Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/10/18 21:21

Santos: la tercera vez que le apuesta a subir impuestos

Aunque como candidato presidencial se comprometió a no subir los impuestos, Santos le propondrá al Congreso la tercera reforma tributaria en menos de cuatro años.

Santos: la tercera vez que le apuesta a subir impuestos Foto: Fotomontaje SEMANA

“Puedo firmar sobre piedra o mármol que no voy a incrementar las tarifas de los impuestos durante mi gobierno”, Juan Manuel Santos, candidato presidencial (Partido de la U). 4 de junio de 2010.

Faltaban sólo tres semanas para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales cuando Santos soltó la frase. Hizo aquel juramento en uno de los tantos debates que sostuvo con Antanas Mockus, el del noticiero CM&, con Yamid Amat de moderador. La frase se convirtió en titulares de prensa y tras las elecciones, una cuenta de cobro a la mano de quienes se desinflaron con la caída de ola que el propio Mockus había levantado. Como cuando se pierde en las elecciones, una exigencia al ganador para que cumpla su palabra.

Puede leer: Los compromisos de Santos cuando era candidato.

La promesa de no subir impuestos estaba condicionada. En aquel debate, presionado por el propio Mockus, Santos lo que se comprometió a firmar en mármol fue a no aumentar tarifas, no a no crear nuevos impuestos. “En eso profesor Mockus, yo le puedo firmar aquí en piedra, en mármol si quiere, en lo que usted quiera: No voy a subir tarifas”.

Mockus dio un par de pupitrazos con la palma de la mano, aplaudió y luego levantó el dedo pulgar. En ese momento quedó pactado el compromiso de Santos de no subir los impuestos si llegaba a la Presidencia.

“Si es necesario, voy a aumentar el recaudo vía generando más gallinitas que pongan más huevos, no matando la gallina de los huevos de oro”, aclaró el Santos candidato.

La palabra impuesto, lo sabe Santos, lo saben todos los políticos, es bastante antipática, mete temores en la gente, genera inmediato rechazo. Más aún en plena campaña política. Nada más antipopular para un gobierno que imponer nuevos tributos.

Juan Manuel Santos llegó a la Presidencia y tuvo que aplicar aquella aclaración que hizo, después de haberse comprometido a firmar en mármol. Buscar otras gallinitas, otros huevos, otros impuestos.

Es probable que aquella promesa hoy se sea una cuenta de cobro al presidente. Tres semanas antes de ser elegido presidente se comprometía a no subir los impuestos. En los seis años de gobierno completa dos reformas tributarias, y este miércoles promoverá una tercera. El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, presentará ante la Cámara de Representantes el texto de la tan anunciada y esperada reforma 2016.

Un proyecto necesario, crucial para el presidente Santos, que tiene que despejar los nubarrones que desde hace años se han posado sobre las finanzas públicas, pues mayores son los gastos cuando los ingresos del petróleo cada vez decrecen. El Gobierno necesita nuevas fuentes de recaudo.

No es la primera vez que Santos se ha enfrentado a la antipatía de la palabra impuestos. En el gobierno de Andrés Pastrana, en calidad de ministro de Hacienda, pudo ser el personaje más impopular del Gobierno. En el año 2000, el país tenía una tasa de desempleo del 20 %, la inflación rozaba los dos dígitos, y un crecimiento económico inferior al  3 %. Ante esos males, se empecinó en una reforma tributaria, que con el tiempo fue reconocida por haber ayudado a sanear las finanzas de la nación y las entidades territoriales.

A los dos años de gobierno, la primera reforma

La primera vez que Santos, como presidente, se la jugó por una reforma tributaria fue en el 2012, dos años después de su promesa. El proyecto fue discutido en un momento adverso para el mandatario, después del escándalo de la reforma a la justicia. El 21 de diciembre de aquel año, el Congreso aprobó la primera reforma tributaria de la era Santos.

Esa vez la bandera que impulsó el Gobierno tuvo la bandera de la equidad y la generación de empleo. Los colombianos tuvieron que familiarizarse con nuevos impuestos, como el Imán, el Imás o el Cree, y los asalariados que devengaran más de 3,7 millones se veían obligados a declarar renta. También trajo un incremento en impuestos para hoteles y restaurantes lujosos, y beneficios como la reducción de 200 pesos en los impuestos por el galón de gasolina. Santos la defendió, aunque dijo que no era la reforma estructural que el país reclamaba.

Reelección y segunda reforma

El 20 de julio del 2014, un par de meses después de haberse reelegido, Santos instaló la legislatura. En su discurso ante los congresistas, en el que anunció la nueva agenda legislativa, no mencionó la reforma tributaria, la segunda de su administración, que impactaría a millones de colombianos y que era fundamental para la buena marcha de las finanzas públicas. No importó la omisión, meses después su ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, llegó con el proyecto bajo el brazo.

El 23 de diciembre del 2014, un día antes de la Navidad, Santos sancionó la segunda reforma tributaria, después de haber sido aprobada por el Senado y la Cámara. Muchos contradictores la calificaron como una reforma regresiva y que impactaba los bolsillos de la clase media. Santos lo negó en el momento de la firma. "La reforma no afecta las clases menos favorecidas y además prorroga los subsidios de energía eléctrica y gas a estratos 1 y 2", dijo en la Casa de Nariño.

La reforma fue aprobada por la Corte Constitucional, pero con un llamado de atención al gobierno para revisar sus políticas fiscales con el fin de evitar excesos tributarios y aliviar los pagos de los contribuyentes. "(...) reflexione frente a la austeridad y racionalidad del gasto público y en particular al impacto tributario en nuestro país", fue el mensaje del alto tribunal.  

Tras el plebiscito, tercera reforma

Santos volvió a hablar de impuestos en público en campaña política, esta vez la que antecedió al referendo por la paz. El lunes 20 de junio aseguró que con la firma de un acuerdo definitivo con las FARC no se subirán los impuestos para financiar los proyectos para el posconflicto. Sin embargo, advirtió que si no se firma la paz y no se refrendaba en las urnas, habría un aumento en los impuestos para poder financiar la guerra. La salida se entendió como una especie de amenaza para votar por el Sí.

Es probable que tras la crisis política tras el plebiscito del 2 de octubre, cuando la principal bandera del Gobierno, la paz con las FARC, fracasó en las urnas, el ambiente político no sea el más favorable para hablar de nuevos impuestos. Pero las urgencias económicas del Estado hacían inaplazable la discusión.

Este miércoles, cuando el ministro Cárdenas vuelva al Congreso con una nueva reforma tributaria, comenzará una discusión compleja. De nuevo crecen los temores por el incremento del impuesto al consumo, y varios partidos políticos advierten que no halarán a la reforma si llega a tener impacto en el bolsillo de los colombianos.

De momento, se desconocen todos los alcances del proyecto, pero el Gobierno está jugado a que en menos de un mes el Congreso apruebe la fórmula para recaudar mayores recursos a las arcas de la Nación.

Juan Manuel Santos, el candidato que se comprometió a llegar a la Presidencia con la promesa de no subir las tarifas de los impuestos, ya ha sacado dos reformas tributarias y ahora va por la tercera.

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