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| 9/22/2012 12:00:00 AM

Relaciones internacionales: ¿Y ahora quién podrá defendernos?

La crisis mundial y el buen momento económico que vive el país han hecho que muchos países recorten la cooperación que entregaban a Colombia. El país además estrena una nueva agencia para este tema que lidera Sandra Bessudo.

La imagen de Colombia en el exterior ha cambiado sustancialmente. Hace una década era vista como un estado al borde de ser inviable,  tan golpeado por el conflicto armado y  por la pobreza que requería de una gran dosis de  ayuda de la comunidad internacional. Hoy las noticias internacionales son otras. Colombia se pelea con Argentina la segunda  posición dentro de las economías más grandes de la región. El país entró a ser considerado como uno de los Civets, los países que prometen experimentar un gran despegue económico y se analiza su posible ingreso a la Ocde, el llamado club de los países ricos. Sin embargo, cuando los españoles decidieron quitar la financiación para construir un centro cultural en Bogotá y Estados Unidos anunció el recorte de la ayuda del Plan Colombia muchos se sorprendieron. No parecía tan obvio que ese buen momento económico significara un mal momento para muchos otros sectores. ¿Qué tan cierto es que la cooperación va a entrar en crisis?

Hay un adagio popular que dice que cuando unas son de cal, otras son de arena. Eso es lo que puede estar a punto de vivir Colombia. Durante los últimos años, el país se había convertido en una de las prioridades de la comunidad internacional con ambiciosos programas de cooperación que lograron aliviar en buena parte problemáticas sociales, en especial relacionadas con el conflicto armado. Pero desde que Colombia es considerada como un país de renta media alta, gracias al crecimiento del Producto Interno Bruto, esta perspectiva extranjera ha sufrido un viraje: mientras unas naciones ya han anunciado recortes de sus ayudas, otras han anunciado cambios en sus enfoques. 

Colombia además está estrenando una nueva entidad: la Agencia para la Cooperación Internacional, que busca alinear la estrategia para que las ayudas se enfoquen a unos mismos propósitos. Actualmente, estos recursos son en promedio 1.000 millones de dólares provenientes de 39 países. Sandra Bessudo, su directora, afirma que tiene lógica que se den algunos recortes por la crisis mundial, pero que otros países han aumentado su cooperación.
Existe una razón adicional al crecimiento económico del país que puede explicar ese giro. La crisis económica global ha hecho que ya no sea tan fácil saber quién necesita ayuda de quién. El mejor ejemplo es el de España que solía dar el 0,7 por ciento de su PIB.  Durante muchos años ese país ha sido el segundo cooperante que tiene Colombia, con aportes de más de 100 millones de euros anuales. Su situación actual colapsó esa buena intención: disminuyeron los montos en más del 70 por ciento y cortaron el apoyo a muchos países. "Colombia, por la buena relación que tiene con España y la situación de conflicto que vive, sigue siendo una prioridad", afirma Miguel González, coordinador general de Aecid, la agencia ibérica de cooperación. El diplomático acepta que sí van a existir recortes, pero que estos se van a dar suavemente. Se estima que pueden ser del orden del 40 por ciento.

Algo similar pasa con Estados Unidos, también golpeado por la crisis. Este año se conoció que el Plan Colombia iba a disminuir en 64 millones de dólares, 25 millones en recortes a la ayuda al desarrollo. El cambio es sustancial. En la época de George W. Bush el país recibía cerca de 600 millones de dólares anuales, ahora con Obama serán solamente 336 millones. Otros países que han manifestado que disminuirán sus aportes son Holanda y Japón. El primero hizo público que va a reenfocar sus ayudas en los países más pobres y que Colombia ya no clasificaría ahí. Por su parte, Yasuhiza Suzuki, consejero de la embajada nipona, cuenta que su país va a comenzar a reducirlas poco a poco y explica que cuando Colombia logre 8.000 dólares de ingreso per capita (ahora tiene 6.000) se retirarían. Las dos embajadas sostienen que eso no implica que se menoscaben las relaciones entre los dos países, sino que Colombia va a pasar de ser un país receptor de ayudas a un socio.  

Otras sedes diplomáticas, aun aquellas que afirman que no recortan ni se van, perciben igualmente el cambio de la relación. Peter Bainbridge, primer secretario de la embajada británica, sostiene que sus programas se enfocarán en cooperación técnica en infraestructura, ciencia, tecnología y crecimiento verde para que Colombia pueda ingresar a la Ocde. Y Stéphane Foin, consejero de cooperación adjunto de la delegación de Francia, asegura que su país está hoy más presente que hace 5 años porque hoy se hacen muchas cosas que antes eran imposibles por las condiciones del conflicto. "La cooperación ya no es dar dinero para hacer un colegio como en África, sino aportar en asistencia técnica para políticas públicas", sostiene. Agrega que la condición de país emergente permitió que a Colombia llegara una sede de la Agencia Francesa para el desarrollo, que tiene recursos por un millón de euros para préstamos a proyectos.

Muchos destacan que el  propio papel de Colombia en este nuevo panorama mundial se ha transformado, tanto así que pasó de ser un receptor de ayudas a un cooperante. El apoyo técnico nacional es solicitado en temas como conflicto armado, seguridad, lucha contra las drogas y atención a víctimas. Tanto que existe un programa liderado por la Cancillería y el Ministerio de Defensa que ha desarrollado acciones con éxito en México y Centroamérica, y al que han solicitado entrar dos países africanos. El país tiene siete áreas de oferta, desde el medio ambiente hasta el fortalecimiento de las Pymes. En educación, por ejemplo, los gobiernos de Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Colombia firmaron un acuerdo para crear escuelas inclusivas de la diversidad étnica. A estas modalidades se les ha llamado cooperación sur-sur porque implican la ayuda de países que están en situaciones económicas similares. Y ahora existe también la cooperación triangular, que es cuando un país desarrollado apadrina estos proyectos. Por ejemplo, Francia y Estados Unidos trabajan con Colombia un proyecto en Haití para promover allí el cultivo de café.

A pesar de este interesante panorama, que la cooperación cambie o se reduzca tiene a muchos preocupados. El principal problema es que los primeros damnificados son las causas más olvidadas y urgentes, las cuales a veces solo reciben sustento económico de la comunidad internacional. "A veces nosotros vamos a lugares donde los colombianos no van", resume Yasihisa Suzuky, consejero de la embajada de Japón.  Pocos saben el peso de la ayuda de algunos países en temas estructurales para la sociedad colombiana. España, por ejemplo, sostiene la lucha por la equidad de la mujer. Holanda la del medio ambiente, a tal nivel que instituciones enteras como Parques Naturales fueron viables por su apoyo, Suecia financia a la Defensoría del Pueblo y la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, Canadá ha promovido ambiciosos programas por los derechos de la infancia y Francia ha financiado festivales de jazz, de cine y exposiciones de artistas que de otra forma no existirían.  

También es verdad que el crecimiento económico no soluciona del todo los problemas estructurales del país, como la violación a derechos humanos y la gran desigualdad. Por esto, la presencia del resto del mundo es aún importante. En palabras de Miguel González, "si fuera por renta per cápita los cooperantes no tendríamos que estar aquí, si fuera por desigualdad quizás nos quedaríamos para siempre". Lo secunda la embajadora de Suecia, Marie Andersson, quien afirma que "todavía hay abusos en materia de derechos humanos. Tener una oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas es un indicador de que existen problemas" y que esa es la razón por la cual su país nunca ha pensado ni en cortar ni transformar sus ayudas. Bessudo lo reconoce: "Seguimos siendo un país con alta desigualdad, pobreza y desafíos en seguridad. Además creo que todo el mundo necesita ayuda de una u otra manera". Agrega que cuando se habla de que el país quiere entrar a la Ocde no se refiere al club de países ricos, sino a un club de países con buenas prácticas.

Su misión, desde la agencia, es precisamente esa. Que el flujo de recursos no pare y que la disminución no se sienta tan duro. En últimas que las causas que ellos financiaban sigan teniendo quién las soporte es clave para que la riqueza económica que llegue y la eventual paz que pueda venir con el proceso que se adelanta tenga unas bases sólidas en qué cimentarse.
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