

En el Congreso, esa posibilidad se denunciaba como un desequilibrio para los demás candidatos que quieran aspirar a la Presidencia en el 2018. Por eso tanto el Senado como la Cámara coincidieron en que al vicepresidente había que imponerle ciertas inhabilidades.

La reforma, que esta semana entrará en plena vigencia, estableció que “no podrá ser elegido presidente” aquel ciudadano que un año antes de la elección haya sido vicepresidente de la República. La misma prohibición que hoy sólo tenían ministros, magistrados, el fiscal general, el procurador, los comandantes de las Fuerzas Militares, y alcaldes y gobernadores.

Esto no significa otra cosa que, en la práctica, Vargas Lleras, que fue elegido para vicepresidente para un período de cuatro años, tendrá que renunciar en mayo del 2017 (la primera vuelta es en mayo del 2018). Eso lo obligará a modificar sus planes y ejecutar con mayor celeridad sus múltiples compromisos como jefe de la política de infraestructura.

Y por si fuera poco, esta reforma le adicionó una inhabilidad que le impediría totalmente llegar a la Presidencia. No estaba en la Constitución, pero el Congreso decidió que al eliminar la reelección, en adelante no podrá ser escogido presidente quien haya ejercido la Presidencia, inhabilidad que cobija al vicepresidente en caso de que la asuma por tres meses, de forma continua o discontinua.

Es decir que ahora, si se llegaran a presentar faltas temporales del presidente Juan Manuel Santos o si tuviera que alejarse de la Presidencia por licencias o enfermedad, y Vargas Lleras tuviera que suplirlo, en caso de que ocupe la Presidencia por 90 días, ese sería motivo suficiente para que no pudiera aspirar a la jefatura del Estado.

Además, el Congreso modificó su fuero. Ya no será juzgado por el Congreso, sino que estará bajo la órbita de la Corte Suprema de Justicia.

Vargas Lleras se ha mostrado indiferente ante las decisiones del Congreso, incluso afirma: “Me parece que el vicepresidente, como cualquier servidor público, debe estar sometido al mismo régimen que los ministros y los demás servidores públicos. De manera que si la reforma política es votada el martes y se convierte en un acto legislativo, pues me parece muy bien que en mi caso, frente a una decisión que aún no he tomado, exista un régimen de inhabilidades” Y aclara: “Hoy, el vicepresidente no tenía inhabilidades”.

Sin embargo, Vargas dice que en la inhabilidad que se le impuso al vicepresidente, en la práctica será más extensiva. “Claramente se consagra una inhabilidad para el vicepresidente, que no existía, que no podrá presentarse a ningún cargo si no renuncia un año antes de la inscripción. De manera que esta inhabilidad en la práctica se convierte en una inhabilidad de un año y medio”, fue la única queja.

Durante los diez meses en los que se discutió la reforma, Vargas Lleras no se pronunció en absoluto. Pero sus congresistas de Cambio Radical sí que estuvieron atentos para ‘protegerlo’ de la reforma. En la Cámara intentaron eliminar esa cláusula de que si ocupa tres meses la Presidencia no pudiera aspirar. Fueron derrotados.

Y nada pudieron hacer cuando le impusieron la obligación de renunciar un año antes de la elección, pues la intención de otros parlamentarios era inhabilitarlo por cuatro años. Lo único que intentaron fue otorgarle, como vicepresidente, el mismo fuero que al presidente de la República. Pero Vargas, para evitar cualquier controversia, pidió que lo excluyeran del fuero presidencial.

Lo que quedó en evidencia en toda esta reforma es que la Constitución del 91 había quedado diseñada como para que los vicepresidentes fueran meras figuras decorativas, o por lo menos, con muy poca incidencia en el Gobierno y hasta sin aspiraciones políticas.

En otras palabras, aquellos constituyentes, cuando decidieron revivir la figura del vicepresidente, probablemente no se imaginaron que a ese cargo llegaría una persona como Germán Vargas Lleras, el vicepresidente que más poder ha acumulado desde el 91. Por eso, quizá, el Congreso decidió ponerle nuevas condiciones.

Pero en todo caso, a la luz de las nuevas disposiciones de la reforma al equilibrio de poderes, no hay otro funcionario que haya quedado más golpeado que el vicepresidente Vargas Lleras porque, sin cumplir un año en el cargo, se le impondrán reglas de juego muy diferentes a las que había cuando aceptó posponer sus aspiraciones presidenciales.
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