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| 8/27/2001 12:00:00 AM

Y si se rompe el proceso...

Si Farc y gobierno se paran de la mesa, ¿podrá el próximo presidente reanudar el diálogo o se demorará el país años para volver a hablar de paz? SEMANA explora los escenarios posibles.

El dilema que se ha planteado el país entre una paz negociada o la guerra es falso. En Colombia la paz siempre será negociada pues muy pocos se pueden imaginar que las Farc puedan ser derrotadas por completo, inclusive después del 11 de septiembre.

La pregunta que muchos colombianos se hacen entonces es si una eventual ruptura de los diálogos con las Farc en las próximas semanas significa que no habrá diálogos por mucho tiempo o si, por el contrario, en menos de un año la guerrilla estaría hablando nuevamente con el próximo gobierno.

Los más optimistas consideran que si las Farc rompieran, sería para poder seguir negociando con el presidente que salga elegido en junio. La lógica de la guerrilla sería la siguiente: si mantienen el proceso —en su estado agónico actual— y el nuevo gobierno los recibe con un replanteamiento de la zona de distensión mucho menos favorable para ellos, como ya lo han prometido Horacio Serpa, Noemí Sanín y Alvaro Uribe, ellos romperían el proceso. Y sería muy difícil retomarlo durante el mismo período.

En cambio si rompen ahora y realizan una escalada militar grande en medio de un ambiente vulnerable para ello, como es el electoral, las Farc podrían asumir que en cuestión de meses todo el país estaría implorando que se vuelvan a sentar a la mesa. Así influirían en la escogencia del próximo presidente y en las condiciones para una nueva negociación.

“Sin embargo esa es una lógica del 10 de septiembre, afirma el analista Carlos Eduardo Jaramillo. Así no lo entiendan las Farc, el 11 de septiembre va a pesar en el desarrollo de la negociación”.

Como otros expertos en el tema Jaramillo, comisionado de Paz durante el gobierno de César Gaviria, considera que tras los atentados terroristas en Estados Unidos las Farc ya no cuentan con todo el tiempo del mundo para hacer la guerra. Las acusaciones que pesan sobre las Farc, ciertas o no, las coloca en la mira de la nueva alianza internacional contra el terrorismo. Se dice que son un factor de desestabilización regional, que tienen vínculos con el IRA y ETA, que mandaron un equipo para entrenar una guerrilla mexicana, que tienen negocios con la mafia rusa, que tienen estrechas relaciones con el narcotráfico y que serían un obstáculo grande para la creación del Area de Libre Comercio de las Américas (Alca).

Si se rompe el diálogo, piensan algunos analistas, sería más probable que la comunidad internacional asumiera medidas enérgicas en su contra. Decisiones como suspenderles a los miembros de las Farc visas o congelar sus cuentas, que ahora son tan sólo amenazas, se volverían pronto una realidad. Así mismo habría menos reparos en dirigir la ayuda estadounidense en el Plan Colombia contra la insurgencia directamente.

“Esta mayor presión internacional permitiría vislumbrar en el horizonte una derrota militar de la guerrilla y esta perspectiva va a imponer la necesidad de entrar a nuevas negociaciones de paz con un horizonte claro”, dice Jaramillo.

Luis Guillermo Giraldo, ex negociador del gobierno en el proceso con las Farc, considera que es mejor acabar con las negociaciones que continuar con el proceso tal como está. “La estructura del proceso está hecha para que las Farc avancen en su estrategia de tomarse el poder, lo cual aleja la posibilidad de que firmen algún acuerdo”, dice. Opina que las audiencias públicas les sirven para hacer propaganda, que la zona de distensión les funciona como un territorio para atrincherarse política y militarmente y que el canje tiende a terminar con la moral combativa del Ejército. Y que además, dice Giraldo, el proceso ha exacerbado los males del conflicto pues el creciente secuestro de congresistas busca presionar la aprobación del canje permanente y, por otro lado, cada vez que los paramilitares perciben un avance en la negociación cometen una masacre. “Las técnicas de apaciguamiento le dan más hambre a la fiera, dice Giraldo. Es mejor que el proceso se acabe y que lo negocie el nuevo presidente con un liderazgo fuerte y una oferta de proceso de paz distinto. Si las Farc no aceptan el país y el mundo sabrán que es inevitable la guerra. Así vamos a llegar a la muerte en pedacitos”.

Los mas pesimistas

Varios conocedores del proceso creen que si se rompen las negociaciones volver a entablarlas en pocos meses será imposible. Tienen varias razones para pensar así. La primera es sencilla. Y es que una vez que se acabe la zona de distensión y los guerrilleros se dispersen hacer contacto con ellos sería muy difícil. Una cosa es llamar a Los Pozos en el Caguán y otra tratar de encontrarlos en el Yarí.

Pero hay otras razones. Antonio Navarro, representante a la Cámara, piensa que las negociaciones tardarían varios años en reanudarse porque las Farc tendrían que aceptar un esquema menos favorable del que tienen hoy. La correlación de fuerzas ya no se inclina a su favor como en 1998, cuando comenzaron las negociaciones. “Habrá un fuerte conflicto hasta que se recomponga el equilibrio”, pronostica Navarro.

Cuando Pastrana llegó a la Presidencia encontró una guerrilla victoriosa, con varios triunfos militares en línea como los de las Delicias, El Billar y Patascoy. La profesionalización de las Fuerzas Armadas durante este gobierno les ha permitido neutralizar la guerra de movimientos que habían iniciado las Farc. El caso más evidente fue el de la Operación 7 de Agosto, en Guaviare, cuando las Farc intentaron infructuosamente movilizar una columna de más de 1.000 hombres. La operación guerrillera fracasó por la acción de la Fuerza de Despliegue Rápido. Pero este fortalecimiento tampoco ha sido suficiente para que el Ejército les quite a las Farc la iniciativa en la guerra de guerrillas. “La ayuda internacional podría fortalecer a las Fuerzas Armadas pero no veo que esto les vaya a permitir dar un gran salto en lo militar”, dice Navarro. El, a diferencia de Jaramillo, cree que la amenaza de la cruzada internacional contra el terrorismo no va a ser un factor disuasivo para las Farc. Primero, porque la guerra en Colombia vive de recursos internos y no depende de financiación internacional como Al Qaeda, por ejemplo. Y segundo, porque Estados Unidos no va a ir más allá del Plan Colombia, que ya definió como su proyecto antiterrorista para este país.

El riesgo que sí ve Navarro después del 11 de septiembre es que la comunidad internacional perciba a los guerrilleros como simples delincuentes internacionales. “Los comandantes nunca negociarán por temor a ser extraditados posteriormente y tendríamos un conflicto de larga duración”, afirma.

El peor escenario de un conflicto largo sería que ‘Manuel Marulanda’ muriera —que no es tan improbable dado que tiene 73 años— y que las diferencias que ya se perciben dentro de las Farc condujeran a un fraccionamiento de la guerrilla. “Sería la africanización del conflicto”, dice Navarro.

Por ejemplo el frente Jacobo Arenas, considerado élite en las Farc, tardó siete semanas en cumplir la orden del Secretariado de soltar a los alemanes secuestrados. Según fuentes allegadas al grupo subversivo el frente estaba reacio a acatar las instrucciones de unos comandantes que no estaban arriesgando la vida todos los días como ellos. Los frentes de la guerrilla tienen recursos propios importantes, controlan territorios y tejen sus propias alianzas locales con políticos o delincuentes, como en Caquetá. Pueden existir sin depender del Secretariado. Algo que ya ha comenzado a suceder con las autodefensas, cada vez menos unidas desde que Carlos Castaño perdiera el liderazgo único de la organización. Esto, en concreto, significaría que el gobierno perdería un interlocutor único para negociar, presupuesto básico para un proceso de paz.

Otras formulas

Las opiniones anteriores exploran diferentes escenarios que se darían en caso de la ruptura del actual proceso de paz. Pero hay quienes están convencidos —Navarro entre ellos— de que el proceso aún tiene salvación y mencionan diferentes fórmulas.

La más analizada por todos, aunque también la más polémica, es la convocatoria a una Asamblea Constituyente, como está esbozada en el documento de los Notables, luego de una tregua exitosa. Pero también hay otras ideas menos radicales. Carlos Franco, analista de paz, propone que el Frente Común contra la Violencia, que congrega a Horacio Serpa, a Noemí Sanín, representantes de los gremios económicos, activistas de derechos humanos y otros miembros del Establecimiento, se reúna directamente con las Farc y se convierta en un dinamizador de la negociación. “Ninguna candidatura quiere acompañar al gobierno en la negociación, dice Franco. En esas condiciones, ¿cómo pueden las Farc confiar en la continuidad del proceso?”.

Franco también propone conformar un nuevo grupo de países amigos compuesto por aquellas naciones afectadas por el conflicto colombiano, como Venezuela, Panamá, Ecuador y Perú. “Ante la nueva situación internacional los países amigos actuales no pueden ayudar así quisieran”, dice. Otros sugieren la conformación de un grupo internacional de alto nivel conformado por premios Nobel de Paz, como Rigoberta Menchú, Oscar Arias y Adolfo Pérez Esquivel, que sirvan como mediadores entre las partes.

Eduardo Aldana, otro estudioso del tema, sostiene que a Colombia le está sucediendo lo mismo que a la Unión Soviética: que siempre se preparó para enfrentar al enemigo externo pero colapsó desde adentro por sus propias deficiencias. “En vez de gastar energías en hacer aparentes grandes cambios con resultados marginales, Colombia debería hacer los cambios de fondo, como la reforma política y agraria, que llevan a la disolución del conflicto sin necesidad de la guerra ni de la negociación”, explicó.
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