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| 6/16/2012 12:00:00 AM

Ricardo Silva Romero le dice 'Fin' a su columna de cine en SEMANA

El crítico emprendará nuevos proyectos. En este texto le cuenta a sus lectores los motivos de su decisión.

Escribí los comentarios de cine de Semana durante 12 años: de los 24 a los 36. Me gané el trabajo por concurso. Participé en 612 ediciones de la revista. Redacté 52 artículos entre perfiles, obituarios, predicciones del Óscar, listas de las 10 mejores del año y guías de los estrenos de vacaciones. Entrevisté a una decena de cineastas admirables: de Michael Moore a Lars von Trier. Reseñé 1159 películas desde aquel mayo hasta este. Y a 95 de ellas –que significa el 8% del total- les puse la máxima calificación: cuatro estrellas.
 
Al principio, quizás porque seguía siendo un profesor, me incomodó tener que ponerles notas a las pobres películas. Después, cuando capté que no estaba por encima ni por debajo de los lectores, me pareció una buena manera de comenzar una conversación.
Tengo claro que fui injusto, sin querer, con un par de estrenos. Acepto que caí un par de veces en la tentación de hacer un chiste tan ingenioso como cobarde a costa de una producción indefensa. Pero creo que logré lo que se podía lograr: hallar un criterio personal que llevara a la gente a decir “si a este tipo le gusta seguro que es mala”. Me fue imposible negar mi predilección por Alfred Hitchcock, Sergio Leone, Martin Scorsese, Woody Allen y Steven Spielberg. Sé bien, porque estuve ahí desde el principio hasta el final, que redacté cada texto lo mejor que pude, que, como dirían los ciclistas, siempre me empleé a fondo, y que podrá decirse cualquier cosa de mí, pero nunca, jamás, que me referí a alguna película como “un filme”.

Yo no tengo ninguna razón para irme de Publicaciones Semana. No tengo una sola queja de nadie. Vivo agradecido con todos, uno por uno, por darme la oportunidad de hacer parte de este equipo. Y reconozco que todos, desde el primer piso hasta el sexto, desde SoHo hasta Arcadia, se han portado conmigo como mi familia.

Si he tomado la decisión de dejar el trabajo feliz de hacer reseñas para Semana es porque estoy a punto de perder la autoridad que me han dado la dedicación y la independencia. La verdad es que cada día se me está yendo más tiempo en otros textos. Y que este año, por cuenta de mi creciente relación –como guionista- con algunas productoras de cine y de televisión, he sentido cada vez más cercano el día en que tendré que declararme impedido para comentar ciertas películas. En los próximos meses, por ejemplo, van ser estrenados los primeros largometrajes de dos buenos amigos con los que he estado trabajando en un par de proyectos. Si me quedara en la sección de cine, entonces sería juez y parte. Una especie de columnista de opinión que asesora al gobierno y va a cocteles con políticos.

El lado positivo de la decisión es, claro que sí, que me voy mucho antes de que comiencen a aparecérseme en el camino el cinismo y el desgaste. Y cuando no está nada mal que venga a la revista otro criterio.

Yo he visto películas y películas y películas desde que tengo memoria. Eso soy. Eso estudié. Ahí vivo. Temo a los baños públicos solitarios por culpa de Testigo en peligro.
Soporto las filas de intelectuales gracias a Annie Hall. Pienso en Gremlins siempre que como algo después de medianoche. Ya no hay nada por hacer. Es preocupante, pero así es. Y sólo lo confieso porque, ahora que comienzo a poner en perspectiva esta experiencia de doce años, caigo en cuenta de que desde el principio hasta el final quise transmitir en las páginas de Semana el amor que siento por todo esto, la fascinación que me producen las puestas en escena y la sospecha de que el cine es la vida de la vida. Esa fue siempre la idea.

Ricardo Silva Romero
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