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| 6/9/2012 12:00:00 AM

Rumbo a la gloria olímpica

Nunca antes tantos colombianos habían participado en unos Olímpicos como este año en Londres. Un triunfo que muestra que Colombia ya es una potencia deportiva.

El 30 de julio de 1932, un atleta boyacense pisó la pista del Coliseo Memorial de Los Ángeles. Más de 1.300 deportistas de 37 países habían arribado a California, pues se inauguraba la décima edición de los Juegos Olímpicos. Al advertir que el colombiano estaba solo, los 100.000 espectadores rompieron en una ovación. En tiempos en que el apoyo al deporte era escaso, el maratonista de Samacá se había postulado al certamen a título personal y había sido admitido. Una foto lo muestra-"un joven de piel tostada por el sol tropical y cabellos rojos", escribió años después SEMANA- caminando con la cabeza en alto y el tricolor. Jorge Perry Villate fue el primer colombiano que participó en unas olimpíadas.

Casi exactamente 80 años después, 107 sucesores suyos participarán en los Juegos Olímpicos de Londres, que comenzarán el 27 de julio. Esa cantidad sin precedentes y las altas expectativas que directivos y expertos tienen de las mujeres y hombres que representarán al país ya son una gran victoria, considerando que hace cuatro años solo 67 viajaron a Beijing y que esa había sido la cifra más alta desde los Juegos de Múnich en 1972. Además, pensar que las 11 medallas obtenidas en 106 años de historia olímpica podrían ser duplicadas no es absurdo. Cuando en siete semanas la delegación colombiana recorra la Villa Olímpica de Londres, el mundo no estará viendo a un solo atleta en la pista, sino a un país encaminado a convertirse en potencia deportiva.

"Auguro varias medallas a Colombia y no exagero", dijo a SEMANA Helmut Bellingrodt, un barranquillero de padres alemanes que hace 40 años se convirtió en la primera 'gloria olímpica' del país, cuando en Múnich 72 ganó una medalla de plata en tiro al jabalí. Doce años después, en Los Ángeles, ganaría una más. Eran tiempos austeros para los atletas colombianos. No había competencias previas, el apoyo del Estado y de la empresa privada era insuficiente y las disciplinas olímpicas no terminaban de cautivar a la prensa. "Las federaciones tenían que 'hacer de tripas corazón'. Y nosotros éramos puro espíritu", dijo Bellingrodt, que hoy es cónsul en Cuba. "La diferencia es que el deporte ha empezado a ser una política de Estado".

Bellingrodt está en lo cierto. Si bien el ímpetu olímpico ya había empezado a crecer cuatro años después de la hazaña de Perry Villate -con la fundación del Comité Olímpico Colombiano (COC)-, a comienzos de este siglo Colombia se disparó hacia la cúspide de su rendimiento. No sin razón, mientras el presidente Juan Manuel Santos ponía la bandera de Colombia en manos del nadador Ómar Pinzón el pasado martes, resaltó emocionado "el trascendental avance del deporte de alto rendimiento en el país".

"Esto no pasó de la noche a la mañana", dijo a SEMANA Baltazar Medina, presidente del COC. La bonanza olímpica de hoy obedece a un paso revolucionario que permitió al éxito deportivo dejar de ser un mérito solitario, como el de la pesista María Isabel Urrutia que, a punta de empuje, una mañana de 2000 despertó a los colombianos con el primer oro olímpico de la historia. Ese mismo año, el fallecido Diego Palacios, entonces director de Coldeportes, estableció en el país una cultura de planificación deportiva. Y el aumento de cuatro puntos al IVA durante el gobierno de Álvaro Uribe para destinarlos al deporte, aunque hoy abolido, fue esencial en su momento. Se intensificó el trabajo profesional con los deportistas. Biomédicos, psicólogos, nutricionistas y metodólogos llegaron a las federaciones para ejecutar reformas, sin las cuales Colombia se habría quedado por décadas atrás de sus competidores naturales: Venezuela y Argentina. Y aunque el sector privado aumentó sus inversiones, nada habría sido posible sin la ayuda estatal. En 2011, el gobierno invirtió 30.000 millones de pesos y, en lo que va corrido de 2012, la suma ya alcanza los 20.000 millones.

Los resultados han sido impactantes. En 2003, Colombia alcanzó diez títulos en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo. Un año después, la ciclista María Luisa Calle obtuvo una medalla de bronce en los Olímpicos de Atenas, a la que se sumaron, cuatro años después en Beijing, una del pesista Diego Salazar y otra de la luchadora Jackeline Rentería. En 2010, llovían los honores: Colombia recibió cinco medallas en los Juegos de la Juventud en Singapur, superó las 100 en los Juegos Centroamericanos de Mayagüez y por primera vez se coronó ganador en un evento del 'ciclo olímpico'. Como para rematar, el año pasado, en los Panamericanos de Guadalajara, la delegación colombiana fue premiada como la de "mayores progresos", tras obtener 24 medallas de oro, 25 de plata y 35 de bronce.

No solo el dinero y la iniciativa pública y privada son los bastiones de la bonanza olímpica. Nada habría sido posible sin el abundante talento deportivo de los colombianos. El interés del país por el deporte de alto rendimiento no habría crecido sin la genialidad y el empuje de figuras como Ximena Restrepo o María Isabel Urrutia, entre otros. Este año, atletas, boxeadores, ciclistas, futbolistas, nadadores, pesistas, arqueros, luchadores y muchos más competirán contra 10.500 deportistas de 205 países. Algunos ya le apuestan a medallas para la bicicrosista Mariana Pajón, el nadador Ómar Pinzón y la atleta Catherine Ibargüen. Y aunque por ahora esto solo sea teoría, la verdad es que los avances deportivos permiten esperar en Londres una ola de triunfos colombianos.
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