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| 11/10/1997 12:00:00 AM

REMATADO GALAN?

Santiago Medina afirma en su libro que Luis Carlos Galán recibió un tiro de gracia en el carro que lo llevaba al hospital. SEMANA demuestra porqué esto es falso.

El libro de Santiago Medina terminó siendo noticia, pero no por donde todo el mundo esperaba: por la plata del cartel de Cali. Acabó llamando más la atención una revelación desconocida: la afirmación de que Luis Carlos Galán no fue asesinado en la tarima en Soacha sino simplemente herido. En la pagina 47 del libro Medina señala, como quien no quiere la cosa, que "de acuerdo con otras versiones que conocí en La Modelo y que complementan la de Popeye, Galán fue rematado dentro del vehículo con un disparo de revólver en el estómago". Toda la prensa le dio despliegue a la noticia y ésta llegó a adquirir cierta credibilidad. Medina ponía de presente tres elementos sospechosos. En primer lugar, que un mes antes del asesinato de Galán su jefe de escolta había sido relevado de su cargo sin explicación justificada. En segundo lugar, que a Patricio Samper, uno de los hombres más cercanos a Galán, no le fue permitido acompañar al candidato herido en el carro en el momento del drama. Y por último, según Medina, existe una coincidencia que despierta suspicacias. El reemplazo del jefe de escolta de Galán fue el sargento retirado Jacobo Torregroza Melo. Medina asegura que después del magnicidio el jefe de escoltas desapareció hasta acabar trabajando en la seguridad de Pablo Escobar en La Catedral. A primera vista las tres coincidencias dan para una novela de suspenso. Sin embargo, examinadas de cerca, tienen muchos vacíos. Existen múltiples elementos que demuestran en forma contundente lo contrario de lo que afirma en su libro el ex tesorero de Ernesto Samper. En primer lugar, cuando fue cambiada la escolta de Galán no fue el único candidato presidencial que fue objeto de este tratamiento. El nuevo jefe de escoltas, Torregroza, no era muy popular dentro del DAS y el relevo llegó a ser mal recibido dentro de un sector de la entidad. Sin embargo, con frecuencia estos nombramientos obedecen más a factores de rosca que de conspiración. El jefe del DAS en ese momento era el general Miguel Alfredo Maza Márquez, quien puede ser acusado de todo menos de haber sido un aliado de Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha. Escobar le puso a Maza la bomba del DAS, donde murieron cerca de 70 personas, y otra bomba en la carrera séptima, donde murieron más de 10. Esos antecedentes no permiten ni siquiera especular sobre una complicidad de Maza en el atentado a Galán. En lo que se refiere al forcejeo que tuvo Patricio Samper con los escoltas por no dejarlo entrar al carro, en el mundo de la seguridad esa es la medida que se debe tomar en esas circunstancias. Con un candidato herido no hay tiempo para establecer quién es amigo o enemigo. Además Galán no era el único herido que estaba en el vehículo. El escolta Santiago Cuervo, que iba con Galán en el automóvil, murió tres días después. El escolta Pedro Nel Angulo tenía un disparo en la rodilla y sobrevivió. Con un chofer y tres heridos no hay cupo para nadie más. En cuanto a la afirmación que hace Medina de que Torregroza había terminado trabajando en La Catedral, esto simplemente no ocurrió. Se trata de un error factual de Medina. Sin embargo Torregroza dejaba mucho que desear y efectivamente desapareció desde esas épocas. A la familia Galán no le gustó desde un inicio y menos cuando comenzó areemplazar escoltas de confianza del candidato. No obstante la propia familia del líder asesinado reconoce que los cambios que se llevaron a cabo fueron indirectamente iniciados por el propio Galán. Este los veía demasiado confiados, como sucede con cualquier escolta cuando entran en una etapa de rutina. Galán les tenía afecto y confianza, pero consciente de los riesgos que pesaban sobre su vida sugirió que los reentrenaran para que se pusieran las pilas. Por cuenta de esta sugerencia fue que llegó Torregroza, quien resultó no ser particularmente calificado para esa misión. Independientemente de los tres puntos anteriores, lo que define el asunto en forma categórica son otros aspectos. En primer lugar, Rafael Rincón, el hombre que conducía el vehículo en el cual llevaban herido a Galán, era un empleado de su familia de tiempo atrás y no del DAS. Había sido conductor de su cuñado, Alberto Villamizar, a quien había salvado heroicamente de un atentado que le había montado Pablo Escobar años antes. Al estar por fuera de toda sospecha el chofer, se requeriría que alguien hubiera rematado a Galán en la parte posterior del vehículo sin que el conductor se hubiera dado cuenta. Rincón, interrogado por SEMANA, afirmó: "Yo llevo años oyendo estos cuentos y todavía no entiendo cómo se los cree la gente". En el carro, además de su jefe, iban dos escoltas heridos. Recuerda que Galán se quejaba del dolor inicialmente y súbitamente se silenció. En ese momento el escolta Santiago Cuervo, quien también estaba herido, comenzó a gritar histéricamente "se murió el doctor Galán. No tiene pulso". Cuervo fue el que murió tres días después como consecuencia de las heridas que recibió en la tarima protegiendo al candidato. Ni Rincón ni el escolta que sobrevivió la herida en la rodilla le han otorgado la menor veracidad a la teoría del remate en el carro. Santiago Medina también anota en su libro que a Galán le cambiaron el chaleco antibalas por uno más corto horas antes del atentado. Todos los expertos consultados por SEMANA señalaron que no hay chalecos antibalas largos o cortos. Igualmente, que ninguno cubre del ombligo para abajo y que es perfectamente lógico que disminuya el nivel de protección en los segundos en los que el candidato levanta los brazos. El dato más contundente, sin embargo, es el de balística. Si Galán hubiera sido rematado en el automóvil tendría que haber una bala de un origen diferente a las disparadas por la ametralladora mini Atlanta durante la manifestación. Ni la autopsia ni el informe de balística han indicado la menor evidencia de una bala diferente. Al igual de lo que le sucedió en la indagatoria, Medina incurre en errores que debilitan el grueso de su historia. El libro tiene muchas inexactitudes, pero sin duda alguna la más grande de todas es la del balazo en el automóvil.
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