Lunes, 23 de enero de 2017

| 2016/06/10 11:18

Roy Barreras ¿señales de una precandidatura?

Al salir de la presidencia del Partido propone imponer a su sucesor la inhabilidad para aspirar a la presidencia o al Congreso.

Roy Barreras Foto: Juan Carlos Sierra / SEMANA

“Quién sea elegido en agosto Director Único del Partido de la U por parte de la Asamblea o por parte de la bancada parlamentaria -si la Asamblea le asigna está función-, se dedicará de tiempo completo y de manera exclusiva a la conducción de la colectividad y estará inhabilitado para participar en las elecciones de Congreso o en la consulta presidencial interna del Partido, por cuanto no se puede ser juez y parte en la contienda electoral”.

El texto hace parte de una de las últimas proposiciones que Roy Barreras firmó como presidente del Partido de la U, dignidad que ocupó hasta el pasado miércoles, cuando delegó en el senador Armando Benedetti la dirección de la colectividad.

Si el martes, la bancada de parlamentarios la aprueba, quiere decir que quién llegara asumir en propiedad la presidencia del partido en la Asamblea prevista para el mes de agosto, deberá renunciar a cualquier aspiración política. En concreto, no podrá ser candidato al Congreso ni candidato a la presidencia.

De esta nueva inhabilidad se desprende Barreras al momento de abandonar la presidencia de La U, y para algunos, esta proposición fue interpretada como una señal respecto de que el senador, y hoy negociador de paz en La Habana, pueda ser candidato presidencial por el Partido de la U.

Si el presidente Juan Manuel Santos ha tenido un socio incondicional desde cuando llegó a la Presidencia ese ha sido el senador Roy Barreras, su principal alfil en el Senado.

Aunque el país conoció a Barreras como uno de los uribistas de primera fila, de hecho, edificó su primera campaña al Senado alrededor de la figura de Álvaro Uribe, también fue de los primeros en alejarse del expresidente. Pasó de defender a ultranza la política de seguridad democrática, a montarse al tren de la paz cuando pocos eran sus ocupantes.

Es precisamente el proceso de paz el que ha marcado esta complicidad de Barreras con Santos. El presidente se ha jugado todo su capital político, y el fin del conflicto se ha concentrado en el principal legado que quiere dejar al país. El senador de La U se ha convertido en el principal protagonista en el Congreso en los asuntos relacionados con la paz, y probablemente en su trabajo se puedan esconder intereses o ambiciones políticas futuras.

En los primeros meses del gobierno de Santos, cuando no se advertía en el radar un escenario de negociación con la guerrilla (en el primer año de Santos se dieron golpes como los bombardeos contra el ‘Mono Jojoy’ y ‘Alfonso Cano’, número uno de las FARC), Barreras sorprendió con varias iniciativas.

Primero, consiguió revivir las comisiones de paz de Senado y Cámara, intrascendentes en los ochos años de gobierno de Uribe, y a las que el mismo senador había censurado cuando las presidía Piedad Córdoba. Instaló mesas conjuntas por todo el país, invitó a participar en ellas al exjefe del ELN Francisco Galán. Como resultado, en septiembre del 2011 presentó el marco jurídico para la paz, cuando aún se desconocían los acercamientos entre el Gobierno y las FARC.

Luego, oficializadas las negociaciones e instalado el proceso de paz, Barreras, como presidente de la Comisión de Paz, recorrió el país en las audiencias de víctimas, fue ponente del proyecto de referendo para la paz y ahora es autor de la idea de refrendar los acuerdos de paz vía plebiscito, y es quien defiende en el Senado el acto legislativo para la paz que crea una especie de congresito para implementar los acuerdos a los que se llegue en La Habana, de forma rápida.

Encabezó las primeras reuniones de congresistas con las FARC en la capital cubana, y recientemente fue nombrado por el propio Santos como nuevo integrante del equipo negociador.

Desde que llegó a La Habana ha conseguido que las FARC acepten la refrendación popular (solo falta convencerlos en que sea mediante plebiscito), les quitó la idea de la Asamblea Constituyente, y consiguió que en el acto legislativo para la paz se aprobara parte del blindaje jurídico de los acuerdos de La Habana.

El protagonismo alcanzado por Barreras en la que es la principal política de gobierno, ha puesto a pensar a muchos sobre la posibilidad de intereses políticos y electorales escondidos. No existe político alguno que no siembre sin el propósito de cosechar. Y probablemente Barreras apueste su futuro en su trabajo por la paz.

El escenario parece prematuro, pues las elecciones presidenciales del 2018 aún se advierten lejanas, pero lo que sí se anticipa es que la paz y el posconflicto lo determinarán.

Si todo sale como Santos y Barreras lo han calculado, en las próximas semanas ocurrirá la firma de los acuerdos que pongan fin al conflicto, la dejación de armas por parte de las FARC y el inicio de la reincorporación a la vida civil de los guerrilleros. Por eso, el presidente que los colombianos elijan en el 2018 será quien garantice la etapa del posconflicto.

En el 2018, el Partido de la U, según palabras del propio Barreras, tendrá la misión de defender la obra de gobierno del presidente Santos. Pero no se advierte un escenario fácil para esta colectividad.

Desde cuando se fundó, en el 2006, nunca ha perdido las elecciones presidenciales, con Uribe y Santos a la cabeza. Y aunque es el partido con mayor número de congresistas y en las pasadas elecciones mantuvo su representación regional (obtuvo siete gobernaciones, por ejemplo), actualmente carece de un candidato presidencial con amplias posibilidades.

Lo que La U ya ha definido es que, al menos en la primera vuelta, irá con candidato presidencial propio, y para elegirlo, se habilitará el mecanismo de la consulta. ¿Nombres? Aún no aparecen, pero el Barreras probablemente esté en el partidor.

Tras quitarse cualquier inhabilidad al abandonar la presidencia del partido, Barreras le confesó a Semana.com que una precandidatura suya dependerá exclusivamente de los avances en el proceso de paz con la guerrilla del ELN, de lo contrario seguirá de tiempo completo con los asuntos de la paz. Si llega a culminar ese proceso, que ni siquiera ha iniciado en su fase pública, Barreras pondría su nombre a consideración en la consulta.

Probablemente haya numerosos indicios para afirmar que Roy Barreras esconde aspiraciones políticas tras su protagonismo por la paz. Pero lo que se advierte es que la influencia que ha conseguido al lado del presidente Santos es insuficiente para catapultarlo a la Casa de Nariño.

Los números pueden demostrarlo. Barreras, en el 2010, cuando era uribista, se convirtió en el quinto elector de la U, al sacar 81.339 votos, los cuales lo llevaron por primera vez al Senado. Cuatro años después se estancó. En el 2014 sacó 80.534 votos y fue el noveno senador de su partido. Es decir, no ha crecido en las urnas.

Sin embargo, tratándose de Roy Barreras, nadie puede decir la última palabra. Y puede que sorprenda con una precandidatura presidencial. Sin embargo, a pesar de su trayectoria como senador, aún no alcanza la talla de los presidenciables que deambulan en el ambiente, como el vicepresidente Germán Vargas Lleras, el jefe negociador Humberto de la Calle, el procurador Alejandro Ordóñez y el alcalde Gustavo Petro.

Probablemente, y como cualquier dirigente político, Roy Barreras sueñe con la Casa de Nariño, pero, como dice una expresión muy colombiana, “aún le falta pelo para el moño”.

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