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| 1/1/1996 12:00:00 AM

A RITMO PAISA

La inauguración del metro de Medellín, aparte de terminar con el calvario de una década, es el simbolo de la recuperación económica y espiritual de los antioqueños.

JUAN PABLO SERRANO NAció en las montañas de Antioquia. Desde hace 40 años se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para tomar un bus en el que atraviesa a Medellín para llegar a su trabajo en una factoría donde labora como celador. En esos años de trajinar diario son muchas las cosas que le han pasado. En tres oportunidades lo atracaron. En una casi pierde la vida cuando un destartalado bus modelo 54 perdió los frenos y fue a parar en la sala de una humilde vivienda. Ese día cuatro pasajeros murieron y 20 fueron a parar al hospital. "La Virgen del Carmen me salvó ", dice.
Pero la vida de Juan Pablo Serrano cambió desde el viernes pasado. Ese día no tuvo que madrugar como de costumbre tampoco tuvo que soportar los empujones y pisadas. Mucho menos a conductores suicidas en busca de unos pesos más. Ese día salió de su casa a las seis de la mañana en el barrio Santa Lucía, al sur de Medellín, caminó dos cuadras y después de ascender por unas pequeñas gradas se paró frente a una moderna estación donde compró un tiquete por 300 pesos. Cinco minutos después abordó un amplio vagón que partió raudo y silencioso por la ciudad.
Al igual que Serrano, miles de antioqueños disfrutan hoy de un nuevo medio de transporte: el metro de Medellín. Por fin el sueño de los paisas se hizo realidad. Fueron 10 años de espera, de muchos obstáculos y de una inversión que en 1984 fue calculada en 836 millones de dólares pero que en términos reales se multiplicó: 1.824 millones de dólares. Para cancelar la deuda los paisas pignoraron las rentas de tabaco, parte de la sobretasa a la gasolina y el cobro de valorizacion.
La 'silenciosa serpiente', como los paisas llaman a su metro, se desliza por la ciudad y cáda vez que pasa por el parque Berrío o La Alpujarra la gente detiene la marcha para apreciar la obra por la que tanto lucharon y gritar a los cuatro vientos que el 'orgullo paisa' lo puede todo.
El metro simboliza la nueva cara de Medellín. 'La eterna primavera' ha logrado salir a flote después de esos años aciagos que la tuvieron sumida en la penumbra. La economía ha podido reactivarse en los últimos tres años. Negocios como la bolsa de Medellín han logrado importantes transacciones que la ubican con una participación de 18,59 por ciento del mercado bursátil del país. Hasta agosto de este año las cifras oficiales indicaban que la bolsa llevaba un movimiento acumulado superior a tres billones de pesos.
La banca también ha tenido un buen año. Las cifras señalan que en la actualidad existen 28 bancos, 15 corporaciones financieras y 24 compañías de financiamiento comercial que ofrecen a sus clientes toda clase de créditos, La competencia ha llevado a úna gran tecnificación del sector financiero, lo cual permite operaciones internacionales en menos de 12 horas. La Bolsa de Medellín, por ejemplo, realizará una gran inversión para renovar el software que le permitirá estar a la altura de las más importantes bolsas del mundo, como las de Nueva York y Tokio.
Otro dé los sectores que ha crecido de una manera vertiginosa ha sido el hotelero. Más de 600 nuevas habitaciones de cinco estrellas están a disposición de los ejecutivos que todos los días llegan a Medellín a realizar negocios. El próximo año abrirán sus puertas dos hoteles más, que ofrecerán otras 300 habitaciones. Con una oferta de estas dimensiones los hoteleros decidieron crear el Grupo de los Seis -G6-. El trabajo que han realizado ha sido el de impulsar el turismo internacional. Ya lograron abrir los mercados de Panamá y Aruba para atraer nuevos inversionistas a la capital antioqueña pero, como buenos paisas, el asunto no solo se queda en negocios. La idea consiste en ofrecer paquetes de turismo combinados con salud. Los resultados comenzaron a dar su fruto, pues este año han visitado a Medellín 28.000 extranjeros, la mayoría de ellos a través del paquete 'negocio y salud'.
Todavía queda mucho camino por andar. Si bien el metro recorre parte de la ciudad aun faltan por finalizar importantes obras que permitan un funcionamiento del 100 por ciento. Al igual que lo han hecho grandes ciudades, como Barcelona en España, los paisas aspiran a embellecer el espacio público. Una de las primeras obras será la recuperación del parque Berrío, que durante muchos años estuvo en el abandono. Sesenta y cinco kilómetros cuadrados estarán en manos de paisajistas y urbanistas. La carrera Bolívar -la más céntrica de la ciudad- será convertida en un boulevard con ventas de frutas, flores y quioscos para el expendio de periódicos y revistas. También se montarán teatros al aire libre y parques infantiles.
Detrás de estas obras las autoridades antioqueñas pretenden encontrar una solución a la violencia en Medellín, un flagelo que continúa golpeando de manera aterradora a la ciudad. Los secuestros de pequeños por parte de la delincuencia común tienen en ascuas a la ciudad. Si bien el caso de Augusto Castro, campeón mundial de bicicross, tuvo un final feliz, los medellinenses tienen muchos motivos de preocupación porque son numerosas las personas que continúan en manos de delincuentes y varios de ellos han pagado con sus vidas porque sus familias no han tenido el dinero para pagar a los secuestradores.
Los índices de muertes causadas por armas de fuego siguen disparados y todavía el gobierno local no encuentra una solución para hacerle frente a esa violencia demencial que todos los fines de semana deja un promedio de 18 a 25 muertos. La inseguridad está desbocada. El robo de vehículos, el asalto a corporaciones financieras y el sicariato continúan sembrando el terror en la capital paisa.
Por ello el gran reto que tienen ahora los antioqueños es encontrar un camino que les permita en el menor tiempo posible enfrentar al crimen organizado. Porque de nada servirá que Medellín sea hoy por hoy una de las ciudades más prósperas del país si la delincuencia continúa imponiendo la ley del más fuerte. Y como dijo Juan Pablo Serrano cuando 20 minutos después de haber abordado el metro descendió para caminar dos cuadras y llegar a su trabajo: "Ahora la modernidad tiene que convertirnos de nuevo en hombres de paz ".
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