Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/11/20 00:00

Ruptura para la paz

Se propone convertir la negociación política en un diálogo civil, donde además de convertir al ciudadano desarmado en el protagonista central de la paz, se transite también hacia un verdadero pacto social

Ruptura para la paz

Cuando Pastrana realizó en época electoral, su entrevista personal con Marulanda, el jefe de las Farc, se discutió fundamentalmente una filosofía para la paz: se construyó un paradigma y una metodología.

El proceso de paz sería básicamente un proceso de negociaciones políticas exclusivas entre las Farc y el gobierno nacional; y se realizaría en medio del conflicto armado.

Era obvio que bajo tal paradigma se produciría un incremento del enfrentamiento armado. El volumen de la guerra e incluso su salvajismo es determinante para asegurar posiciones en la negociación. Desde tal perspectiva, el Plan Colombia, como plan de guerra, obedece a la lógica misma del proceso de paz acordado por Marulanda y Pastrana; pero además, la negociación misma, ajena casi que por completo a la sociedad colombiana, tenía que originar la mayor de las desconfianzas en el seno de dicha sociedad.

Quizás porque Pastrana y las Farc expresan dos proyectos políticos diferentes pero profundamente autoritarios, podrían sentirse mutuamente cómodos en la estrategia de paz construida conjuntamente, pero la sociedad, citada apenas para sesiones que recuerdan la Real Audiencia Colonial, no podía estarlo, y su actitud de indiferencia al principio, de desconfianza luego, pasó, poco a poco, al verdadero rechazo, condenando con un manto de ilegitimidad el esfuerzo realizado. El proceso de paz comenzaba a naufragar.

Las voces de quienes quieren hundir todo intento de negociación política han cobrado fuerza tras la debilidad demostrada por la negociación en estos dos últimos años. Una derecha armada y desarmada avanza en la opinión pública pretendiendo hundir toda posibilidad de diálogo y frenar cualquier intento de negociación. La catástrofe total de una sociedad y de una Nación está a la vuelta de la esquina, atizada por quienes saben a ciencia cierta que la ausencia de la guerra significa también una ausencia de negocios leoninos, de oportunidades de corrupción, de ganancias construidas sobre la violencia, la muerte y la ‘debacle’ de los derechos humanos .

La pasada Conferencia de Costa Rica nos propone una nueva filosofía, otro paradigma y otra metodología para la paz.

Se propone convertir la negociación política en un diálogo civil, donde además de convertir al ciudadano desarmado en el protagonista central de la paz, se transite también hacia un verdadero pacto social ineludible si se quiere una sociedad con reglas de convivencia pacífica perdurables.

El diálogo civil como estrategia de negociación se puede establecer en medio de un contexto del conflicto armado, precisamente para crear las confianzas y legitimidades necesarias; por eso de Costa Rica surgieron propuestas de pausas armadas, de cese al fuego, de comprometimientos al Derecho Internacional Humanitario, entre otros.

En mi opinión personal, construida en esas horas de búsqueda de puentes y de espacios comunes entre el gobierno, la sociedad civil allí representada y el ELN, puedo afirmar que esos días fueron de verdadera historia.

GUSTAVO PETRO URREGO
Parlamentario
gpetro@hotmail.com

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