Martes, 17 de enero de 2017

| 2008/05/24 00:00

Reforma y discordia

Detrás de la nueva pelotera en la Universidad Nacional, hay una discusión de fondo: cómo se deben preparar los estudiantes para el siglo XXI.

Reforma y discordia

El escuadrón móvil antidisturbios de la Policía lleva varias semanas apostado en las afueras de la Universidad Nacional en Bogotá. Los hombres, uniformados con trajes de protección, tienen la orden directa del presidente Álvaro Uribe de replegar cualquier intento de asonada y de judicializar "cuanto antes" a quienes intenten alterar la tranquilidad en la 'Ciudad Blanca'. Un importante número de estudiantes tiene desde hace varias semanas bloqueada buena parte de los edificios, lo que impide el normal desarrollo de las actividades académicas.

La situación en la principal universidad del país está tan complicada, que el rector, Moisés Wasserman, anunció la semana pasada la posibilidad de cancelar el semestre académico en aquellas facultades donde los bloqueos de los estudiantes no ha permitido avanzar.

La actual problemática es el último capítulo de una batalla de varios años que tiene enfrentadas dos visiones de universidad. De un lado están las directivas, que han buscado crear un sistema más eficiente y flexible que les permita a los estudiantes cursar su carrera más rápido, pero con la posibilidad de engancharse de inmediato con un posgrado. Es una tendencia mundial.

Del otro lado está el movimiento estudiantil y buena parte de los profesores y empleados sindicalizados, que han visto en estas reformas el comienzo de una privatización, y por ello defienden el modelo de formación tradicional de la universidad.

El punto que desató el actual conflicto es el Acuerdo 008 de 2008, por medio del cual se adoptó el nuevo estatuto estudiantil, que entrará a regir a partir del primer semestre de 2009 y cambiará el actual modelo académico. Mientras ahora los estudiantes deben tomar mínimo un tercio de las asignaturas que les ofrece su carrera en cada semestre y las adicionales que quieran, siempre y cuando tengan disposición de horarios, el nuevo estatuto le pone límites a esta situación.

Este, que según las directivas fue discutido en los últimos tres años, establece la unidad de créditos como un activo que el estudiante debe administrar en el curso de su carrera. Los muchachos recibirán un paquete determinado de créditos que irán agotando a medida que avanzan, ya que cada asignatura corresponde a un valor determinado de créditos. Al tiempo que avanzan en su carrera, los estudiantes tienen la posibilidad de engordar otra bolsa paralela de créditos que les permite tomar materias de interés que no estén en el currículo normal o incluso, ahorrarlos para aprovecharlos en un posgrado más adelante.

Los estudiantes lo rechazan porque no fue consultado con la comunidad y porque, según ellos, en caso de ponerse en práctica, podría llevar a la 'Nacho' a dejar de ser la mejor universidad del país. El profesor Álvaro Zerda, decano de la facultad de ciencias económicas y opositor de la medida, cree que el modelo de bolsa de créditos limita la formación de los estudiantes al ponerlos a escoger en una lógica de mercado en donde todos instintivamente optarán por graduarse rápidamente. "Lo más grave es que se refuerza el imaginario colombiano de las últimas décadas que cree que lo que vale es tomar el camino más corto, los atajos y la ganancia rápida, sin importar el cómo".

La vicerrectora académica, Natalia Ruiz, afirma que el nuevo modelo "privilegia la libertad de cátedra, la reciprocidad entre la institución y los estudiantes, quienes tendrán la autonomía para llevar las riendas de su formación". Con esta fórmula se les pondrá coto a los 'eternos' estudiantes que se gastan décadas en cursar una carrera. "Hoy tenemos tres personas que están matriculadas desde 1975, llevan 32 años estudiando" , dice la vicerrectora Ruiz.

Ese argumento es rechazado por los opositores del estatuto. Dicen que son tres casos excepcionales en una universidad de 45.000 estudiantes donde el 65 por ciento tiene un desempeño entre excelente y bueno.

Pero esa imagen de estudiantes serios es opacada por las acciones de hecho y no facilita el debate. Si en realidad tienen razón, deben comenzar por regresar a clases, ganar la discusión por la fuerza de sus argumentos y no a la brava.

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