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| 2/8/2004 12:00:00 AM

Regreso al colegio

La Fundación Ana Restrepo del Corral busca que 55 niños sin recursos retornen a las aulas. Por medio de Conexión Colombia 15 ya han sido apadrinados.

Hace un año, cuando cursaba noveno grado, Carlos Fabián López Posada se postuló como representante de su curso y perdió por un solo voto. Hoy, con 15 años, su mayor preocupación son las propuestas que está planeando para ser elegido personero de su colegio, la Fundación Ana Restrepo del Corral, y así sacarse el clavo.

Sin embargo, hace menos de dos semanas le preocupaba un problema mucho más serio. Su mamá no tenía el dinero para mantenerlo en el colegio y él se había preparado para dejar la institución, hasta que un colombiano en Estados Unidos lo apadrinó por medio de Conexión Colombia para que pueda estudiar este año y concentrarse en su campaña para personero.

Al igual que Carlos, otros 1.200 niños de escasos recursos estudian en la fundación, donde no sólo reciben una educación de alta calidad sino alimentación, material educativo y atención médica y odontológica. Ubicada en los cerros orientales de Bogotá, la fundación nació en 1970 cuando un grupo de ex alumnas del Gimnasio Femenino decidió perpetuar el sentido social de doña Ana Restrepo del Corral y su interés por hacer respetar el derecho a la educación de todos los niños. La fundación creció en predios del colegio, en Delicias del Carmen, y desde el comienzo se preocupó por ayudar a la comunidad que la rodeaba. Inicialmente, sólo ofrecía educación secundaria, pero después de unos años se fusionó con la escuela comunitaria de la zona para ofrecer un mejor servicio y elevar el nivel académico.

Hoy es autónoma. A sus instalaciones llegan alumnos que vienen de diferentes lugares de la ciudad, desde Lijacá hasta Ciudad Bolívar, y no se limita a esperar donaciones sino que busca maneras de autofinanciarse. En ese esfuerzo por conseguir recursos que le den la independencia administrativa ha desarrollado tres negocios que le permiten sostener a un importante porcentaje de sus alumnos: un servicio de organización de recepciones, una lavandería industrial y un taller de corte y confección.

El servicio de recepciones alquila todo tipo de menaje, desde cristalería hasta toldos, y la lavandería está en capacidad de atender todo tipo de clubes y restaurantes, pero de los tres, el negocio con mayor proyección e impacto social es el taller de confección. En él se cosen uniformes y delantales para colegios de la talla de Los Nogales, el Andino, y el Femenino entre otros. Se inició hace seis años gracias a la donación de un par de máquinas de coser y hoy tiene más de 10 máquinas, emplea a nueve madres comunitarias y tiene dos puntos de venta. Al frente del taller está Martha Vela, una ex alumna que se apasionó por la confección precisamente en el colegio, donde le enseñaron costura, y que regresó a la comunidad cuando sus hijos entraron a estudiar. "Se trata de devolver algo de lo que uno ha recibido, afirma Martha. Aquí le enseñan a uno a quererse y a querer lo que tiene alrededor".

Sin embargo, a pesar de esas fórmulas alternativas de financiación, 55 de esos 1.200 alumnos no tenían los recursos para continuar en el colegio. Por eso se lanzó la campaña a través de Conexión Colombia. En la última semana 15 han sido apadrinados pero hay otros 40 que todavía esperan, como Carlos, poder concentrarse en su vida escolar sin pensar en las pocas oportunidades que ofrece la calle.



Si usted está interesado en apadrinar uno de estos niños entre a www.conexióncolombia.com o comuníquese directamente con la fundación al 6145239
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