17 septiembre 2011

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Salud estable

CONTROVERSIALas revelaciones de correos cruzados entre Salud Hernández y Carlos Castaño son incómodas para la periodista, pero no significan que les hiciera el juego a los paras, ni son para renunciar.

Salud estable. En realidad el paralelo entre hernández-Mora y Yamhure 
es  incorrecto

En realidad el paralelo entre hernández-Mora y Yamhure es incorrecto

La columnista Salud Hernández-Mora se convirtió, la semana pasada, en el centro de una dura polémica. Varios twitteros se ocuparon de ella, en favor o en contra, con una pasión semejante a la que utiliza la periodista en sus escritos y en sus declaraciones. El origen fue la revelación que hizo
Un Pasquín, el periódico que dirige el caricaturista Vladdo, de correos que intercambiaron Hernández-Mora y Carlos Castaño en 2003. El artículo también incluyó las declaraciones de varios funcionarios del DAS que dicen haberle entregado a la columnista información privilegiada para desacreditar a magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

La publicación fue embarazosa para la periodista. Hace apenas dos semanas, el mismo periódico publicó un cruce de mensajes entre otro columnista, Ernesto Yamhure, y Carlos Castaño, que terminó con la renuncia del periodista a sus espacios en El Espectador y Caracol, en medio de una indignación general. Los críticos de Salud consideraron que el caso era idéntico y agregaron que su cercanía con el paramilitarismo ya se había descubierto desde que prologó un libro escrito por Mauricio Aranguren, titulado Mi confesión, con el que el jefe paramilitar intentó lavar su pasado.

En realidad, el paralelo entre Hernández-Mora y Yamhure no solo es descontextualizado, sino incorrecto. La periodista en ningún momento aparece dándole consejos al jefe de las AUC y todas sus publicaciones sobre el paramilitarismo, durante varios años, han tenido el tono crítico y punzante que siempre la caracteriza. A diferencia de Yamhure, a Salud se le reconoce como una infatigable reportera que recorre todos los rincones del territorio nacional en busca de historias para sus corresponsalías y para sus columnas. Salud Hernández-Mora ha tenido contactos, como muchos de sus colegas, con criminales y personas que están fuera de la ley. Es parte del oficio.

Ese fue el caso de la entrevista con Castaño, revelada por Un Pasquín, que forma parte de la USB entregada por el paramilitar Hebert Velosa a la Fiscalía. El jefe de las AUC le pide a la periodista que suavice el tono de una de sus respuestas, en la que afirma que varios miembros de la organización criminal se enriquecen con el dinero del narcotráfico, solicitud que Salud Hernández acepta. Esa práctica es normal en el ejercicio periodístico, pues al fin y al cabo lo que se busca en una entrevista es conocer el pensamiento del interlocutor. Por otro lado, en el mensaje de respuesta a Castaño, la periodista Hernández-Mora se refiere a él como "estimado comandante", lo cual ha recibido explicables críticas. Sin embargo, si bien con la perspectiva de los años se podría pensar en una fórmula de mejor presentación, el término no es más que una receta procedimental -donde quizá no ha debido utilizar la palabra 'comandante'-, pero donde se entiende que no se pide una entrevista a una persona tirándole una piedra.

La otra denuncia es más difícil de explicar. Salud Hernández recibió datos de varios funcionarios del DAS - de Germán Alberto Ospina, excoordinador del Goni; del capitán Jorge Alberto Lagos, exdirector de Contrainteligencia, y de Fernando Tabares, exdirector de Inteligencia- con el objeto de filtrarlos a la luz pública y cuestionar a los magistrados de la Corte que estaban enfrentados con la Presidencia. Y aquí hay dos lecturas: la primera, que la periodista tenía el derecho a pensar que algunos miembros de la Corte Suprema no eran tan prístinos como se decía y estaba buscando evidencia que sustentara esa hipótesis. Hasta ahí se podría decir que está ejerciendo su legítima labor de reportera. Y la segunda, vista a la luz del contexto en el que el gobierno se encontraba en plena campaña para enlodar a la Corte, esos contactos pueden ser interpretados también como que su trabajo periodístico fue funcional a la campaña de desprestigio contra la justicia.

En todo caso, la polémica fue más incómoda que grave para la periodista. Aunque ella utilizó unas vacaciones previamente planeadas para apagar su BlackBerry y evitar declaraciones, varios de sus colegas salieron en su defensa. Y es seguro que Hernández-Mora regresará, después del descanso, con buena salud y con el espíritu envalentonado para seguir denunciando las injusticias de este país como siempre lo ha hecho.
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