Lunes, 16 de enero de 2017

| 2004/09/24 00:00

Revelaciones explosivas

SEMANA divulga unos casetes en los que por primera vez se muestra cómo el gobierno negocia con las autodefensas y revela cómo la mafia se está adueñando del paramilitarismo en Colombia. La negociación secreta finalmente sale al aire.

Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz

El presidente Álvaro Uribe ofrece a las autodefensas usar la facultad discrecional para evitar la extradición y que sean juzgados por la Corte Penal Internacional (CPI). Estos son sólo dos de los temas abordados en la última reunión entre el gobierno y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en la que Salvatore Mancuso decidió marginarse de la negociación del proceso de paz.

Como los demás comandantes paramilitares han depositado su confianza en Mancuso, y además él ejerce ante el gobierno de interlocutor oficial de los diferentes grupos de autodefensas, no es exagerado afirmar que el proceso está en su punto más crítico desde que arrancó oficialmente el pasado primero de julio.

Esta serie de hechos son revelados en exclusiva por SEMANA, que tuvo acceso a 10 horas de grabación de la negociación hasta ahora secreta. En éstas quedan en evidencia además los graves problemas por las deserciones de mandos medios y combatientes rasos y la creciente infiltración de la mafia de la droga en todas las estructuras de los paramilitares.

La penetración por los tentáculos del narcotráfico ha llegado al extremo de que los propios comandantes 'paras' ahora se alarman por esta situación. "Tenemos muchas disidencias", le reconocieron a Restrepo varios de ellos para informarle que "varios de sus hombres se salieron del control" y que "los narcotraficantes se están aprovechando de esa situación". Para los paramilitares, según las grabaciones en poder de esta revista, "hay varios bloques con notables disidencias". Según ellos, el estar encerrados en la Zona de Ubicación, la "lejanía" y "la falta de contacto" con sus hombres hace que se presenten este tipo de situaciones.

Por si todo esto fuera poco, SEMANA conoció la reciente metamorfosis de Diego León Montoya, alias 'Don Diego', uno de los 10 hombres más buscados por el FBI, quien hasta hace un tiempo era conocido por ser el jefe del cartel del norte del Valle del Cauca y ahora compró el bloque paramilitar 'Héroes de Rionegro' con el objetivo de entrar a negociar con el gobierno (ver recuadro).

El laberinto del proceso

Las jornadas de discusión reflejan el grado de dificultad que atraviesa la máxima apuesta de paz de la administración Uribe. En la última reunión a la que asistió Mancuso, Restrepo llegó hasta un punto conocido como el '6' en la Zona de Ubicación, en Santa Fe de Ralito, al que se entra por una carretera angosta, amarillenta, que serpentea entre las espléndidas llanuras cordobesas. Ese día el Comisionado había convocado a una reunión con los principales miembros del Estado Mayor negociador de las autodefensas. En el lugar lo estaban esperando Salvatore Mancuso, 'Adolfo Paz', 'Jorge 40', Miguel Arroyave y Ernesto Báez.

Mancuso le contó al Comisionado que en la mayoría de los bloques se estaban presentando disidencias de algunos mandos medios que estaban "armando rancho aparte" y que podían caer en manos de narcotraficantes. Y fue más allá al aceptar que dentro del propio Bloque Norte, que él comanda y que extiende sus dominios en toda la Costa Caribe, ya se había presentado incluso un caso de un comandante que llevaba varios años en las filas paramilitares y que terminó armando una disidencia con un grupo de hombres para trabajar al servicio de un capo. "Imagínese, si me pasa eso a mí, que los que tengo aquí a la vuelta de la oreja", dijo Mancuso.

Miguel Arroyave tomó la palabra y le dijo al Comisionado que dentro de su propio bloque que comanda en los Llanos se estaban presentando ese tipo de situaciones, en gran medida porque desde hacía mucho tiempo no podía visitar sus tropas. A Arroyave se le concedió el permiso para salir de la Zona de Ubicación. Partió un par de días después de la reunión en Ralito y encontró la muerte bajo las balas de una disidencia de sus propios hombres que cayó en manos de narcotraficantes (ver recuadro).

Si bien el tema de capos de la droga vinculados con los paramilitares no es nuevo, e incluso ya ha salido a la luz pública la presencia de varios de ellos en la mesa, lo que resulta novedoso es que los tentáculos de ese matrimonio con el narcotráfico se han devuelto como un bumerán para los considerados 'paramilitares puros' y se han convertido en un cáncer que los está devorando por dentro.

Mancuso, 'Jorge 40' y los demás comandantes que estaban con Restrepo hicieron énfasis en ese punto durante la reunión. Le dijeron al Comisionado que era necesario que los dejaran reaccionar y tomar las medidas del caso frente al tema de las disidencias de comandantes. Él y los demás le afirmaron que no sabían realmente cuántos comandantes podían estar en rebeldía, lo que tendría unas consecuencias demoledoras para el proceso, que de por sí a esas alturas ya es visto con bastante desconfianza por muchos colombianos.

La charla, que a esas alturas ya había adquirido ribetes de pugnacidad verbal, continuó su curso. La cúpula de los 'paras' le insistió al Comisionado que debido a la imposibilidad de los comandantes de informarles nada concreto sobre el futuro del proceso a sus hombres, había inconformismo e incertidumbre en las tropas, los cuales estaban siendo capitalizados por narcotraficantes que ponían millones de dólares sobre la mesa para conformar sus ejércitos privados. Es decir que mientras el país asiste a una negociación entre dos partes, subterráneamente están germinando cientos de nuevos hombres armados al servicio de capos del narcotráfico o de sus propios intereses individuales "Hay un bloque del cual ya hay una disidencia de 25 hombres. La lejanía con ellos hace que se presenten este tipo de situaciones", explicó en la reunión 'Adolfo Paz' o 'Don Berna'.

La situación para Restrepo era muy difícil porque ahora quienes se quejaban eran nada más ni nada menos que algunos señalados de ser narcotraficantes, varios de ellos incluso pedidos en extradición por Estados Unidos. El propio Arroyave había sido calificado de ser 'el rey de los insumos' por el entonces director de la Policía Rosso José Serrano, en el momento de su captura hace cinco años. (Ver última entrevista de Arroyave). "Varios de ustedes tienen serios problemas judiciales y algunos están pedidos en extradición", les recordó en tono enérgico el Comisionado. En efecto, Diego Fernando Murillo Bejarano, alias 'Adolfo Paz' o 'Don Berna', comandante del Bloque Cacique Nutibara; Guillermo Pérez Alzate, alias 'Pablo Sevillano', comandante del Bloque Libertadores del Sur, y Víctor Mejía Múnera, alias 'Pablo Mejía', comandante del Bloque Vencedores de Arauca, están pedidos en extradición. Todos por narcotráfico y lavado de activos.

Más ejemplos

Y es que el tema de la extradición, en particular, y el jurídico, en general, se han convertido en una espada de Damocles en este proceso, tal como se refleja en las grabaciones. En una de las jornadas que están consignadas en los casetes a los que tuvo acceso SEMANA, las partes dedican tres de las cinco horas a pedirle a Restrepo una definición sobre las garantías jurídicas para seguir adelante.

Los voceros de las autodefensas reclaman un documento escrito que les señale la ruta. En este punto, Restrepo se indigna porque considera que los paras lo que están haciendo es dilatar el proceso. Y les recuerda que el presidente Uribe se ha comprometido con ellos, a través de Restrepo, a informarles que cuenten con que él usará la facultad discrecional para no extraditarlos. Para los paras, eso no es suficiente porque le aclaran que aunque confían en la "palabra del Presidente", éste "tendrá una discrecionalidad que va a durar lo que dure Uribe en el gobierno". "Y, después ¿qué va a pasar?", preguntó Mancuso. "Nuestra incertidumbre es creer en la palabra nada más de un hombre", detalla 'Jorge 40'. Restrepo les explica que el presidente Uribe no puede ir más allá. Además les recuerda que de cualquier manera sus procesos judiciales van a seguir en Estados Unidos. Sin embargo hace énfasis en despejarles uno de los temores de los paramilitares que es la Corte Penal Internacional. "Esta no es un peligro. El gobierno ofreció un proyecto de ley que bloquea la acción de la Corte Penal Internacional", les aclara el Comisionado. Por su parte, Restrepo les exige jugar limpio porque a su juicio éstos no lo están haciendo, tal como lo demuestra la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en Medellín, que se realizó el año pasado con la entrega de 845 hombres. "En el proceso de Medellín nos revolvieron delincuentes callejeros 48 horas antes y nos los metieron en el paquete de desmovilizados", les dice. El Comisionado les exige que los que tienen que dar pasos hacia delante son los paras. Por ejemplo, la desmovilización.

Entonces Mancuso le ofrece que él está dispuesto a desmovilizarse ya con Ernesto Báez y el Bloque Catatumbo "para empezar a hacer política". "A mí no me metan cuentos", les replica Restrepo, quien les dice que este gobierno no va a permitir desmovilizaciones a medias y menos a la mitad de un grupo que hace política mientras los otros continúan con las armas en la mano.

Horas calientes

Por si fuera poco, el ambiente tirante entre las partes que queda en evidencia con las grabaciones sacadas a la luz por SEMANA, cuatro días después de esta conversación fue asesinado Miguel Arroyave. Este homicidio produjo más desconcierto e indignación entre todos los comandantes concentrados en Ralito. A la decisión de Mancuso de retirarse de la mesa, entre lunes y martes de la semana pasada, se sumó el 70 por ciento de los jefes paras. Entre ellos había consenso de que lo mejor era levantarse.

Por eso, el miércoles de la semana pasada Restrepo convocó a una nueva reunión a los comandantes. Aunque muchos pensaron en no asistir como una forma de protesta y de dejar en evidencia el malestar con el gobierno, finalmente acudieron a la cita una docena de comandantes. El gran ausente fue Salvatore Mancuso. Durante las cuatro horas que duró esa reunión, Restrepo soportó los reclamos de los paras por lo que había ocurrido con Arroyave. En el encuentro, Restrepo recibió una carta que le envió Mancuso en la que decía que no iba a asistir a esa reunión y no estaría, por ahora, en ninguna otra porque estaba en un momento de reflexión porque lo que había visto del Comisionado era una actitud "cerrada", "hostil" e "irrespetuosa". Mancuso le envió copia de la misiva al propio presidente Álvaro Uribe. Durante las horas que duró esa reunión los comandantes allí presentes le dijeron a Restrepo que era necesario contar con Mancuso, ya que lo consideraban su vocero natural, y una negociación sin él era prácticamente inviable. "Así el proceso está acabado", le dijo uno de ellos. El Comisionado volvió a ser vertical, tal como lo había hecho en las citas anteriores. Y es que en las grabaciones, Restrepo actúa seguro y no se deja acorralar en ningún momento. Eso se nota en uno de los encuentros en que la discusión es tan acolarada que el Comisionado golpea la mesa con fuerza. El café y el agua que estaban servidos van a dar al piso.

Además de la tensión por las posiciones diametralmente opuestas, Restrepo les recordó que el tiempo juega en contra. Y les dijo que tienen plazo hasta este 20 de octubre para que definan si se van a desmovilizar o no, porque si no ejecuta el presupuesto, el ministerio de Hacienda lo quita. "El año pasado prorrogamos la desmovilización de 3.500 hombres y ese dinero se perdió", les recuerda el comisionado.

La sombra de los narcos

El tema de fondo es el inmenso poder de las mafias de la droga que quieren sacar provecho de una negociación de paz con los paramilitares. Y es que lo que se ha discutido en la mesa en varias oportunidades toca un asunto que no sólo complica la negociación sino que plantea una de las problemáticas más complejas y preocupantes que se avecinan en Colombia: el apoderamiento del paramilitarismo por el narcotráfico. La transformación de una serie de capos en paramilitares es sólo el retrato de un fenómeno de los barones de la droga que está fortaleciéndose gracias a la captura de estructura militar y el control territorial que han logrado los paramilitares. Lo que se está empezando a ver en la organización criminal de la droga es un desplazamiento de los pequeños carteles que operaban en los centros urbanos a cuarteles militares en zonas rurales para manejar su negocio de manera más segura.

De esta situación se fortalecen todos los eslabones del narcotráfico. Por un lado, los capos pasan de las ciudades, donde son mucho más vulnerables frente a la inteligencia de las autoridades, a zonas rurales de difícil acceso. En segundo lugar, pasan de tener un brazo sicarial a una estructura militar con cierta unidad de mando y sofisticadas ramificaciones en las ciudades para ajustes de cuentas, como ocurre con el Bloque Cacique Nutibara en Medellín y el Frente Capital en Bogotá. En tercer lugar logran un control territorial que les permite proteger los corredores estratégicos y las rutas de embarque de la droga. Eso sin duda facilita el proceso de comercialización.

Esta acelerada narcotización de los paras -o paramilitarización del narcotráfico- también tiene efectos perversos para el futuro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Por un lado, como quedó en evidencia en la mesa de negociación, se está produciendo un resquebrajamiento de la estructura militar, en la cual la disidencia de frentes de hombres fuertemente armados terminan al servicio de capos de la droga. Estas ruedas sueltas pueden llevar a una atomización de las AUC que puede herir de muerte aún más el proceso de negociación y complicar la lucha del Estado contra el narcotráfico. Y por otro lado están los capos de la droga que son perseguidos por la justicia colombiana y los gringos y que ven en el proyecto antiinsurgente del paramilitarismo la posibilidad de adquirir un estatus político al comprar un número de hombres y vestirse de camuflado.

Frente a esta realidad es difícil mirar con optimismo lo que sucede en Santa Fe de Ralito. Sobre todo si a lo anterior se le suma que varios de los jefes paramilitares que están sentados en la mesa son solicitados en extradición por Estados Unidos como el propio Mancuso, Adolfo Paz y recientemente Juan Carlos Sierra. Frente a este tema del narcotráfico el Departamento de Estado de Estados Unidos ha sido enfático en señalar que no va a permitir que esta negociación sea una gigantesca operación de lavado de dinero ni un medio para que los capos y sus carteles laven tranquilamente su pasado.

Aunque el gobierno colombiano tiene que hacer todos los esfuerzos posibles en medio de estas dificultades para sacar hombres a la guerra y lograr una negociación productiva para el país, hay intereses demasiado poderosos detrás de la lógica del conflicto armado colombiano. Y el narcotráfico ha demostrado ser sin duda el actor que tiene el bíceps más fuerte.





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