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| 11/25/2016 6:50:00 AM

Así se refrendarán los acuerdos en el Congreso

Tras la firma del acuerdo de paz en el Teatro Colón, por un debate en el Congreso se reemplazará al plebiscito como mecanismo de refrendación.

El nuevo acuerdo de paz, el que se firmó este jueves en el Teatro Colón, tiene una notable diferencia frente al que se debatió cinco años en La Habana y se firmó en Cartagena de Indias, hace dos meses exactamente. Los colombianos no lo tendrán que refrendar, o validar, en las urnas. No serán los ciudadanos, directamente, sino sus representantes, los congresistas, los que tengan que decir Sí o No al pacto político que pretende poner fin al conflicto armado con las FARC.
Tras la ‘tragedia’ que para muchos significó el plebiscito, otra convocatoria a las urnas podría ser un alto riesgo para el presidente Juan Manuel Santos, como también para la oportunidad de firmar la paz.

Por eso, tan pronto como se acabó la ceremonia en el escenario del Cristóbal Colón, el ministro del Interior Juan Fernando Cristo, llevó el nuevo acuerdo de paz, con su fe de erratas, al capitolio. Primero lo radicó en la Cámara de Representantes, luego en el Senado. Cuando los secretarios generales de ambas corporaciones le pusieron el sello de recibido al documento, y a la carta del presidente Santos que lo acompañaba, comenzó el camino de la refrendación.

Las plenarias estaban convocadas. En ambas, y de forma simultánea, se radicaron sendas proposiciones, que tenían como asunto la discusión de políticas públicas y asuntos generales.

“Los senadores abajo firmantes, se leía en la proposición presentada en el Senado, y con fundamento en el artículo 244 de la Ley Quinta de 1992 (reglamento del Congreso), proponemos a la plenaria citar a un debate para el martes 29 de noviembre al Ministro del Interior, e invitar al Alto Comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, al Jefe del Equipo negociador del gobierno, Humberto de la Calle, para que le expliquen al Senado los alcances del Acuerdo suscrito entre el Gobierno y las FARC…”.

La propuesta incluye la invitación a un grupo de voceros que han promovido, desde la sociedad civil, las opciones del Sí y el No en el plebiscito. Todo con el propósito de discutir la política de paz del gobierno.

Al término del debate, y amparados en los artículos 248 y 252 del reglamento del Congreso, “se someterá a la plenaria una proposición para establecer si los senadores se declaran satisfechos con las explicaciones ofrecidas por el Gobierno, y si se adopta la decisión política de refrendar el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una paz estable y duradera, suscrito nentre el Gobierno Nacional y las FARC EP”.

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Las proposiciones pueden ser presentadas por un solo senador o por varios. La que se presentó este jueves no le cabían espacios para las firmas de cuantos senadores quisieron suscribirla, quienes firmaron hasta en las márgenes para que su nombre apareciera en la propuesta.

Y dichas proposiciones, por lo general, son aprobadas en el Congreso sin mayores discusiones, día a día se presentan y son avaladas casi que a golpe de pupitre, sin ser sometidas a votación nominal.

Sin embargo, el presidente del Senado, Mauricio Lizcano, la so metió a discusión, circunstancia que fue aprovechada por el Centro Democrático pues sus 20 senadores se inscribieron para intervenir. Para colmo, y quizás en un gesto de garantista, Lizcano ofreció el doble de tiempo a los congresistas de la oposición. Con la papaya servida, los uribistas quisieron partirla, y una plenaria que significaba un sencillo trámite, se convirtió en un acalorado debate.

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Tanto que los del Centro democrático se salieron del recinto después del discurso de 20 minutos de Álvaro Uribe, y luego que los congresistas de la Unidad Nacional consideraran una pérdida de tiempo la encendida discusión que se estaba llevando la tarde. Era como si el debate que se pretende el próximo martes se hubiera anticipado.

Ernesto Macías, senador del Centro Democrático, le explicó a Semana.com las razones por las que la bancada abandonó el Senado, antes de la votación. “Porque el presidente del Senado estableció unas reglas de juego. Hablaban los voceros , posteriormente todos los que se inscribieran. Desde luego que nos inscribimos para intervenir sobre la proposición. Cuando el ministro Cristo se da cuenta, le da la orden al senador Lizcano para que suspenda el debate, y somete a votación y por eso nos salimos, Es muy grave tener de presidente del Congreso a un amanuense del ministro del Interior”.

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Se salieron los uribistas y se aprobó la proposición con solo 54 votos, tres más de los necesarios, y con la ausencia de medio Senado.

En la Cámara las cosas fueron diferentes. La misma proposición para convocar al debate de la refrendación, fue aprobada en 20 minutos. Allí, los representantes de la Unidad Nacional atajaron hasta con gritos y rechiflas el intento del representante uribista Santiago Valencia de prolongar el debate.




En la Cámara se aprobó la convocatoria del debate de refrendación con 90 votos a favor y trece en contra, y se programó para el miércoles 30 de noviembre.
La mayoría del Senado y de la Cámara deberán votar a favor del acuerdo para que este sea refrendado.

Es decir, si el acuerdo de Cartagena debía ser aprobado por los casi 35 millones de colombianos habilitados para votar, dos debates en el Congreso serán los que suplan esa última palabra que el presidente Juan Manuel Santos le había entregado al pueblo colombiano.

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Aunque se da por descontado que la decisión del Congreso será favorable a la refrendación del nuevo acuerdo (el ministro del Interior y los congresista ya están pensando en la ley de amnistía, la primera de la fase de implementación), la discusión será agitada, a la luz de lo sucedido en el capitolio en la tarde de este jueves.

El martes, en el Senado, todos los senadores del uribismo se inscribirán para intervenir en el debate. Lizcano ofreció tantas garantías que aseguró que el debate empezaría el martes pero podría terminar uno o dos días después. El tiempo que sea necesario, ofreció.

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Y seguramente, podría estar condicionado con la propuesta que lanzó Rodrigo Londoño Echeverry, jefe de las FARC, ante congresistas, diplomáticos, y demás invitados al Teatro Colón: un gobierno de transición, que incluya a todos los sectores que han trabajado por la paz, y que tenga el compromiso de garantizar la implementación de los acuerdos de paz.

Las palabras de Timoleón Jiménez, vestido de cachaco, todavía son digeridas en el Congreso, pero a los uribistas no les cayó muy bien. Creen que las FARC buscarán el poder sin ganar en las urnas, y que temen que un gobierno del Centro Democrático gane las elecciones del 2018 y reverse el contenido de los acuerdos pactados en La Habana.
La próxima semana el Congreso refrendará el acuerdo de paz. Será apenas el primer paso. Luego vendrán meses, por lo menos ocho, de implementación.

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