Domingo, 22 de enero de 2017

| 2006/02/12 00:00

Retrato de una era

'Osuna 84-05', editado por Aguilar y 'El Espectador', recrea 21 años de historia reciente de Colombia a través de las caricaturas de Héctor Osuna.

Retrato de una era

En 1959 Héctor Osuna comenzó a publicar sus caricaturas en el diario El Siglo, de Bogotá, y desde entonces ha logrado plasmar como pocos la historia del país a través de sus viñetas y retratos. En el diario El Espectador principalmente, lo mismo que en SEMANA durante tres años, ha dado muestras de su gran capacidad para sintetizar con un dibujo lo que un columnista argumenta en una página de texto. En muchas de sus caricaturas Osuna se muestra como un maestro para asociar en una sola viñeta dos o más hechos que a primera vista no tienen ninguna relación y que dan como resultado la risa o, aun más importante, ponen a reflexionar al lector. Porque, hay que decirlo, Osuna y los otros buenos caricaturistas no siempre buscan provocar la risa. Muchas veces prefieren poner a pensar, provocar rabia, hacer que los lectores reaccionen indignados ante un atropello. Osuna 84-05 es prueba de ello. Álvaro Montoya, también humorista y quien se encargó de seleccionar las viñetas y escribir los comentarios que las ponen en su contexto, escogió varios homenajes y conmemoraciones que hizo Osuna a hechos de la historia reciente y no tan reciente del país en los que Osuna no tenía ninguna intención de provocar una sonrisa sino, por el contrario, sentar una posición. Este libro es un rápido repaso del holocausto del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, los magnicidios durante el gobierno de Barco, el kínder de Palacio, La Catedral y el apagón de la era Gaviria, el proceso 8.000 y la preclusión, el proceso de paz de Andrés Pastrana y los tres primeros años de Álvaro Uribe. Pero el volumen muestra no sólo al caricaturista, sino también al retratista, un arte que Osuna maneja con gran maestría. Osuna ha creado a lo largo de su carrera diversos personajes recurrentes y alegóricos que identifican distintas épocas y de los que se vale para hacer comentarios alusivos a un hecho en particular. En este tomo se rememoran esporádicamente los caballos de las caballerizas de Cantón Norte, en Bogotá, donde se denunciaron torturas durante la administración de Julio César Turbay, así como a Lara, la mascota dálmata del presidente Alfonso López Michelsen. Sor Palacio, personaje creado a partir de una pintura que Fernando Botero le donó a Belisario Betancur, y el elefante, símbolo de los dineros que entraron a la campaña 'Samper presidente', son los más contundentes. También se vale de Lilín, un hijo ficticio, para plasmar sus puntos de vista personales. Con Osuna sucede lo mismo que con un puñado de grandes caricaturistas. Sus antologías son mucho más que libros que recopilan apuntes jocosos. Son documentos de gran importancia para los historiadores, pues logran plasmar no sólo los sucesos, sino también el espíritu de una época. Así como las caricaturas de Ricardo Rendón son un retrato muy certero del final de la Hegemonía Conservadora, la obra de Osuna se constituye hoy en día en un documento muy valioso para entender la crisis moral que azota a Colombia desde finales de los años 70, y el exceso de violencia que ha caracterizado al último medio siglo de historia del país.

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