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| 5/15/2012 12:00:00 AM

Rojas Birry: en el nombre del indígena

La maniobra del expersonero de Bogotá de recurrir a su condición de indígena para eludir a la justicia despertó indignación entre juristas y políticos que ven esta estrategia como una manipulación a los indígenas.

El pasado viernes un juez especializado de Bogotá encontró culpable de enriquecimiento ilícito al indígena de la etnia embera Francisco Rojas Birry y lo condenó a ocho años de prisión. Sin embargo, el expersonero de Bogotá embocó su condición de indígena para buscarle el quite a la justicia.
 
Desde entonces, hombres y chicos embera sujetan palos de mando y protegen el hogar de quien ha sido su líder político más representativo, el indígena que nació en Catrú, una pequeña población del Alto Baudó, en el departamento del Chocó, y que por más de veinticinco años logró consolidar una vida política en nombre de los indígenas.
 
"No es que los indígenas estén en contra de la justicia, lo que buscamos es que Rojas pueda ser juzgado por la justicia indígena, que si lo encuentra culpable, lo sancionará según sus leyes y costumbres", explicaba el consejero mayor de la Organización Nacional de Indígenas de Colombia, ONIC, Luis Evelis Andrade.
 
Según Andrade, "el proceso investigativo será conocido por el Consejo de Justicia de la Asociación de Cabildos indígenas de Chocó, Asorewa, bajo los principios de equidad, justicia y los usos y costumbres del pueblo embera".
 
Sin embargo, y más allá de la intención de los embera, el piso legal sobre el que se sustenta la idea de que sean ellos quienes adelanten el proceso en su contra no es sólido.
 
El abogado constitucionalista Juan Manuel Charry aclara que “no hay principio de competencia ni de jurisdicciones, porque en este caso ya existe una sanción de un juez y la Constitución reconoce que la jurisdicción indígena no puede subordinar a la justicia colombiana”.
 
Por su parte, el concejal del partido de la ‘U’ Javier Palacio, quién denunció las irregularidades que ocurrieron durante el periodo de Rojas en la Personería, explica que Rojas Birry esta “aprovechando su situación para evadir la justicia ordinaria por medio de una cortina de humo”.
 
Palacio también explica que el hecho de que el expersonero haya invocado su condición de indígena para ganar tiempo es indignante. “Él debe respetar a su comunidad y no utilizarla como un escudo, además porque se le está juzgando por los actos que hizo en Bogotá, y representando a los bogotanos, lejos de territorio embera”.
 
La división también está entre los propios indígenas quienes guardan un sentimiento de recelo porque consideran que el expersonero no defendió a su etnia durante sus años de político. “Desde 1996 yo lo vi haciendo politiquería como cualquier otro blanco, bebiendo y 'parrandiando’, siempre protegiendo sus intereses no el de nosotros”, comenta con reserva un indígena que lo acompañó durante momentos de su vida política.
 
El líder indígena del Cauca y vocero nacional de la Minga Social y Comunitaria, Feliciano Valencia invitó a Rojas a que se entregue porque se “trata de un delito que se produjo por iniciativa personal, no ocurrió en territorio embera y fue para su beneficio, por lo que debe responder ante las autoridades ordinarias".
Pero ¿en qué momento se convirtió el prometedor líder indígena en un político prófugo de la justicia?
 
El “indio locho”
En voz baja y entre los pasillos del Centro de Convenciones de Bogotá, varios de sus amigos le decían a Francisco Rojas Birry el ‘indio Locho’. Eran los días de la Asamblea Nacional Constituyente, y el apodo, según recuerda alguien que lo acompañaba por esos días "se lo había ganado porque le sacaba el cuerpo al trabajo".
 
Sin embargo y a pesar del apodo, por esa entonces la imagen de Rojas Birry era la de un indígena con condiciones de líder. Así lo había demostrado en la Onic y desde joven en su natal Catrú, cuando fundó el cabildo indígena de esa población.
 
Durante la Constituyente Rojas podía presumir de ser uno de los pocos juristas indígenas y se destacó por su liderazgo y compromiso y se convirtió en una pieza clave en todo el articulado sobre la reivindicación de los pueblos indígenas.
 
El 4 de julio de 1991, día en que culminó el trabajo de la Asamblea Nacional Constituyente, comenzó una nueva etapa para Francisco Rojas Birry. Días después fue elegido como uno de los miembros del llamado 'congresito' (instancia de transición entre la Constituyente y el primer Congreso después de la nueva Carta). Luego emprendió varias campañas, la primera de ellas en el Concejo de Bogotá, en donde estuvo entre 1992 y 1997.
 
Entre 1998 y 2006 fue elegido como Senador de manera consecutiva y fue allí donde inició su amistad con Samuel Moreno Rojas. También durante ese periodo la Reed de Veedurías Ciudadanas lo señaló por supuestas recomendaciones al entonces Contralor Carlos Ossa Escobar, para el nombramiento de personal en ese ente de control. En el 2004 y por este hecho tuvo que pagar una multa de 45 días de salario.
 
La caída en desgracia de Rojas Birry encontró en esta situación un pintoresco capítulo que le ha permitido ganar tiempo al expersonero de Bogotá que se aferra a que en el nombre de los indígenas haya un pronunciamiento del Concejo de la Judicatura que les sea favorable a los embera, que les permita a ellos castigarlo "con sus propias leyes en caso de que haya delito".


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