Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Saldo en rojo

La seguridad democrática se rajó en Arauca. Es urgente un esfuerzo para que la frontera deje de ser refugio de guerrilleros.

Saldo en rojo

Todas las mañanas en La Voz de Cinaruco, emisora local de Arauca, los familiares de Ana Rosa Segura le envían mensajes de aliento. En una de las puertas de la emisora se ve su foto. Jovial, con una espesa cabellera ensortijada. Hasta el 19 de septiembre trabajaba como contratista de Caño Limón, y con su modesto salario sostenía a sus padres y a una hija adolescente. Pero ese día fue secuestrada en El Amparo, Venezuela, por el ELN. Este pequeño poblado, a orillas del río Arauca, es sinónimo de miedo. Allí ha ocurrido la mayor parte de los 17 secuestros que se han cometido en este año en ese departamento. Desde allí se coordinan las romerías de comerciantes que viajan, en lanchas de bandera colombiana, hacia Venezuela a pagar extorsiones. En medio de enorme sigilo son llevados por caños y montañas en caminatas que duran a veces todo un día, cambian de contacto varias veces hasta que llegan a encontrarse cara a cara con alguno de los hombres de las Farc. Casi siempre con 'Misael', un áspero comandante del Frente X, que les impone la 'vacuna'. Luego, retornan a Arauca, en lanchas de bandera venezolana. Y callan. Lejos de seguridad, en Arauca se respira miedo y desconfianza. El gobernador, Julio Acosta Bernal, que ha sufrido siete atentados, anda con la pistola a la mano cual sheriff del viejo oeste. Los 12 periodistas de la ciudad sólo pueden hacer su trabajo custodiados por la Policía. Cada vez que hay una rueda de prensa, salen apiñados en dos camionetas junto a los agentes que los cuidan. Older Cáceres, un locuaz diputado, exhibe al cinto un arma. "Estoy sin escoltas", dice. Muchos en Arauca cargan pistolas o guardia personal. Los demás tienen miedo. Hace apenas tres meses, en la plaza principal de Arauca estalló una bicicleta bomba, a pesar de que se encuentra en el perímetro custodiado por la Policía. Y en octubre se vivió un paro armado de 22 días, ordenado por las Farc días que inmovilizó el departamento, y dejó pérdidas cercanas a los 12.000 millones de pesos. Cuatro personas fueron asesinadas, y dos torres de energía derribadas dejaron a oscuras al departamento. A pesar de que tanto el gobernador como el Ejército y la Policía salieron a pedirle a la población que hiciera una vida normal, no lo lograron. Los araucanos temían una retaliación guerrillera y se quedaron en sus casas. Arauca había sido durante casi dos décadas una región controlada por el ELN. A finales de los años 90, las Farc les disputaron a sangre y fuego la hegemonía a los elenos. Las regalías petroleras, la coca y, sobre todo la frontera, estaban en la mira de esa guerrilla. Era vox populi que la vida institucional de Arauca estaba infiltrada hasta el tuétano por la guerrilla. Ahora es un territorio en disputa. En agosto de 2002 el presidente Álvaro Uribe declaró una parte del departamento como zona de rehabilitación y su laboratorio de paz. Tan obsesionado estaba Uribe con el tema de Arauca, que cuando arrancó la zona de rehabilitación se fue a 'despachar' desde allá. Desde entonces, la región se ha convertido en el termómetro que permitirá medir el éxito o el fracaso del gobierno en el tema de seguridad. Los primeros dos años la ofensiva militar fue envolvente. Se incrementó el pie de fuerza (de 5.766 se pasó a 7.839) y se logró poner en funcionamiento un batallón de 12 helicópteros. Las medidas excepcionales de control al ingreso de la población que se tomaron al amparo de la zona de rehabilitación y las capturas masivas, aunque muy cuestionadas por ser indiscriminadas y violar los derechos humanos, lograron el efecto de espantar a muchos milicianos que tenían azotada a la población. Luego se creó una estructura de apoyo de la Fiscalía. Con un trabajo de meses, se logró capturar una parte importante de la clase política que estaba trabajando directamente bajo órdenes del ELN y que incluso ya fue condenada. Dos ex gobernadores y un ex alcalde, entre otros. La otra pata de la estrategia fue proteger la infraestructura petrolera. Y en este aspecto los logros son evidentes. Mientras en 2001 hubo más de 100 atentados al oleoducto, en 2002 hubo 23 y este año apenas se han registrado tres en la región. Ni siquiera durante el paro armado se afectó el bombeo de petróleo. No en vano el 60 por ciento de la Fuerza Pública (unos 3.000 soldados) está dedicado a cuidar los campos petroleros, los 178 kilómetros de oleoducto y las 320 torres de energía que mantienen la explotación de Caño Limón. "Me tocó poner dos soldados por cada torre", dice el general Hugo Libardo Gutiérrez, quien desde hace pocas semanas dirige la Brigada XVIII. Pero la guerrilla se adaptó pronto a la nueva situación. "Al principio estuvieron desconcertados porque con la seguridad democrática les cortaron la movilidad, el abastecimiento, capturaron muchos de sus milicianos. Pero Uribe no contaba con Venezuela", dice un araucano que pidió la reserva de su nombre. Esta es la realidad que desnudó el reciente paro armado decretado por las Farc en Arauca. Durante 22 días la región estuvo paralizada aunque ni la producción petrolera se detuvo, ni la guerrilla logró, como pretendía, aislar el departamento dinamitando los dos puentes más importantes. Pero si el petróleo no sufrió los estragos de la arremetida guerrillera, la población civil sí. Dos taxistas de Arauca fueron asesinados, presuntamente por desobedecer la orden de paro. El conductor de una ambulancia que salió de Saravena fue acribillado en plena carretera, sin motivo aparente. El hecho se le ha atribuido al ELN. Se teme que sea una retaliación contra empleados del sector salud de Saravena que han sido contratados sin su venia. Además, dos niñas de 14 y 17 años fueron asesinadas en La Esmeralda, en Arauquita, según dicen los allegados, por hablar con los militares. Sin contar las cuatro busetas que fueron incineradas en las carreteras. Todos estos actos, según testimonios de los propios habitantes, los realizan guerrilleros que habitan al otro lado del río y que en menos de cinco minutos pueden cruzar el río, en una rústica embarcación, caminar unos cuantos metros, llegar hasta la carretera, quemar una buseta, derribar una torre o matar a alguien. El 28 de octubre, cuando un sicario llegó hasta Arauquita, le disparó al secretario privado de la Alcaldía, que estaba almorzando en un restaurante junto a otros secretarios del despacho. El asesino corrió unos pocos metros, tomó una lancha y cruzó el río. Policía y Ejército se quedaron de este lado, sin poder perseguirlo. La frontera venezolana se convirtió en un agujero negro por donde se han ido perdiendo los esfuerzos de seguridad que se hacen de este lado del río. Las guerrillas están a todo lo largo de los 408 kilómetros de frontera fluvial, del lado de Venezuela. En El Amparo, frente a la capital; en La Victoria, frente a Arauquita; en todo el río Nula, en las selvas de San Camilo. "Por la isla del Charo entran los insumos hasta cristalizaderos en alrededores de Saravena. Por allí mismo sale en promedio una tonelada de coca cada mes", dice un oficial. En septiembre pasado, en Guasdualito, Venezuela, fue capturado un importante jefe de milicias del ELN. Nilson Navarro, o el 'Flaco', considerado por los organismos de inteligencia como uno de los hombres que más atentados terroristas ha dirigido en Arauca. Sorpresivamente, antes de que se cumpliera su extradición a territorio colombiano, fue liberado. Se cree en la región que para lograrlo, el ELN corrompió a algunos agentes de la Disip. En otros casos la coordinación y el intercambio de inteligencia han funcionado. Un buen ejemplo es la detención de Felipe 'Pescado', considerado un pez gordo de las Farc en la frontera. Según relato de quienes conocieron el episodio, el hombre, que vivía plácidamente en El Amparo, fue traído con engaños al lado araucano y detenido. Una historia que para muchos resulta increíble. Estos dos casos demuestran que la seguridad democrática en Arauca depende de la política de frontera. Si no hay una ofensiva diplomática en este sentido, el esfuerzo de seguridad no es sostenible. "El problema es que al otro lado hay un Ejército que no está en guerra", le dijo a SEMANA un oficial del Ejército. No obstante, eso está cambiando. El 29 de octubre pasado se registró un combate en La Palma, Venezuela, que aunque no trascendió en los medios, dejó varios muertos en la guardia del vecino país, incluido un teniente. Hace tres semanas los gobernadores de Apure (Venezuela) y Arauca se reunieron por segunda vez. "Allá pensaban que las Farc eran Robin Hood, pero como ahora los están secuestrando y matando gente, están muy preocupados", dice el gobernador Acosta, para quien las diferencias políticas no son obstáculo para acuerdos fronterizos. Acosta es optimista sobre una propuesta binacional para coordinar las acciones policiales, de inteligencia y militares, en la frontera, "que ya está en el escritorio de la canciller". Sin embargo, aunque el apoyo del gobierno del presidente Hugo Chávez es crucial para la seguridad de Arauca, no todos los problemas están en Venezuela. En estos tres años el gobierno ha logrado golpear al ELN de manera significativa. En cuanto a las Farc, se calcula que sus milicias doblan el número de los 800 guerrilleros que hay en la región. Éstos hacen inteligencia, crímenes selectivos y, según lo demuestran las capturas más recientes, están llegando de otras regiones del país, para no ser identificados por la red de cooperantes. Con los milicianos respirándoles en la nuca, a los araucanos les queda muy difícil denunciar los crímenes de los que son víctimas. "No tengo ninguna denuncia de extorsión este año", le dijo a SEMANA el mayor Dayro Hernán Puentes, comandante de la Policía de Arauquita. Capturar líderes comunales o sindicalistas es fácil. Probar que son guerrilleros, difícil. El 80 por ciento de las personas que fueron detenidas en las capturas masivas están en libertad. Muchos eran inocentes señalados por informantes sin escrúpulos. Tampoco ayudó el asesinato de los tres sindicalistas en Caño Seco por parte de una patrulla del Batallón Reveiz Pizarro. Las violaciones de derechos humanos son un talón de Aquiles para un Estado que tiene que demostrarle a la gente de Arauca que es mejor negocio estar del lado de la institucionalidad que de la insurgencia. Otra enorme debilidad de la seguridad democrática es la creciente presencia paramilitar en el sur del departamento. En particular, la ascendente cifra de homicidios y desplazamiento forzado en Tame, donde además han ocurrido siete masacres en estos años. Los paramilitares fracasaron en su intento por instalarse en Saravena. "La denuncia que hicieron las organizaciones de derechos humanos logró aplacarlos", dice Martín Sandoval, del comité permanente de derechos humanos. El experimento de seguridad democrática en Arauca deja un enorme sinsabor. Si el objetivo era proteger el bombeo de petróleo el gobierno y las Fuerzas Militares salen bien librado. Los ingresos del petróleo son fundamentales para el gobierno y las regalías. Pero lo crucial en la seguridad es la gente. Y las cifras no son alentadoras. La percepción de seguridad, especialmente después del paro, está por el piso. Las muertes no dan tregua. Este año ha habido 172 homicidios de civiles. En la Fuerza Pública las bajas se han incrementado porque se dispararon los campos minados. "Las Farc están en una guerra de desgaste. La única salida es quitarles apoyo de la población civil", dice el general Gutiérrez. Como muchos, él cree que en Arauca lo que hay es una guerra política. Pero ese es el otro lado flaco de la seguridad democrática. No existe una percepción de que la inversión de regalías sea hoy más transparente que antes. Después de que el presidente Uribe congeló las regalías, lo único que se logró fue destinar 90.000 millones de pesos para construir la carretera Tame-Arauca, que unirá a Caracas con Bogotá y que está siendo construida por el Ejército. Aún hoy, las autoridades calculan que 20 por ciento de los dineros públicos están llegando a manos de los grupos armados. Una bicoca que supera los 25.000 millones al año. Si la guerrilla en Arauca es, como dicen los militares, un fenómeno político, los helicópteros y el inmenso pie de fuerza parecen adecuados para el petróleo, pero ineficaces para penetrar en una población que aún no confía plenamente en las Fuerzas Militares. Así, el experimento en Arauca está muy lejos de ser exitoso.

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