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| 5/8/2017 7:03:00 PM

"O las FARC se adaptan y transforman el sistema o los cambian a ellos"

Ahora que la guerrilla tiene las puertas abiertas para hacer política, Semana.com habló con Roberto Cañas, excombatiente del Frente Farabundo Martí, en El Salvador, sobre las puntadas que tendrán que dar para no morir en el intento.

Semana.com.: ¿Qué tan compleja es la transición que sufrirán las FARC?

Roberto Cañas.: La incorporación a la vida política del Frente Farabundo Martí también fue resultado de un acuerdo de paz. Se negoció que pudiera convertirse en partido, tuviera radios, se legalizara y fuera un actor más dentro del sistema de partidos. Fue una transición entre una organización político-militar a una político-electoral. Es como si la selección de fútbol de Colombia pasa a ser una de basketboll. Ya no se juega con los pies sino con las manos. Es un cambio de 180 grados que requiere de tiempo para convertirse competitiva electoralmente.

Semana.com.: Es decir, ¿no será tan fácil hacer política como muchos creen?

R. C.: Hay una doble transición: de una guerrilla a una organización político electoral y de una organización clandestina a un partido abierto. Es complicado en términos de transición porque lleva tiempo relativamente largo. No es cierto que en la primera elección en que participa un movimiento que como este se convierte en político pueda ser tan exitosa. No es fácil.

Semana.com.: ¿Qué ve tan difícil? ¿Por qué lo dice?

R. C.: Hay que construir una maquinaria electoral que garantice mover votos y que después los cuide. Esto, en defensa del mismo. Para eso se necesitan unir muchos esfuerzos. Desde que se firmó el proceso al FMLN le costó quinces años llegar a la presidencia. Para que se hiciera realidad fue todo un proceso de ascenso en términos de resultados que con el paso de los años fue aumentando. Uno puede ver la evolución en términos de intención de voto. No es que se convierta de la noche a la mañana en partido político y todo marchará como de costumbre.

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Semana.com.: Por ejemplo...

R. C.: En las elecciones de diputados son 84 cupos y la primera vez que participó el FMLN en 1994 obtuvo 21 diputados y no era un resultado malo teniendo en cuenta el olor a pólvora que había en el ambiente. Tres años después 27 diputados, 31 en la contienda siguiente hasta que se convirtió en la segunda y la primera fuerza política del país.

Semana.com.: ¿Qué se viene para las FARC más allá de dejar los fusiles.

R. C.: Ellos están frente a la posibilidad de poder resolver exitosamente o no su transición de formas de lucha y de organización. Lo que requiere un replanteamiento casi total de la forma de hacer política porque para lanzarse a esa área se necesita ser competitivo y tener un tanque de pensamiento que analice y elabore propuestas. Dirigentes mediáticos que tengan una presencia pública importante y eso en algunos casos hace difícil que los viejos comandantes guerrilleros se vuelvan huraños.

Semana.com.: Entonces, ¿qué aconseja?

R. C.: En política electoral lo importante es que se hable de "usted" para existir electoralmente. Eso va a requerir un planteamiento bastante profundo de la forma como se hace política por parte de esa organización guerrillera. Alianza, presupuesto, maquinaria electoral y desafíos bastantes grandes. No es una varita de cuentos de hadas que resuelve cosas de la noche a la mañana.

Semana.com.: A qué escenario cree que nos enfrentamos, ¿más de 7.000 hombres de las FARC haciendo política?

R. C.: Hay varias cosas que se deben tener en cuenta. Los que han pasado de 20 a 50 años en la guerrilla han roto el tejido social que tenían. Su rotura significa apartarse de la familia, el estudio y sus hijos. Por eso es natural, en nuestro caso se dio, que una vez terminado el conflicto muchos excombatientes quieran recuperarlo. Muchos regresan a sus casas y se dan cuenta, por ejemplo, que su mamá está enferma, que necesitan recuperar tiempo con sus hijos, vuelven a estudiar y la gente tiene el legítimo derecho de optar por apoyar esa reconstrucción del tejido social. No son sólo una o dos personas que se lo van a plantear. A eso se le suma su reintegración a la vida económica del país, de algo tienen que vivir. Necesitan empleos o programas de emprendimiento.

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Semana.com.: Y... ¿la otra?

R. C.: Uno de los planteamientos centrales si se meten a la política electoral es: o cambian al sistema o el sistema los cambia a ellos. Es un gran dilema pues uno en principio entiende que las FARC se meterán a la política para hacer transformaciones no para que muten ellos. De ahí se desprende la tercera idea que es: ¿será posible que aceptando las reglas del juego tal como están puedan llegar al Gobierno? Es difícil. El FMLN lo logró en El Salvador aunque le llevó más de 20 años.

Semana.com.: En el caso de El Salvador por ejemplo, ¿cuántos eran y cuántos terminaron metidos en la política?

R. C.: De hombres en armas no tengo la cifra exacta pues además de ellos estaban las estructuras de milicianos, colaboradores, comandos urbanos que no se concentraron. Sin duda, la composición social de las FARC va a cambiar y ese es otro de los grandes dilemas que se les viene: ¿Cómo mezclar la acumulación vieja que componen excomandantes con los jóvenes que no tienen porque biológicamente están comprometidos con esa realidad? Es decir, son dos acumulaciones donde la original se combina con la apertura de un contingente de jóvenes que no estuvieron en la guerra, ni en el monte, pero que con su sabiduría el proyecto político se vuelve más viable. Aunque eso también tiene consecuencias como que si no hay una formación política se pueden enfrentar a una desidiologización del nuevo partido, que se entierren sus ideales porque muchos de ellos no se han formado en el acero de la clandestinidad y la lucha guerrillera.

Semana.com.: En ese tránsito a la política, ¿qué lecciones dejó el tránsito del FMLN?

R. C.: Hay cuatro cosas que se deben tener en cuenta para que una organización político-militar sea competitiva y pueda ganar elecciones. La primera es tener la posibilidad de construir una maquinaria electoral con un asentamiento territorial que posibilite llegar a los votantes, motivarlos para que el sufragio sea por ellos, en este caso las FARC. Construir una maquinaria electoral que posibilite aumentar la intención de votos y eso no es café instantáneo.

Semana.com.: ¿Y los otros tres?

R. C.: Esto es una empresa aquí, en El Salvador o en cualquier parte del mundo. ¿La razón?, hay que invertir cantidades importantes de dinero para ponerle combustible a esa maquinaria electoral. A abrir locales, tener una planta de activistas y definir la publicidad comercial de los partidos. El tercero es tener candidatos y es muy difícil que lo logren en meses las FARC. Candidatos que en las condiciones actuales en que el mundo se hace política electoral estén aptos, gente que como decía Sartory se le mida a la videopolítica. No se puede concebir la política electoral hoy en el mundo sin la videopolítica, presencia en redes sociales y actividad en medios y para eso hay que construir un liderazgo que se sienta cómodo.

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Semana.com.: ¿En El Salvador hicieron política las caras más visibles del movimiento o qué tan claves son las alianzas?

R. C.: La capacidad de hacer alianzas es importante para poder sacar adelante campañas electorales donde muchos aún perciben a un movimiento guerrillero con olor a pólvora. Lo que puede matizar la presencia electoral de una organización guerrillera que se convierte en partido político son las alianzas. En el caso salvadoreño, la primera vez que se participó en una campaña presidencial fue en 1994 cuando se presentó un candidato del Frente Democrático Revolucionario. Los puras sangres aparecieron como candidatos que tienen posibilidad de ser competitivos en el siglo XXI. Apenas en el 2009 un candidato 100 % del frente va a una elección presidencial y la gana.

Semana.com.: La izquierda latinoamericana ha mostrado que puede gobernar y no hacer grandes transformacionenes sociales, ¿qué tienen que tener en cuenta?

R. C.: Yo creo que el cemento que pega y unifica un ejército guerrillero es el enfrentamiento contra el gubernamental. Una vez desaparece ese factor unificante, ese enemigo en común como se concebía en el conflicto armado, se abren espacios para la desunión, nuevas tendencias, diferentes visiones. Muchos abandonan la formación política y se combinan una serie de factores que si no se saben manejar resultarán en lo que pasó con la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca. En nuestro caso fue exitoso porque paso a la alternancia hasta convertirse en la primer fuerza política del país, pero en el caso del otro país centro americano devino un partido minúsculo que es irrelevante en términos políticos que prácticamente no existe. O logran adaptarse a las reglas del sistema y lo transforman o el sistema los cambia a ellos. 

Semana.com.: ¿Qué le preocupa del caso colombiano?

R. C.: La clase política colombiana está sumida en una trampa de desconfianza que paraliza todo como su capacidad de llegar a consensos básicos de nación para cumplir los acuerdos.

Semana.com.: Ustedes abandonaron las armas en un año largo, mientras que en Colombia se pactaron tiempos contrarreloj, ¿eso le preocupa?

R. C.: Aquí se habla más de posconflicto y menos de transición. Nosotros después de la firma acentuamos el discurso en tres transiciones simultáneas. La primera, la de la guerra a la paz porque es un proceso que va evolucionando en el tiempo. En principio es una paz negativa, donde simplemente los tiros se caen y la paz integral por el contrario si es un proceso lento. Otra transición es la de una sociedad donde estaba sobredeterminado el poder militar y a través de reformas constitucionales se empieza a desmilitarizar la sociedad. Finalmente, el tercero es salir de una democracia incompleta donde el sistema de partidos no toleraba partidos de izquierda y pasar a una plena.

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