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| 10/10/2004 12:00:00 AM

Revolución en la Nacional

Las reformas planteadas en la Universidad Nacional apuntan a la transformación del modelo de la educación superior del país. El cambio no será fácil.

Ha sido frecuente encontrar ánimos revolucionarios en la Universidad Nacional. Lo raro es que estos vengan impulsados desde la rectoría. Es que si prospera la propuesta que hizo la semana pasada el rector de la Universidad Nacional, Marco Palacios, al Consejo Superior para hacer una profunda reforma al sistema académico y al estatuto docente, se marcará un cambio de rumbo para toda la educación superior pública del país.

Al igual que hace un año con el nombramiento de Palacios como rector, esta noticia alteró el ambiente y las protestas de algunos profesores y estudiantes no tardaron en hacerse sentir. Algunos estudiantes bloquearon las entradas a los edificios de la Ciudad Blanca el pasado martes y la gresca terminó con la intervención de la Policía y el cierre preventivo para garantizar que los 45.000 aspirantes pudieran presentar los exámenes de ingreso programados para el jueves y viernes de la semana pasada.

La reforma no era ningún secreto. Desde que el historiador e investigador Palacios llegó a la rectoría anunció que haría importantes transformaciones para ponerla en sintonía con las grandes universidades públicas y privadas del mundo. Sin embargo, las protestas que se produjeron en un segmento de la comunidad universitaria por su designación lo llevaron a postergar la reforma académica. En el año largo que lleva al frente de la Nacional, Palacio ya había puesto en marcha algunos cambios de fondo. Por ejemplo designó por primera vez a un gerente nacional para modernizar y racionalizar la parte administrativa y financiera de la universidad y creó una Dirección Nacional de Bibliotecas para integrar las de todas las sedes, unificar las bases de datos y dotarlas con lo que deben tener.

Como ya estaba anunciado, las reformas anunciadas ahora serán de fondo. El objetivo más general será el de poner énfasis en una educación que les dé a los profesionales las competencias necesarias para desenvolverse en una economía cada vez más globalizada. Esto exige una mayor capacidad analítica e investigativa.

En términos prácticos se propone no sólo reducir de cinco a cuatro años casi todos los programas de pregrado, sino flexibilizar los pénsums. Además se va a permitir que los estudiantes ingresen a áreas del conocimiento y no a carreras específicas. El ingreso por áreas permitiría que un estudiante joven que sabe que quiere ser ingeniero, pero no está seguro de si le gusta más la ingeniería eléctrica, electrónica o mecatrónica, pueda hacer su elección en el camino y con mejores argumentos.

También se va a instaurar un sistema por el cual cada materia tendrá un valor en créditos, como ya sucede en muchas universidades privadas del país. Así, el estudiante podrá combinar materias de la especialidad de su carrera con otras que complementen y amplíen su formación. "Los créditos además darán movilidad a los estudiantes entre universidades nacionales e internacionales", dice Alexis de Greiff, vicerrector de la institución.

Junto con estos cambios se busca flexibilizar los requisitos académicos y de grados para que un estudiante pueda graduarse de pregrado en menor tiempo, y en cambio los años que antes demoraba de más los pueda dedicar a avanzar en su carrera con una especialización, una maestría o incluso hasta un doctorado. La finalidad es ahorrar tiempo, dinero y poner a los graduados de la Nacional en igualdad de condiciones que los de una universidad privada nacional o internacional.

El cambio no fue bien recibido por algunos estamentos de la universidad. Uno de los principales críticos de la medida es Pedro Hernández, presidente de la Asociación de Profesores Universitarios (Aspu), quien sostiene que la reforma atenta contra el nivel académico de la universidad. "No se puede concebir que se quieran formar profesionales con apenas cuatro años de estudio cuando en otros países se requiere mucho más tiempo", dijo.

No obstante, no todas las carreras serán más cortas e incluso puede haber el caso que sea más larga. Además, como lo explicó a SEMANA un miembro del consejo superior de la universidad, la tendencia mundial, tanto en Estados Unidos como en Europa y Asia, es la de reducir el tiempo de estudios de pregrado y conectar a los alumnos con un posgrado. De todas formas, "decirles a los estudiantes que con un pregrado van a tener futuro en la vida laboral y que la calidad de la universidad es buena, es mentirles", dijo un miembro del consejo superior.

Otros han dicho que la propuesta de crear la educación continuada en la Nacional, como diplomados y especializaciones, junto con la flexibilización académica, irá en detrimento de la calidad de la educación y lleva a la universidad en camino de convertirse en un tecnológico.

A esta críticas Palacios ha argumentado que ha habido desinformación, "en especial de un grupo de privilegiados que se resiste al cambio. Explicó que hasta ahora se están divulgando los documentos que sustentan las reformas para que en los próximos meses haya un debate académico que defina la suerte de la universidad. Las reformas no son definitivas, pero ya sabemos hacia dónde vamos; queda claro que como en cualquier institución compleja los cambios generan temores", dijo.

Uno de los argumentos esgrimidos en contra de la reforma ha sido que no se justifica su necesidad porque la universidad está demostrando que tiene una educación de gran calidad. "Se justificaría si la institución anduviera mal, dijo el profesor Hernández, pero tener el mayor número de publicaciones que cualquier universidad y de grupos de investigación reconocidos, además de los buenos resultados del Examen de Calidad de la Educación Superior, Ecaes, demuestran lo contrario".

Esta propuesta de la rectoría y del consejo superior deberá pasar por todos los órganos de discusión, como facultades y consejos académicos. No será un debate cualquiera porque lo que está en juego es la transformación de un modelo de educación y administración antiguo, que para muchos puede mejorar bastante.

Tan polémica como la reforma académica ha sido la propuesta de cambio del estatuto docente. La rectoría dice que el actual es demasiado laxo y por ello se va a buscar que los nuevos profesores que entren a la Nacional, y que serán escogidos por una gran convocatoria pública y un concurso de méritos, arranquen con unas reglas de juego más exigentes. Se les exigirá un nivel académico más alto, un mayor número de investigaciones y publicaciones, y un mayor compromiso y responsabilidad frente a la universidad. Los profesores actuales se pueden quedar en el actual estatuto.

Ojalá la discusión se centre estrictamente en la parte académica, sobre lo que se debe modificar para el bien de los estudiantes y de la calidad de educación en la universidad más grande e importante del país, y no se caiga en una discusión en la cual lo que prime sean los intereses de algunos grupos poderosos. De cómo se dé este debate depende en gran parte el futuro de la educación superior pública.
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