Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/15/2015 6:00:00 PM

Revive la polémica del Teatro Colón

Emilio Sanmiguel, crítico musical y arquitecto especialista en teatros, habló de sus reparos a este proyecto. Esta es su versión de la historia.

En los últimos días se ha revivido la polémica del Teatro Colón, uno de los patrimonios culturales emblemáticos del país.

La obra del teatro ha sido una de las más ambiciosas sobre un bien que fue construido hace 122 años. El proyecto se inició en el 2007 y tomó más de seis años en llevarse a cabo. Y aunque en este momento está abierto al público y operando, hay quienes dicen que detrás de eso hay varios problemas por resolver y que realmente la obra aún no ha terminado.

¿Culminó con éxito? ¿Hubo sobrecostos? Emilio Sanmiguel, profesor de arquitectura de la Universidad Javeriana especialista en restauración, da su versión de esta larga controversia que involucra una de las joyas arquitectónicas del país.

Semana.com: ¿Cuál es su versión de la historia de la restauración y la remodelación del Teatro Colón?

Emilio Sanmiguel:
El asunto de la remodelación-restauración es muy sencillo, aunque tiene varios ángulos, justamente por tratarse de un trabajo que tiene dos facetas, técnicamente muy diferentes. Aunque los dos casos coinciden en el hecho de no haber previsto de una manera profesional el tema, en el sentido de que las decisiones se han ido tomando sobre la marcha, desde el año 2007, por dos razones, la primera: no haber contado con un equipo profesional idóneo, es decir, un grupo de profesionales conocedores del complejo tema de la arquitectura teatral, y la segunda, carecer de planos serios de los trabajos que se iban a adelantar. Esto implicó la situación ya ampliamente conocida de los costos, aparentemente exorbitantes, y decisiones, a mi juicio, tomadas a la ligera o de manera poco objetiva.

Semana.com: Pero, puntualmente (en términos arquitectónicos), ¿qué le critica al proyecto?

E. S.:
Resulta censurable la toma de decisiones equivocadas o innecesarias. Innecesaria, por ejemplo, la inversión millonaria en la luneta, con el fin de optimizar –argumenta el Ministerio– la visual de la misma, cuando justamente era el lugar con mejores condiciones de visibilidad. Innecesaria la intervención de la fachada con la instalación de una nueva escalera de acceso al vestíbulo, porque se modificó la proporción original del mismo (una menor altura) y se afectó la fachada original de manera poco afortunada. Tampoco parece ser una buena decisión haber hecho obras de restauración de la estructura en madera que sostiene la cubierta del edificio, dado que la misma no posee ninguna característica amerite tal inversión, amén de que la misma ni siquiera está a la vista. ¿No habría sido más consecuente, tal como ocurre con otros teatros de características similares en el mundo entero, haberla reemplazado por una estructura metálica, por ejemplo?

Semana.com: ¿Algo más?

E. S.:
Sí, por ejemplo la eliminación de los decorados de los palcos (la cortinería original) y el reemplazo de los materiales de los pasamanos, argumentando razones acústicas. Esa no es una decisión afortunada, como no lo fue el retiro de la silletería de madera y metal para reemplazarla por una anodina silletería de sala de cine de centro comercial o el reemplazo del candelabro central para instalar de nuevo la modestísima luminaria original, cuando de sobra se sabe que si el teatro no tuvo en el momento de la inauguración en 1892 un candelabro digno de su arquitectura, fue por razones presupuestales. Para mí es obvio que el candelabro de cristal se retiró por sus connotaciones políticas: fue instalado por iniciativa de Laureano Gómez.

Semana.com: ¿Usted sabe cuál fue el presupuesto para la restauración y la remodelación del Teatro Colón y cuánto se invirtió efectivamente?

E. S.:
Desconozco las cifras de los costos. Me atrevo a creer que el mismo Ministerio las desconoce por la sencilla razón de ocho años después de la teórica iniciación de los trabajos, estos aún no se han concluido, y dada la ya conocida falta de previsión y seriedad estatal en materia de presupuestos, no hay que ser ningún genio para imaginar lo que ocurrirá en el futuro.

Semana.com: ¿Cómo fue eso de que le vetaron su ingreso al Teatro?

E. S.:
Los vetos y censuras a los críticos en el país no son asunto nuevo. Con un par de excepciones, puedo decir que a lo largo de más de 35 años de ejercicio de la crítica, la he vivido por parte de la mayoría de las instituciones culturales del país. Considero que es el precio que hay que pagar para salvaguardar la independencia, algo que no pueden argumentar algunos de mis colegas. Para darle un ejemplo: estoy vetado por la Ópera de Colombia desde el año 1997, es decir que ya pronto podré conmemorar 20 años de semejante deferencia.

Con el caso del Colón, recibí una invitación para la inauguración de julio del 2014, que no pude aceptar por no encontrarme en Bogotá: desde ese momento hasta hoy no he sido convocado para absolutamente ninguno de los eventos que allí se vienen programando desde esa fecha. Para mí es obvio que las dos amplias investigaciones adelantadas para la sección cultural de Semana, que levantaron verdadero revuelo en el mundo cultural (Ver: El Colón, en aprietos), son las causantes de dicho veto, como también me parece “entendible” que el ministerio niegue haberme extendido dicho veto. Le confieso que esos asuntos, por experiencia, no me quitan el sueño.

Semana.com: Pero ¿realmente no le molesta esto? ¿De dónde cree que está el problema entonces?

E. S.: Pues lo que encuentro desagradable, permítame decirlo, es el peligro de que se personalice la polémica. En todo sentido. En primer lugar, la cadena de equivocaciones se remonta a la época de la ministra Paula Marcela Moreno y no fue convenientemente enfrentada por la ministra Garcés, quien ha preferido la defensa a ultranza de las decisiones que al respecto han tomado las personas encargadas de este asunto en el Ministerio de Cultura. Hay que evitar, creo yo, que se convierta en la polémica protagonizada por un arquitecto que, por azares de la fortuna, ha tenido la oportunidad de trabajar en asuntos de Patrimonio y Urbanismo, que se ha dedicado al estudio del asunto de la arquitectura teatral desde la Academia y, de paso, a la crítica musical, con un ministerio que de buena fe, esto no lo pongo en duda, resolvió asumir una obra que aparentemente le sobrepasó... con costos faraónicos, parece ser... y resultados... bueno, juzgue usted, luego de invertir millones de millones ¡salieron goteras en el teatro!
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.