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| 8/27/2001 12:00:00 AM

Resistencia civil

Con un coraje ejemplar para el país las comunidades indígenas del Cauca defienden su dignidad frente a la agresión armada de las Farc.

Para Ulrich Küenzel, director de proyectos en el Cauca de la Agencia de Cooperación Alemana para el Desarrollo (GTZ por sus siglas en alemán), el miércoles 18 de julio era una fecha especial. Ese día realizaría un recorrido de evaluación, junto con su hermano Thomas y Rainer Bruchmann, un amigo de la familia, quienes se encontraban visitándolo, por las diferentes zonas donde la GTZ tiene proyectos de cooperación con las comunidades caucanas.

El recorrido comenzaba en Santander de Quilichao, pasaba luego por Tunía y terminaba en Silvia, donde visitarían el proyecto Madener. Este es un plan que se puso en marcha hace dos años con el propósito de integrar a los ladrilleros y ceramistas del resguardo de Quizgó a la cadena productiva y activar el mercadeo de sus productos. Acostumbrado como estaba a realizar estos recorridos y conocedor de los peligros de la zona, lo que menos esperaba Küenzel es que lo secuestraran en Silvia, pues de los municipios que visitaría ese día éste es el más tranquilo y el que tiene menos problemas de seguridad.

“Primero venía el carro con las esposas de los alemanes, que alcanzó a entrar en la ladrillera, pero la Ford Explorer en la que venían los de la GTZ, con Luis Alfonso Oliva, gerente de Corpotunía, no pudo entrar. Cuando estaban como a 30 metros los cerró violentamente una Toyota, de la que se bajaron seis hombres uniformados y con fusiles. Nosotros alcanzamos a correr hacia donde los habían parado pero los uniformados nos apuntaron y gritaron que no nos metiéramos. Luego vimos cómo bajaban al gerente de Corpotunía, después arrancaron llevándose las dos camionetas”, le contó a SEMANA Efraín Muelas, uno de los 20 habitantes de Silvia que se quedó con las ganas de entrevistarse con los representantes alemanes.

Muelas se lamenta de lo ocurrido porque “es que desde hace dos años que ellos vinieron por primera vez a Silvia es mucho lo que nosotros hemos aprendido y es grande la felicidad de que a uno lo apoye alguien en el trabajo de toda la vida”. La Agencia de Cooperación Alemana para el Desarrollo es una institución que desde 1965 apoya programas de cooperación técnica en Colombia. A los departamentos del Cauca y Nariño ingresó hace más de cinco años para impulsar proyectos de desarrollo rural y artesanal. La agencia tiene focalizado su trabajo en dos zonas del departamento: la Bota Caucana, más exactamente el municipio de Piemonte, y la cuenca del Alto Patía. En estas regiones la entidad ha financiado proyectos que en total suman 600 millones de dólares.

Como los caucanos, y en particular los indígenas, reconocen el valor y la importancia del trabajo de estos colaboradores internacionales, se levantaron como un solo hombre para rescatarlos. “La solidaridad del departamento, y en especial de los pueblos indígenas, con los técnicos alemanes secuestrados ha sido permanente. Desde el jueves en la tarde estamos recorriendo cada rincón de esta zona para dar con el paradero de los secuestrados”, dijo el gobernador Floro Tunubalá.

La embajada alemana ha sido muy cauta en sus declaraciones respecto a lo ocurrido pero ha sido clara al exigir la liberación incondicional e inmediata de sus ciudadanos. La semana pasada Geor Boomgarden, embajador especial del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán y coordinador para Asuntos Latinoamericanos del mismo, regresó a Alemania después de haberse encargado personalmente del tema.



¿A que juegan las Farc?

En un comienzo ningún grupo armado se adjudicó el secuestro. Sin embargo para los líderes de los cabildos indígenas de la zona oriental del Cauca, repartidos en los municipios de Silvia, Totoró y Piendamó, los responsables del hecho no podían ser otros que guerrilleros de las Farc. Por eso en un comunicado le exigieron a este grupo la pronta liberación de los tres alemanes.

Ante el silencio que obtuvieron por respuesta Segundo Tombé, alcalde de Silvia, los gobernadores de tres resguardos indígenas, el director de Corpotunía y funcionarios de la Defensoría del Pueblo del Cauca formaron una comisión humanitaria y se trasladaron hasta el páramo de Mosoco. Sabían que allí estaba uno de los campamentos guerrilleros. “La primera vez que llegamos nos contestaron que ellos no sabían del secuestro y que averiguarían. La segunda vez que subimos el comandante del campamento fue terminante al decir que ellos no los tenían y nos amenazó que si continuábamos molestando nos declaraba objetivo militar, sin embargo subimos una tercera vez pero habían abandonado el campamento”, manifestó Tombé.

Esta huida sólo sirvió para reafirmar las sospechas que ya tenían las autoridades regionales. “Hemos cruzado varios comunicados con el frente Jacobo Arenas de las Farc, el grupo subversivo que tiene mayor presencia en toda la región, y ellos ni nos descartaron ni nos aceptaron el secuestro, por eso, en mi opinión, el que calla otorga”, dijo Tunubalá. Este silencio sólo complicó las cosas pues los indígenas sintieron que las Farc habían irrespetado la autonomía que ellos habían manifestado en el denominado Documento de Jambaló. En consecuencia, la nasa yup, la guardia indígena, incrementó sus operaciones de búsqueda de los secuestrados. La nasa yup está conformada por 7.000 hombres, los cuales recorren por parejas o en grupos de hasta 10 el territorio de los resguardos para tratar de dar con el paradero de los alemanes. Estos guardias cívicos están desarmados y sólo llevan consigo un bastón o vara, el símbolo de autoridad de su pueblo. Su fortaleza reside en la convicción que manifiestan en sus creencias, en su extraordinaria capacidad de organización y en el conocimiento que tienen del territorio, lo cual les permite rastrear con facilidad los movimientos de las Farc.

Las razones que llevaron al grupo subversivo a secuestrar a los tres alemanes son un misterio. En el Cauca hay quienes piensan que con estos extranjeros en sus manos los guerrilleros buscan presionar al gobierno para que detenga las fumigaciones a los cultivos de amapola en el departamento. De ser cierto esto existen dos posibilidades. Que la medida haya sido ordenada desde el Caguán como parte de su lucha contra el Plan Colombia o que la haya tomado en forma autónoma el frente Jacobo Arenas para frenar la erradicación que pone en peligro sus finanzas. En la región donde tuvieron lugar los hechos se rumora que el secuestro fue una acción ordenada por el comandante del frente, quien ahora tiene que responder ante su estado mayor por las consecuencias adversas que esta situación generó.

También es posible que las Farc se hayan llevado a los alemanes para presionar a los 200.000 indígenas que viven en los 91 cabildos del Cauca. Las relaciones entre el Comité Regional Indígena del Cauca (Cric), la entidad que los agrupa, y la guerrilla son bastante tensas desde marzo de 1999, cuando las autoridades indígenas firmaron el Documento de Jambaló.

Esta es una especie de carta de navegación y proyecto de vida de los pueblos autóctonos de ese departamento, en el que deciden con firmeza: “No aceptar grupos armados en nuestro proyecto político, ya que nuestra lucha es por una vida digna, en procura de ser mejores y aportar a la sociedad. Rechazar la intervención de grupos armados en nuestros territorios, pues entorpecen y aumentan los problemas de la comunidad”.

Este deslinde de propósitos no lo entienden las Farc y tampoco les sirve a sus propósitos. Eso lo dejaron claro de dos maneras. Primero con un comunicado emitido en mayo en el que afirmaban: “Pero tampoco pertenecer a las minorías es patente para actuar en contra de los intereses populares”. Luego en junio con el asesinato del líder indígena Cristóbal Secue, ex presidente del Cric.

La respuesta de las comunidades indígenas a las metralletas de las Farc es un ejemplo para la sociedad colombiana. Es impresionante ver que uno de los grupos más vulnerables y marginados del país demuestre mayor coraje a la hora de resistir a los violentos y de hacer valer su trabajo y su libertad que muchos otros grupos con mayor poder y capacidad de movilización. Su reacción colectiva y solidaria frente al secuestro de los tres alemanes es diciente. ¿Qué pasaría en Colombia si tras cada secuestro decenas de ciudadanos se armaran de bastones de dignidad y salieran a rescatar a los secuestrados?

Con este último incidente las Farc siguen dando palos de ciego en el terreno político. Primero, porque insisten en saber más lo que el pueblo necesita que el propio pueblo y atacan a las personas que verdaderamente están ayudando al desarrollo social del pueblo. Segundo, porque siguen en el camino de ofender a la comunidad internacional —y sobre todo la europea—. Atacar ahora la cooperación de Alemania, uno de los países más críticos de la fumigación aérea, es abiertamente contradictorio a las posturas que las Farc dicen defender, y más grave aún, es un hecho más que pone en riesgo el apoyo de la comunidad internacional al proceso de paz colombiano, quizás el único logro de la negociación emprendida por el gobierno de Andrés Pastrana.
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