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| 11/15/2014 10:00:00 PM

“Mi papá mató a Pablo Escobar”

Esta es la versión del hijo del mayor de la Policía que fue reconocido por el mundo como el hombre que dio de baja al patrón de la droga.

El fenómeno de Pablo Escobar ha estado vigente tantos años que ya el turno de contar esa historia le está tocando no a sus protagonistas, sino a sus hijos. La semana pasada Juan Pablo Escobar (hoy Esteban Marroquín Santos)  lanzó su libro Mi padre. En este cuenta detalles de cómo fue crecer siendo el primogénito del capo más temido de la historia del país.  En las próximas semanas, el país conocerá otro lado de esa historia. Se trata de la versión de Richard Aguilar, el hijo del hombre que, según todas las versiones oficiales, le disparó al patrón.

El libro de Aguilar es bastante particular si se tiene en cuenta que en esa época era apenas un niño de 12 años, pero hoy es el gobernador de Santander. “Empecé a escribir este libro hace cinco años porque quiero hacer un aporte a la reflexión sobre el conflicto armado que hemos vivido los colombianos”, cuenta. El país recuerda a su padre por ser el hombre que salió sonriente levantando la camiseta que llevaba el fallecido Escobar. A su trabajo como comandante del bloque de búsqueda muchos le atribuyen el fin de la página más sangrienta de la historia del país.

En los últimos años, sin embargo, se han tejido diferentes hipótesis sobre quién dio de baja al capo. Su hijo Juan Pablo dijo hace unos días que nadie lo mató.  “Fue mi padre quien decidió quitarse la vida. Muchas veces me contó que en su pistola tenía 15 disparos: 14 para sus enemigos y uno para él”, aseguró. En las versiones libres, algunos paramilitares han sostenido que el que le disparó fue Carlos Castaño. Don Berna dice que fue su hermano, Rodolfo Murillo Bejarano, alias Semilla. Otros aseguran que fueron realmente los Pepes. La prensa del momento, sin embargo, siempre dijo que quien le disparó fue el mayor Hugo Aguilar. Como alrededor del capo se han tejido tantos mitos lo cierto es que siempre habrá especulaciones sobre qué fue lo que realmente sucedió.

Hugo Aguilar sí era uno de los peores enemigos de Escobar. Como líder del bloque de búsqueda, el policía emprendió una cacería sin misericordia contra el capo. Germán Castro Caycedo cuenta en uno de sus libros que Escobar y él intercambiaban por teléfono todo tipo de insultos y amenazas, y que siempre remataban la conversación asegurando que iban a matar mutuamente a sus hijos.

Esa sentencia a muerte pesó sobre la vida del gobernador desde niño. En el libro cuenta que durante muchos años él y sus hermanos no pudieron salir ni a la esquina y que tenían que estrenar en el garaje del edificio las bicicletas, patines y balones que le regalaban. Un grupo de escoltas tenía que seguir todas las mañanas la ruta del colegio y hasta les asignaron chalecos antibalas que nunca pudieron usar porque eran muy grandes y pesados para su edad.  Unos días antes de que mataran a Escobar, Londoño, uno de sus escoltas, fue asesinado. Sintieron tanto miedo de que luego siguieran ellos que duraron semanas sin ir  al colegio.

El día que cayó Escobar, el 2 de diciembre de 1993, su mamá estalló en llanto. En el fondo había más peligro para ellos con su papá como responsable de la muerte que con el capo vivo. El oficial se fue para Estados Unidos unas horas después. A los 20 días en un operativo de película con decenas de motos y carros blindados los sacaron a ellos.

El mayor Aguilar le  ha relatado a su hijo varias veces la historia de lo que sucedió la tarde que murió Escobar. Llevaban varias semanas siguiéndole el rastro, pero todos los operativos habían fracasado. Unos porque Escobar logró infiltrarse en la inteligencia colombiana y otros porque eran demasiado espectaculares (con más de 1.000 hombres, helicópteros y demás) para pasar desapercibidos.

El último intento funcionó por la necesidad que tenía el capo de comunicarse con su familia. Lograron identificar que Marina Escobar le había llevado un radioteléfono y una comunicación entre el capo y su hijo permitió dar con su paradero en el barrio Los Olivos de Medellín. Armado de una pistola el mayor entró a la casa donde estaba el capo. En el segundo piso estalló una balacera, pero Aguilar alcanzó a reconocer a Escobar y a dispararle.

El narcotraficante salió por una ventana y, minutos después, Aguilar vio su cuerpo en el tejado. Afuera varios oficiales también le dispararon, pero según la versión del policía, esos tiros apenas le rozaron una pierna. Cuando confirmó que el gran capo había finalmente caído, el mayor le quitó un reloj Rolex que llevaba puesto y paró sus manecillas. Eran las 3 y 20 de la tarde. Ahí agarró el radio y llamó a sus superiores: “¡Viva Colombia, murió Pablo Escobar!” gritó emocionado.

Su hijo, el gobernador Richard Aguilar, no cree en las versiones que se han tejido alrededor de la muerte de Escobar. Asegura que un informe de balística luego comprobó que efectivamente los tiros eran de esa pistola que su padre llevaba ese día. En el libro desmiente la versión de Don Berna, pues su padre le contó que para ese momento él no era más que un simple conductor. El gobernador está seguro que su papá fue quien lo mató.
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