Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/03/16 00:00

SALIO DE LA GORDA

A pocas horas de salir de la cárcel, Fernando Botero habló con SEMANA. ¿Cuáles son sus planes?

SALIO DE LA GORDA

los allegados de Fernando Botero estaban seguros de que el ex ministro no iba a salir de la cárcel hasta que terminara este gobierno. Consideraban que el Presidente, después de haber sobrevivido al proceso 8.000, movería todos los hilos del poder para que su principal denunciante no recuperara la libertad antes del 7 de agosto de 1998. No fue así. Después de varios intentos frustrados para salir, sobre la base de reclamar beneficios, sólo hasta el jueves pasado la juez del caso, Uldi Teresa Jiménez, computó los descuentos por estudio y trabajo en tal forma que, a mediodía del 12 de febrero, emitió la boleta de salida. El director del Inpec, tomado por sorpresa, titubeó durante algunas horas y sólo a las siete de la noche Botero pudo, por fin, abandonar la Escuela de Caballería, su sitio de reclusión durante los últimos 30 meses.
Antes de salir, él, su madre Gloria Zea y unos pocos allegados asistieron a una misa de acción de gracias. Esa noche, el ex ministro comió en casa de su madre en compañía de dos parejas de amigos, antes de trasladarse al que será su nuevo hogar.A la nube de periodistas que estuvo pendiente de su salida sólo entregó un lacónico comunicado: "Cometí un grave error y pagué por él". Pocas veces, tan pocas palabras habían expresado tanto. Eran el final de una etapa de la vida de Fernando Botero y el comienzo de otra.
SEMANA sostuvo una extensa conversación telefónica con él antes de su primer fin de semana en libertad. Aparte de la predecible felicidad por el reencuentro con su familia, sorprendía el grado de optimismo del ex ministro: "Me siento muy orgulloso de haber sobrevivido a la aplanadora que me pasó por encima en los últimos dos años. Tengo muchos planes hacia el futuro y los miro en la misma forma positiva y constructiva con que he asumido todos los retos de mi vida", dijo.

A Mexico
En una época se daba por descontado que Botero terminaría viviendo en Londres, ciudad en donde actualmente reside su hermana Lina y donde su madre pasa buena parte del tiempo. Este proyecto ha cambiado. Por el momento, la prioridad de Botero es más una actividad interesante que una ciudad agradable. Su vida hasta el proceso 8.000 giraba alrededor de la política. Al quedar ésta atrás, su nueva pasión es el periodismo. Le gustaría ser director o incluso fundador de algún medio. Sin embargo, es consciente de que es necesario dejar pasar más tiempo y que las cosas se decanten. Mientras alguna aventura periodística se concreta, tiene sus ojos puestos en México. Algunas fundaciones norteamericanas están invirtiendo grandes recursos en las universidades aztecas, para desarrollar programas sobre los peligros de la infiltración del narcotráfico en la sociedad y en la política. Uno de los objetivos principales es que no se repita en México la experiencia colombiana. Como Fernando Botero tal vez ha sido el principal protagonista de esta última, el Colegio de México, una de las más prestigiosas universidades del país, le ha ofrecido una cátedra sobre el tema. Botero, que siempre ha sido hiperactivo y muy buen expositor, se inclina más por la actividad académica en México, que fue el país donde nació, que por la flemática vida londinense en donde no había encontrado actividad concreta para desarrollar. Interrogado sobre qué siente al salir de la cárcel y ver que su coequipero en la campaña samperista, Horacio Serpa, tiene grandes posibilidades de llegar a la Presidencia, respondió: "El proceso fue eminentemente político. Por lo tanto, los desenlaces individuales dependen de los giros de la política. A mí simplemente me tocó la parte mala de la curva y a Serpa la buena. Hubiera podido ser exactamente al revés". Manifiesta no sentir rencor y eso es lo que refleja. "Hay tiempos para la guerra y hay tiempos para la paz. Ahora estoy en los segundos".
En términos generales, considera que ha salido fortalecido de todo el calvario que vivió. Reconoce, sin embargo, sólo un gran dolor: "El proceso 8.000 dañó mi relación con la persona que más admiro y quiero en el mundo, mi padre. Confío en que en la medida en que todos estos episodios queden atrás, las cosas vuelvan a ser como eran antes".
Fuera de todas estas consideraciones filosóficas sobre la vida, Botero enfrenta problemas prácticos inmediatos. Tiene que pagar una multa de más de 2.700 millones de pesos en cuotas bimestrales de 130 millones durante los próximos tres años. Aunque su padre es un hombre adinerado, el ex ministro no tiene fortuna propia y va a tener que hacerle frente a este problema por sí solo. Para la primera cuota, piensa vender un terreno en Carmen de Apicalá y de ahí adelante tendrá que ver qué liquida para acabar de pagar sus deudas con la justicia. Sin embargo, ni siquiera semejante carga logró opacar el entusiasmo de saber que acaba de terminar el capítulo más amargo y negro de su vida.

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