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| 11/21/2013 12:00:00 AM

La llamativa transformación física de Mancuso

El otrora hombre fuerte de los paramilitares ahora luce cansado y con problemas de visión.

No es una exageración pero en los tiempos duros de la violencia paramilitar Salvatore Mancuso llegó a estar dentro de los cuatro o cinco hombres más poderosos de Colombia. Una decisión suya tenía unos efectos monumentales sobre miles de personas. De hecho, la paz o la guerra pasaban por sus manos. La vida de miles de personas también.

Este jueves quedó en evidencia su impresionante transformación física cuando fue visto a propósito de una diligencia judicial que rindió ante el juzgado Décimo Especializado en el proceso contra el ex subdirector del DAS José Miguel Narváez por su presunta participación en la muerte del humorista y periodista Jaime Garzón, asesinado el 13 de agosto de 1999.

Nacido el 17 de agosto de 1964 Salvatore Mancuso, conocido también por los alias de “el Mono Mancuso”, “Santander Lozada” o “Triple Cero”, llegó al mando de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); tras el asesinato por ellos mismos de su jefe Carlos Castaño.

Elegante, preparado intelectualmente y de buenas maneras en asuntos claves de la desmovilización como se le vio cuando estuvo en el Congreso de la República, era imperturbable a la hora de matar. El mismo ha reconocido su participación en por lo menos 300 asesinatos incluido el de una niña de 22 meses y se le atribuye la autoría como comandante de la masacre de Mapiripán en la que murieron veinte campesinos en estado de indefensión a machete y la masacre de El Aro donde fueron asesinados otros 15 en 1997 y por la cual se le dictó una condena de 40 años de cárcel.

Igualmente es señalado por la masacre de la Gabarra en 1999 donde fueron asesinadas 35 personas y la masacre de El Salado en febrero de 2000, donde fueron asesinadas más de 100 personas en una orgía de sangre, alcohol y música pues los paramilitares bailaban y festejaban mientras asesinaban a los humildes moradores.

Mancuso también confesó que el bloque Catatumbo que él comandaba fue responsable de la muerte de 5.000 civiles y que las autodefensas habían infiltrado todas las ramas del poder público. Estados Unidos lo pidió en extradición por los delitos de narcotráfico, hecho que se llevó a cabo en 2008.

En ese país está detenido. Tiene derecho a unos minutos de sol diarios y vive en una celda de 2X2 sometido a la más estricta vigilancia. Desde allí atiende las diligencias judiciales por sus múltiples crímenes en Colombia. En 2009, un año después de su extradición, le concedió una entrevista a la desaparecida Revista Cambio, donde se dejó retratar en el encierro de una cárcel en Washington. Ya, en ese entonces, lucía delgado y su rostro se evidenciaba la dureza del régimen carcelario. Por primera vez se le vio con el overol típico de esos penales.

En los últimos meses al otrora poderoso jefe paramilitar se le puede ver vía satélite cuando rinde declaraciones a la justicia. Su imagen es la de un hombre cansado que lleva la cabeza rapada, que tiene problemas dentales y porta unos gruesos lentes pagados por las autoridades carcelarias que dan cuenta de sus problemas de visión.
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