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| 2/5/2006 12:00:00 AM

Regaño merecido

El 'rifirrafe' con Ecuador por la violación de su espacio aéreo es un enorme escándalo en ese país, mientras en Colombia recibe tratamiento de segunda.

No es frecuente que un gobierno envíe tres notas de protesta en menos de 90 días a un país amigo. Tampoco es práctica común que un presidente se vea en la obligación de exigir disculpas públicas a una nación vecina, una y otra vez. Ese, sin embargo, es el retrato de las relaciones entre Ecuador y Colombia en los últimos años y que tuvo su más reciente manifestación la semana pasada.

El incidente motivo del disgusto diplomático ocurrió el sábado 28 de enero en plena frontera amazónica entre el departamento de Putumayo y la provincia ecuatoriana de Sucumbíos. Aviones de guerra colombianos habrían violado el espacio aéreo ecuatoriano en persecución de guerrilleros de las Farc. Se habló de desplazados, de niños asustados y de "balas que caían del cielo como si fueran granizo". Ecuador exigió explicaciones de inmediato, los medios se alborotaron y los políticos de todas las corrientes pidieron una explicación rápida de lo sucedido. Como ha sido práctica común, el gobierno del presidente Álvaro Uribe respondió con cautela. En un comunicado, el ministro de Relaciones Exteriores encargado, Camilo Reyes, pidió el martes 31 de enero esperar el resultado de una investigación de los hechos.

Esa prudencia, sin embargo, lejos de resolver el asunto, avivó la hoguera. El ministro de Defensa de Ecuador, Oswaldo Jarrín, armado con videos caseros que mostraban la incursión aérea, afirmó que la acción colombiana "era premeditada". Como le dijo a SEMANA, "es imposible que el río San Miguel, que tiene 84 kilómetros de largo y que es el límite fronterizo, no hubiera sido visto por los aviones". Ya el jueves, el mismo canciller Francisco Carrión amenazó con llamar a consultas a su embajador, ante el silencio oficial colombiano. Por fin, esa misma noche, Colombia reconoció "que pudo presentarse accidentalmente un ingreso involuntario, no premeditado, al espacio aéreo del Ecuador... el gobierno lamenta lo sucedido y señala que tomará las previsiones pertinentes".

La respuesta no satisfizo al presidente ecuatoriano, Alfredo Palacio. quien dijo el viernes que "que el país merece un pronunciamiento más defintivo". Por eso, nadie cree que el incidente sea el último capítulo de una historia que se repite en forma incesante. Todo indica que volverán las denuncias, las notas de protesta, las explicaciones dilatadas y, cuando se amerite, las disculpas. Sin embargo, este carrusel de malentendidos corre el riesgo de provocar una crisis de mayores proporciones, como quedó al descubierto con el anuncio ecuatoriano de activar su sistema de defensa aérea en la frontera, como respuesta a la incursión colombiana.

En Bogotá se opta por minimizar las reacciones ecuatorianas y atribuirlas a la debilidad del gobierno del presidente Alfredo Palacio, cuya popularidad ha caído al 14 por ciento. Tampoco se entiende cómo Ecuador niega que haya presencia activa de las Farc en ese país, cuando cada vez que ocurre uno de estos incidentes, el Ejército ecuatoriano encuentra y desmantela un campamento de la guerrilla. En Quito, mientras tanto, la demora en las respuestas colombianas sólo sirve para alimentar la percepción de que hay algo más detrás de las continuas violaciones de la frontera (van tres desde noviembre 2005). En algunos círculos se habla incluso de una conspiración colombo-estadounidense para involucrar a Ecuador en el conflicto armado. Cuando se enciende el nacionalismo, cualquier percepción puede coger vuelo, especialmente en una situación política tan volátil como la del vecino.

Por eso no es fácil encontrar una explicación convincente del porqué el gobierno colombiano dejó que este último incidente se saliera de madre.

Aunque la discreción es una característica fundamental de la diplomacia, cinco días para dar una respuesta es una eternidad, en un mundo conectado 24 horas. Queda la sensación de que al gobierno de Uribe lo tomó de sorpresa la magnitud de la crisis con Ecuador. En la política exterior, no hay nada más importante que cuidar las relaciones con los vecinos. n
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