Sábado, 21 de enero de 2017

| 2002/04/22 00:00

Samaritanos caleños

Un grupo de 400 feligreses trabaja para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de El Calvario.

Samaritanos caleños

El Calvario es para Cali lo que en su momento fue para Bogotá la calle de El Cartucho. Este sector de la capital del Valle del Cauca es conocido como una de las peores ‘ollas’ de la ciudad, donde se cruzan los expendedores de droga, reducidores y jaladores de carros, con los drogadictos, prostitutas e indigentes. En 1998 un grupo de feligreses de la iglesia de Santa Rosa decidió meterse en la boca del lobo y llevarles a los habitantes de El Calvario un pedazo de pan y una taza de chocolate. Así nació el grupo de Los Samaritanos de la Calle, dirigidos por el padre José González, párroco de la iglesia en mención, y apoyados por monseñor Isaías Duarte Cancino.

Entrar en el sector y lograr la confianza de sus pobladores no fue una tarea fácil. “Criminales no son todos y los seres humanos que allí viven están muy necesitados de comer, recibir una palabra, por eso cuando nos vieron llegar con el pan y el chocolate nos abrieron su corazón”, concluye el padre González. En dos años el número de samaritanos aumentó con gran rapidez y el municipio le entregó en comodato a la arquidiócesis una casa dentro del sector para que estableciera un albergue comunitario. La arquidiócesis se encargó de arreglarlo y dotarlo.

En 2000 comenzó a funcionar este lugar, lo cual permitió que aumentaran las jornadas de alimentación, que se iniciaran cursos de alfabetización de la Policía con los cientos de niños que no pueden ingresar al colegio. Con el paso del tiempo también se organizaron brigadas de salud, con las cuales se, dieron a conocer en otros barrios de Cali, como La Isla, Alameda y los alrededores del estadio. En estas brigadas también se prestan servicios complementarios como asesorías jurídicas.

Hoy en día Los Samaritanos de la Calle son un grupo heterogéneo de 400 personas que todo los martes, después de celebrar una emotiva eucaristía, salen a repartir pan con chocolate en cinco de los barrios donde se congregan los indigentes de la ciudad. Alvaro Galeano forma parte del grupo y en su afán de lograr que haya más equidad en la ciudad creó la Fundación Gente Nueva, una organización que en la actualidad funciona como el brazo financiero de Los Samaritanos de la Calle, y ya consiguió otra casa en El Calvario para construir un segundo albergue, dotado con cocina, tres comedores, 30 camarotes, lockers y consultorios médicos. “Con esta donación no vamos a volvernos más ricos ni más pobres y es una bella oportunidad para comenzar a devolverle a Cali todo lo que esta ciudad nos ha dado”, dice Galeano.

Ahora este grupo desea conseguir otra sede para montar un taller de confección y organizar una microempresa. También están interesados en conseguir un lote cercano para que los recicladores del sector tengan dónde guardar sus carretas y sus perros. Estos proyectos esperan financiarlos con recursos del extranjero. Galeano es optimista: “Hemos logrado desarrollar una campaña publicitaria que será lanzada próximamente y un brochure, en inglés y alemán, para darnos a conocer internacionalmente”.

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