Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/08/28 00:00

Rumbo al sur

La primera visita al exterior de Juan Manuel Santos, a Brasil esta semana, corrobora el interés del nuevo gobierno de acercarse a América Latina.

El primer viaje de un Presidente suele analizarse como una señal sobre sus prioridades. Juan Manuel Santos escogió a Brasil y con el presidente Lula discutirá temas económicos y de seguridad.

Que el presidente Juan Manuel Santos haya escogido a Brasil como destino de su primera visita al exterior ratifica que su gobierno le está dando un giro a la política exterior. Un cambio para acercarse a Latinoamérica, que ya se había percibido en la gira que hizo a varios países del continente antes del 7 de agosto, y en la participación del secretario de Unasur, Néstor Kirchner, en el proceso de reapertura de las relaciones bilaterales con Venezuela. Todo indica que en la visión pragmática del nuevo mandatario no existe un dilema entre una relación especial con Estados Unidos y una integración profunda con América Latina, y que les está apuntando a las dos.

El primer viaje de un Presidente suele analizarse como una señal sobre sus prioridades. Y hay varias razones por las cuales el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva -cuyo mandato termina el 31 de diciembre- amerita ese nivel de atención. Colombia y Brasil son vecinos y están unidos por la región amazónica, pero sus vínculos bilaterales nunca se han desarrollado de acuerdo con su potencial. El alto perfil de Brasilia en la política mundial y la nueva arquitectura de las relaciones hemisféricas -menos dependientes de Washington- le dan un valor estratégico alto a la comunicación entre las dos naciones.

Ambos gobiernos tienen interés en las relaciones económicas y comerciales. La embajadora de Colombia, María Elvira Pombo -recién llegada- fue directora de Proexport y antes había sido representante de ese organismo en São Paulo, tiene ese perfil. El gigante brasileño, como mercado y como inversión, está en la mira de Colombia.

También hay varios temas pendientes de tipo político. En los últimos años las tensiones entre Colombia y Venezuela causaron un alejamiento entre Bogotá y Brasilia. Lula da Silva optó por una posición neutral, no siempre comprendida y con frecuencia criticada. Pero ahora, con el nuevo clima que se ha generado entre los gobiernos de Santos y de Hugo Chávez, ese factor desaparece. El nuevo mandatario colombiano expresó con toda claridad, en su discurso de posesión, que prefiere vínculos directos con Caracas y que no necesita intermediarios.

Lula da Silva, en consecuencia, tiene razones para estrechar los lazos con Colombia y no por coincidencia le dará a su encuentro con Santos el carácter de visita de Estado, el más alto en el ranking de protocolo de Itamaraty, la famosa cancillería brasileña. Colombia ha sido una pieza clave, y no siempre presente, en los esfuerzos del actual Presidente brasileño para fortalecer la cooperación entre los países de América del Sur y seguramente Brasil insistirá en buscar el esquivo apoyo de Colombia a su candidatura como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

En solo un mes, el 3 de octubre, la candidata de su partido, Dilma Roussef, es favorita para ganar la presidencia -las encuestas la aproximan a una victoria en primera vuelta- aunque los analistas consideran que si gana el candidato de la oposición, José Serra, no habría grandes cambios en la política exterior.

Los presidentes Santos y Lula da Silva abordarán también una agenda amplia sobre temas de seguridad y defensa. La presencia de grupos armados ilegales colombianos en la frontera y el auge del tráfico de drogas ilícitas hacia el sur se han agravado. Santos conoció estos problemas cuando ocupó el Ministerio de Defensa, época en que recibió dos o tres veces a su colega brasileño, Nelson Jobim, con quien tendrá un encuentro en Brasilia. La agenda incluye temas como el reclamo colombiano por el incumplimiento de un contrato entre el Ministerio de Defensa y Embraer, la adquisición por parte de Colombia en el pasado de aviones de combate Supertucanos, la eventual compra de Brasil de patrulleras blindadas para ríos a la empresa Cotecmar y un posible acuerdo para el uso de pistas de aterrizaje en la frontera para el combate del narcotráfico, el contrabando de precursores y el tráfico de los garimpeiros del oro.

Y en otros campos -incluida la cooperación en áreas de frontera y entre las policías en materia de inteligencia- se firmarán nuevos convenios. El encuentro Santos-Lula será apenas un primer paso de una larga tarea que está por delante.

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