Domingo, 22 de enero de 2017

| 2016/11/01 14:29

Gerlein se declara en contra de la reducción del salario a los congresistas

Al veterano senador le parece “inconveniente” quitarle la competencia al gobierno de fijar la remuneración a los miembros del capitolio.  

Roberto Gerlein, decano de los congresistas Foto: Fotomontaje SEMANA

Roberto Gerlein (Barranquilla, 18 de noviembre de 1938)  puede ser el colombiano que más ha vivido ‘a costillas’ del Congreso. Llegó al capitolio a posesionarse como senador el 20 de julio de 1968, y el pasado 20 de julio de 2014 juró por duodécima vez en la que ha sido su curul de siempre. Cuando termine el actual periodo, habrá batido todas los marcas de longevidad, 50 años en el Senado.

Gerlein se estrenó cuando Carlos Lleras Restrepo era presidente de la República, y como congresista ha sido testigo y aliado  de los gobiernos de Alfonso López Michelsen, Julio César Turbay, Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y  Juan Manuel Santos. Precisamente, el 16 de diciembre del 2014, Santos lo condecoró con la Cruz de Boyacá, por sus 46 años de labores y servicios al parlamento colombiano. 

Nadie sabe si en el 2018 Gerlein aspirará a otros cuatro años en el capitolio. Pero este martes dio una particular señal. La Comisión Primera del Senado debería abordar la reforma para modificar y reducir el salario de los congresistas, y el senador barranquillero apareció en una de sus polémicas salidas. Levantó la mano, se declaró impedido para discutir el proyecto, y aprovechó para oponerse a la idea de que los mismos senadores modifiquen sus emolumentos. ¿Será que aspirará a un nuevo periodo? Se preguntaron algunos en el recinto.

Más allá de esa duda, Gerlein recordó que cuando entró al Congreso eran los mismos senadores los que modificaban las “dietas parlamentarias” para la legislatura siguiente, así cada cuatro años se establecía cuánto ganaban los parlamentarios. Lo calificó como un mecanismo “más o menos aceptable”, pero también recordó que provocaba “críticas acérrimas, y desagradables”. En aquel entonces, los congresistas recibían la llamada ‘dieta parlamentaria’, una especie de remuneración por dedicar parte de su tiempo a hacer las leyes. Los congresistas de entonces tenían que ejercer sus profesiones y vivir de ellas. Gerlein era un empresario barranquillero. 

Todo cambió con la Constitución del 91, donde prácticamente se profesionalizó el oficio del congresista. La fórmula de los constituyentes fue “sabia, válida e inteligente”, en palabras de Gerlein. “Sencillo, que el gobierno nacional sea el que establezca cuál va a ser el emolumento para los congresistas”.

Por eso, cuando empezó la discusión del proyecto Gerlein se preguntó: “¿Quién está pidiendo en el país que se modifique la competencia del gobierno frente a la remuneración que deban tener los parlamentarios?”. “No entiendo ni veo la razón de que esta situación se modifique”, se respondió.

Para el veterano senador “es equivocado” quitarle al gobierno esa competencia, y por eso le dijo a la Comisión primera: “Yo presento mi impedimento y pido el favor que se vote afirmativamente”.  

Nadie lo aprobó. El debate sobre le reforma al salario de los congresistas se da por cuenta de dos proyectos, uno del Centro Democrático, otro de la Alianza Verde. El primero pretende congelar los salarios, que actualmente bordean los $27.000.000, mientras el de la senadora Claudia López propende por la reducción a por los menos $ 18.000.000, aproximadamente.

Un asunto espinoso, no solo para Gerlein, también para el resto de sus colegas. La prueba fue que después del senador barranquillero, también se declararon impedidos Carlos Motoa (Cambio Radical), Roy Barreras (la U), Armando Benedetti (la U), Viviane Morales (P. Liberal), Roosevelt Rodríguez (la U), José Obdulio Gaviria (Centro Democrático), Paloma Valencia (Centro Democrático), Jaime Amín (Centro Democrático), Alfredo Rangel (Centro Democrático), y Alexander López (Polo). Once en total.

Lo que buscaban estos senadores era que con el argumento de que como el proyecto estaría modificando el régimen salarial de los congresistas, tendrían un conflicto de interés y podrían terminar  legislando en beneficio propio. Claudia López les aclaró que se trata de modificar una norma general, y que no habrá beneficios directos, entre otras porque el proyecto pretende reducir el salario a partir del 2018. Sin embargo, en el fondo lo que buscaban era hacerle el quite a tan espinoso debate.

Gerlein no tuvo más remedio que seguir en la comisión y votar, lo que intentó evitar. Eso sí, lo hizo anunciando su oposición a que este Congreso modifique el salario de los parlamentarios.

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