Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/08/17 00:00

SAMPER RESPONDE A SEMANA

En entrevista con D'Artagnan el Presidente contesta el informe de esta revista titulado ' La huella del elefante'.

SAMPER RESPONDE A SEMANA

Con una personalidad recia y polémica diría que definitivamente tozuda a veces pienso que el hecho de que Ernesto Samper hubiera estado tan cerca de la muerte, a raíz del atentado de que fue víctima en 1989, es lo que le permite salir indemne de la Presidencia, no obstante todas las críticas. Que se recuerde, nunca había habido un gobierno más combatido que el suyo, y es evidente que su capacidad de reacción para conservar el mando hasta el final de su período sólo resulta, para sus detractores, comparable con la de quien se mantiene como una figura intrépida. Para algunos, un gobernante valiente; para otros, un cínico.
Esta es la última entrevista que Samper concede como Presidente a un medio escrito, en la certidumbre de que muchas de sus respuestas no propiamente pasarán inadvertidas en un momento político como el actual.
D'Artagnan: ¿Está usted de acuerdo con una ley total de perdón y olvido para todos aquellos vinculados con el proceso 8.000? ¿Cree que sería sana y útil o perjudicial para la imagen del país?
Ernesto Samper: Ignoro cuál sea la salida. Lo que sí le digo es que esta polarización en que estamos metidos no puede seguir porque va a acabar con el país. Y no es una polarización social, como la que pudo existir en los años 40. No, es una polarización de élites y, tal vez más específicamente, de las élites de Bogotá. Yo no veo, por ejemplo, a los campesinos de Mercaderes o a los pescadores de Taganga tirándose de las mechas por el proceso 8.000 o dándose botellazos por las tesis de SEMANA a favor o en contra del elefante. Lo que tenemos es una fisura profunda entre la clase dirigente, que dividió las familias, los clubes sociales, los cocteles, pero no las bases. Acabar con esa polarización no consiste en perdonar a los congresistas procesados en el 8.000; el problema va mucho más allá: las élites bogotanas tienen que entender que el poder se les fue de las manos, que lo asumió la provincia, las clases medias, que hay minorías beligerantes, que la cooptación centralista de presidentes ya no está funcionando.
D.: El nuevo ministro Juan Camilo Restrepo dice que su gobierno 'raspó la olla' y que la situación económica es aún peor de lo que registran las cifras oficiales. ¿Puede desvirtuar lo anterior?
E.S.: Si por algo quiero salir del gobierno es para saber a quién le van a echar la culpa de todos lo males nacionales e internacionales cuando yo ya me vaya. El doctor Juan Camilo Restrepo, a quien admiro y quien fue mi profesor en la Javeriana, sabe perfectamente que sobre la economía están pesando unas fuerzas internacionales, como la crisis asiática, la caída de los precios del petróleo, el encarecimiento del dinero en los mercados internacionales, que no solamente están golpeando al gobierno de Samper sino a todas las economías del área, empezando por algunas de reconocida solidez como la chilena, para solo citar un caso. También sabe que la olla de la economía viene raspada desde la Constitución del 91 cuando nos metimos en unos compromisos estructurales, como las transferencias territoriales, los subsidios obligatorios y los fondos especiales, que comprometieron el 84 por ciento de los ingresos del Estado. A pesar de estas circunstancias la economía está estabilizada y entregaremos totalmente financiado el déficit para este año. Más no puedo hacer, tengo que dejarle algo al doctor Pastrana...
D.: Lo cierto es que, según los expertos, el índice de crecimiento al final del año puede ser inferior al 2 por ciento mientras que, por ejemplo, al terminar el gobierno de López, rodeado de impopularidad, sin embargo entregó su mandato con un crecimiento cercano al 8 por ciento. ¿Todo se debe entonces al famoso 'ajuste ético' de la economía?
E.S.: Según las cifras que aprobamos en el Conpes esta semana, la producción para este año estará bastante cercana al promedio de lo esperado para toda región latinoamericana. El que estas cifras coincidan o no con la popularidad del gobierno no tiene nada que ver. Cuando uno está saliendo la gente no ve nada, el gobierno no existió, se perdieron cuatro años y los medios se enceguecen con el que se va y se deslumbran con el que llega.
D.: ¿Y del 'ajuste ético' qué?
E.S.: Perdóneme, Roberto; claro que el ajuste ético tuvo mucho que ver en la desaceleración de la economía. Cuando uno está hablando de cifras cercanas a los 2.000 millones de dólares circulando por el sótano de la economía la lucha contra la droga tiene que producir un duro impacto. Mire por ejemplo la aplicación de la extinción del dominio. ¿Sabe cuántos bienes hemos incautado entre apartamentos, fincas, hoteles, vehículos, objetos de arte y hasta acciones de clubes deportivos? Todos estos bienes salieron del mercado, ya no están produciendo o están produciendo precariamente. Pero la cuestión es esta: ¿podíamos aceptar seguir viviendo de la droga, con bajas tasas de desempleo en algunas áreas? No lo creo, sinceramente.
D.: También hay economistas que sostienen que su programa del Salto Social se hizo a costa del déficit fiscal.
E.S.: Esa es una típica interpretación del populismo de élite. Según esta teoría lo primero que debe recortarse es la inversión social porque es un gasto ineficiente, porque tiene que ver con los pobres que no son modernos, porque el ajuste sí no duele y no produce conflicto; no reafirma el concepto de autoridad que es el que les produce éxtasis a las élites; "este tipo sí manda, por Dios, ¡qué pantalones!". Es cierto que casi duplicamos la inversión social respecto al producto bruto, y que gracias a esta inversión triplicamos el número de colombianos recibiendo salud, ampliamos en millón y medio los cupos escolares, llevamos los beneficios de la Red a 3,5 millones de personas necesitadas, pero estos programas no ocasionaron los grandes huecos fiscales. Los huecos estuvieron representados, como ya se lo decía, por lo que nos está costando una Constitución hecha por abogados sin la más mínima proyección de sus costos fiscales.
D.: SEMANA publica en su última edición una encuesta según la cual su gobierno se raja en todo (economía, paz, relaciones internacionales, lucha contra la pobreza y el desempleo) menos en la guerra contra el narcotráfico. ¿Cuál es su respuesta a dichas malas calificaciones?
E.S.:No me extraña que el gobierno se raje en SEMANA. Lo que extrañaría y aun me preocuparía es que pasara en algo, porque eso afectaría los índices de circulación de la revista y no le quiero hacer ningún daño a SEMANA, ¡ni más faltaba!

D.: Según la misma encuesta, el 48 por ciento de los encuestados sostiene que el país estaría mejor si usted hubiera renunciado, como después del juicio en el Congreso aparentemente ofreció hacerlo, y solo el 24 por ciento considera que Colombia estaría peor. De verdad, ¿por qué no lo hizo?
E.S.: El tema de la renuncia siempre lo consideré como una opción válida. Pero precisamente por lo que el país estaba dividido por mitades, como una naranja, siempre pensé que mi salida en esas condiciones, entregándoles el poder a quienes habían conspirado para derrocarme, no solucionaría la crisis sino que la haría todavía más grave. Hoy, a pocos días de dejar el poder, creo que procedí correctamente: la mitad está de acuerdo conmigo y la otra mitad en contra, como hace dos años...
D.: Tal vez una de las posibles diferencias con García Márquez fue esa. Según entiendo usted le dijo en Cartagena que lo único que pedía era un juicio justo y no un linchamiento y que luego plantearía alternativas como las de adelantar las elecciones, proponer un referendo sobre su posible salida y otras. ¿No piensa usted que en el fondo él se sintió engañado con su posterior decisión de quedarse hasta el 7 de agosto de 1998?
E.S.: Con Gabo nunca hubo rompimiento. Manejamos la distancia con altura, sin hacernos daño. Hubo sí un enfriamiento que yo expresé, discretamente, dejándolo de citar en mis discursos internacionales. Jamás le di un tratamiento de interlocutor político, mis conversaciones con él tenían más el sello de consultas personales. Me ayudó mucho al principio, después las cosas cambiaron. Espero que algún día volvamos a encontrarnos, ya en el asfalto.
D.: ¿Cree usted que la polarización va para largo o que los resultados electorales de alguna forma apaciguarán esa radicalización del país?
E.S.: Espero que el país entienda que la polarización no le sirve a nadie y mucho menos la polarización moral en la que andamos. Tradicionalmente los colombianos nos hemos dividido, enfrentado y hasta asesinado por razones sociales o morales. Le tengo más miedo al enfrentamiento moral que al conflicto social. Porque en el debate moral se pueden cometer muchas arbitrariedades, se explotan pasiones, no hay límites dados; en lo social al menos se sabe cómo manejar las cosas, se puede concertar, hacer concesiones, prever los resultados. Además, mientras exista la polarización, la paz será imposible porque cada bando estará apuntando al fracaso del contrario... Tenemos que cerrar capítulos y espero que ahora no me procesen por plantearlo.
D.: Independientemente de que su gobierno ha sido quizás el más controversial de este siglo, ¿a qué atribuye el hecho de que usted haya generado tantos odios?
E.S.: Porque a mí me tocó, como dicen, el destape de la olla. La olla del narcotráfico que había generado culpas colectivas que todos quisieron expiar en mi cabeza: empresarios vinculados al narcotráfico, personas emparentadas con acusados, vengadores del narcoterrorismo, narcoconsumidores perdidos, moralistas enceguecidos, todos creyeron poder librarse de sus demonios personales apuntándose a mi derrumbamiento. Me tocó también la olla de una transición de élites: el poder se desplazó de Bogotá, del estrato seis, del confesionalismo ciego, a la provincia, a los estratos medios, a las minorías religiosas y étnicas. Me tocó, finalmente, el destape de la olla ideológica, me tocó corregir los desvíos de un modelo neoliberal que abrió sin fórmula de juicio la economía, que subestimó los problemas sociales y que convirtió el mercado en dogma religioso...
D.: ¿Cree que tales odios de alguna forma los heredó Serpa, para mal de sus propósitos políticos?
E.S.: Serpa heredó los odios pero también heredó los amores, y esos amores casi le permiten llegar a la Presidencia en las más difíciles circunstancias que haya enfrentado candidato alguno en la historia reciente de Colombia. Pero como le dije a Horacio el día de las elecciones, fue la derrota más dulce, con la más alta votación liberal, con medio país apoyando al gobierno y con una democracia duplicada hasta las cachas...
D.: ¿Le preocupa, como ex presidente, no tener visa a Estados Unidos?
E.S.:Yo lo que quiero del gobierno de Estados Unidos no es que me devuelva la visa sino que me devuelva la honra. Una cosa, Roberto, es que usted no me invite a su casa porque es suya y no le da la gana y otra, muy distinta, que no me convide porque yo sea, según usted, un homicida o un violador de niños. La decisión de quitarme la visa fue una decisión política, tomada en momentos políticos y por razones políticas. Por supuesto que me encantaría regresar a Estados Unidos, un país que admiro y quiero, donde cursé estudios. El país del padre de mi mujer y el abuelo de mis hijos, pero cuando regrese lo haré por el mismo camino por donde me vine, por el camino político...
D.: ¿Y de los posibles rumores de una persecución jurídica?
E.S.: No me preocupa. Creo que Estados Unidos tiene pruebas suficientes de mi compromiso en la lucha contra la droga, un compromiso que incluso me convertirá, al dejar la Presidencia, en uno de los colombianos más amenazados en su vida y en su familia. Ellos, que son mucho más prácticos que los periodistas de SEMANA, saben que lo que cuentan son los hechos, y los hechos de mi gobierno no dejan lugar a ninguna duda.
D.: Si la Fiscalía le solicita al Presidente que le dé salvoconducto a Alvaro Leyva Durán, según petición de las Farc, ¿usted qué hará?
E.S.:Si me demuestran que Alvaro Leyva es miembro activo de las Farc, que existe un proceso en firme de negociación de paz con esa organización subversiva y que el delito por el cual se le busca no es un delito común sino un delito asociado con la guerra, que son los requisitos que prevé la ley, no vacilaría en solicitarle al Fiscal suspender la orden de captura vigente.
D.: En aras de conciliar, usted pecó más de una vez por contemporizador. Ejemplos sobran. El de Néstor Humberto Martínez (ex ministro y ex embajador suyo) es uno de ellos. ¿Se arrepiente de ese tipo de nombramientos?
E.S.: A mí no me molesta que me digan contemporizador. Reconozco que prefiero la solución pacífica de los conflictos que el autoritarismo represivo. Con el ministro Martínez no contemporicé, siempre he creído, y así lo ha demostrado, que es un excelente profesional. Así lo probó como Ministro y embajador. Lamento que sus problemas de identidad política lo hayan distanciado de un proyecto del cual tal vez nunca participó, aunque nunca expresó reparos.
D.: Algunos piensan que usted sale con un gabinete no solo desgastado sino que algunos de sus ministros no son _o no fueron_ de su entera confianza. ¿Por qué le ha ocurrido eso?
E.S.:Yo no hablo mal de mis ministros, por principio. Si no hubiera tenido el equipo político que me ha acompañado desde hace 15 años tal vez me hubiera resultado difícil mantener la gobernabilidad en este período, reemplazando ministros cada vez que se retiraban. Fui leal con mi gente y, con contadas excepciones, todos fueron leales conmigo. Algunos me abandonaron en los momentos más difíciles; esos, definitivamente, no eran mis amigos. No les guardo rencor y sólo les ofrezco la frase de Martí: "Ya que no puedo odiaros, permitidme que al menos os desprecie por el resto de mi vida".
D.: ¿Qué personas en concreto hubiera querido designar como ministros que finalmente, por distintas razones, no pudo hacerlo?
E.S.: Dentro del gobierno existía toda una cochada de funcionarios que hubieran podido llegar a configurar un equipo de repechaje excelente. No quiero enumerar a nadie para no herir susceptibilidades.
D.: Diga unos cuántos nombres, aunque sean cinco...
E.S.: Bueno, hay muchos más de cinco. Déjeme ver: María Luisa Chiappe, superintendente bancaria; María José García, del BCH; Carlos Wolff, del ISS; Guillermo Gaviria, de Invías; Yolanda Guerra, de La Previsora; Eduardo Fernández y muchos viceministros.
D.: ¿Cree que los medios se ensañaron contra usted y fueron injustos atizadores permanentes de los escándalos del proceso 8.000?
E.S.: Los medios en general, no. Fue el carrusel de los odios, sí: SEMANA, La FM de RCN, QAP, El Tiempo de los domingos... Ellos se encargaron de alimentar el proceso virtual del cual habla Juan Manuel López Caballero. Me juzgaban el domingo, presentaban pruebas el lunes y me condenaban el martes sin mayor fórmula de juicio. A este grupo, que en Palacio los llamaban 'el grupo Salinas', por las deliciosas viandas españolas que comían mientras preparaban sus pilatunas, se les escapó que mientras ellos montaban su proceso había gente, en el sector real, que estaba fraguando una peligrosa conspiración que comenzó con el asesinato de Alvaro Gómez Hurtado y siguió con el intento del asesinato de Antonio Cancino y las pretensiones de derrocarme y aun liquidarme físicamente.
D.: ¿Le atribuye usted al ex presidente Gaviria alguna responsabilidad en todo esto?
E.S.: Prefiero que sea la historia y no yo quien juzgue la actuación del presidente Gaviria... Mipersonal interpretación ya está escrita en mi computador, algún día se sabrá.
D.: ¿Cuál periodista o columnista fue a su juicio más apasionado y crítico en relación con su gestión de gobierno: Enrique Santos Calderón, Julio Sánchez Cristo, Mauricio Vargas, María Isabel Rueda, Héctor Osuna, Rudolf Hommes?
E.S.: Santos Calderón me atacó, pero me atacó de frente y limpiamente. Sánchez Cristo me parecía que hablaba, como Amparo Grisales, corporalmente, en voz ajena. María Isabel nunca escuchó mi versión. Osuna siempre me divirtió y lo admiro a pesar de sus escritos, que son una caricatura de sus caricaturas. Hommes es un niño neoliberal travieso, mal político, compañero de rumbas. Vargas nunca jugó limpio.
D.: ¿Y cuál de los anteriores fue el más hiriente a nivel personal y por qué?
E.S.: En este proceso se desbordaron los límites de lo íntimo. Rompimos todas las fronteras. No hubo rincón de mi vida que no se hubiera escudriñado. Alguna vez mi mamá me dijo, con esa sabiduría propia solamente de las madres: "Mijo, usted no se preocupe, no le van a encontrar nada porque yo sé que usted se ha pasado la vida estudiando...". Esa noche dormí tranquilo.

D.: ¿Pastrana sí va a hacer la paz?
E.S.: Pastrana quiere hacer la paz, como lo quisimos los anteriores 10 presidentes... no será fácil, todos debemos ayudarle.
D.: En una frase, qué piensa de las siguientes personas:· Augusto López: El amigo ideal.· Alfonso Valdivieso: Pasteur decía que hay hombres vagones y hombres locomotoras, él empezó como locomotora y terminó como vagón.· Jacquin de Samper: El amor como forma de lucha.· Myles Frechette: Una estrella fugaz en una noche de mediocridad.· Horacio Serpa: Como dice el lema del Museo del Holocausto en Jerusalén, en su sangre viviré.
D.: Una de las causas por las cuales usted suscita simpatías, pero también muchas reacciones, son sus famosos chistes bogotanos. Y creo que, con frecuencia, esa actitud le restó prestancia a lo que llaman 'la majestad del poder'. ¿Está de acuerdo?
E.S.: Charles Chaplin decía que un día sin risa es un día perdido. Si no fuera por el sentido del humor no hubiera sido capaz de gobernar a Colombia ni de establecer la relación que establecí con los principales líderes del mundo. Una persona que se toma demasiado seriamente a sí misma no solamente es aburrida sino que seguro se equivoca. Un buen chiste es como un gol de la Selección Colombia, como una nominación al Grammy de los Aterciopelados, es un paréntesis en medio de tanta violencia.
D.: Vaya explicación tan retóricamente nacionalista...
E.S.: Recuerdo, por ejemplo, cuando discutimos el tema de la descertificación con los presidentes del grupo de Rio en Bolivia y todos quedaron, después de un almuerzo de cuatro platos, tan deprimidos como somnolientos. Entonces, para romper el hielo, les dije: "No nos pongamos trascendentales, propongo que cada quien se vaya a dormir la siesta con su Canciller antes del trabajo de la tarde". Sobra decir que el hecho de que fuera María Emma la canciller de Colombia no tuvo nada qué ver con mi propuesta... aunque sí despertó la envidia de algunos mandatarios.
D.: Ya a estas horas puedo decir que tuve oportunidad de compartir con usted días muy amargos, como cuando habló Botero; el amago inmediato de un golpe de Estado por parte de las Fuerzas Armadas (hecho que poco se conoce); el retiro de la visa por parte del gobierno norteamericano y las dos descertificaciones gringas contra el país. ¿Cuál fue, a su juicio, el peor episodio de todos y por qué?
E.S.: Usted me está tirando la lengua para que cuente lo del amago del golpe de Estado. Pues bien, ahí va el cuento. Era el viernes de la semana en que Botero habló. Las cosas estaban como para cortar con cuchillo. El nuevo ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra, me llamó y me dijo que los comandantes estaban reunidos desde hacía varias horas, a puerta cerrada, y que las cosas no pintaban bien. Yamid sacó el extra (todas las noticias de Yamid son extras) de que estaban renunciando los generales. Me avisaron que Cancino, amenazado nuevamente, se había refugiado en el Club Militar. Yo estaba hablando con Daniel Samper y le dije: "Camine me acompaña a ver a Cancino que está deprimido". Llamé a Juan Carlos y le dije que nos viéramos en el Club Militar y que llevara, a como diera lugar, al general Zúñiga, entonces comandante general de las Fuerzas.
D.: ¿Pero había envalentonamiento de la cúpula?
E.S.: El Ministro llegó con los generales Zúñiga y Adrada y yo con Daniel y el general Sánchez, mi inseparable jefe de seguridad. Me encerré con Zúñiga. Me contó que quien había iniciado el malestar era el general Cifuentes, alegando supuestos problemas de conciencia; que él había tratado de convencerlo de que no se fuera pero que creía que había gato encerrado detrás de su decisión, como luego se pudo comprobar. Mientras trazábamos con Esguerra la estrategia que Zúñiga desarrollaría al día siguiente, cuando continuaría la reunión de generales, escuchábamos las carcajadas de Cancino, de Adrada y de Sánchez, entretenidos con los cuentos de mi hermano. Al llegar a Palacio le dije a Daniel: "¡El gobierno cayéndose y usted mamando gallo!". Y le conté lo que sucedió en ese pequeño cuarto del Club Militar, en medio de un churrasco que me supo a golpe.
D.: ¿Cuál es el hecho más positivo que le deja su gobierno al país y en cuál se siente mayormente frustrado?
E.S.: Cuatro hechos positivos le dejo al país, así no aparezcan en las encuestas de SEMANA: preparamos el terreno para la paz, como se está demostrando con los contactos de Maguncia y los acercamientos al ELN. Duplicamos la inversión social, como lo relaté anteriormente. Mejoramos la situación de la infraestructura en todos sus frentes: viajen por carreteras, vean todos los nuevos canales de televisión, tramiten una mercancía en un puerto. Disfruten la energía sin apagón a la vista, llamen por sus celulares, beban el agua potable en un pueblo de la Costa y se darán cuenta de lo que hemos invertido en infraestructura. Por si faltaran más argumentos, comenzamos a salir del túnel oscuro de la droga: los carteles en la cárcel, el 60 por ciento de los cultivos destruidos en el mundo por cuenta de Colombia, los bienes del narcotráfico extinguidos, la extradición restituida, ¿más pruebas?
D.: Usted no ha hecho más que echarle vainas a SEMANA, cuyo presidente es Felipe López. Sin embargo un hermano suyo es su Ministro del Interior y el otro ha sido un defensor ideológico de su gestión.
E.S.: Siempre me intrigó saber cómo de una misma ilustre pareja pudieron salir hermanos tan disímiles. Afortunadamente estuvieron conmigo Alfonso y Juan Manuel, que representan la parte idealista de la familia. Si se sometiera a votación, el samperismo ganaría entre los López dos a uno: un fiel reflejo de las mayorías.
D.: ¿Se va a dejar convertir como ex presidente en un mueble viejo?
E.S.: Como ex presidente voy a hacer exactamente lo contrario de lo que hicieron algunos ex presidentes conmigo.
D.: Por defenderse, dicen que usted tuvo poco tiempo para gobernar. Pero que además cedió a todo tipo de presiones por parte de los llamados poderes reales que existen en el país.
E.S.: El cuento de que cedí a todas las presiones es la versión de mis enemigos de por qué no pudieron derrocarme ni debilitarme. Ellos pensaron que con dos titulares, tres noticias y cinco comentarios y una cita con el embajador de Estados Unidos yo les mandaba la renuncia. Como dice Serpa: ¡Mamola! A mí me soltaron, como en la mejor tarde de César Rincón, seis toros; pero a diferencia de Rincón, me los soltaron todos al tiempo. Los lidié como debía hacerlo, sin perseguir a nadie, sin saltarme la ley, tolerantemente. Recordando las tres enseñanzas que me dio el presidente Mitterrand para manejar una crisis: ¡Resista, resista, resista! Esa resistencia la interpretan algunos como condescendencia cuando la verdad es que conseguí que los factores reales de poder estuvieran conmigo: el Congreso, los grupos económicos, los embajadores de los países amigos, los gobernadores de la provincia y, por supuesto, la mitad del pueblo colombiano, que nunca me abandonó en medio de la crisis... Jamás entregué nada del Estado ni de mis principios a cambio de mi inocencia, lo juro. Tal vez si lo hubiera hecho la crisis no hubiera sido tan grave.
D.: Es precisamente de lo que algunos lo acusan. De que, por recostarse en los grupos económicos, su gobierno finalmente los enriqueció.
E.S.: Eso no pasa de ser una frase efectista. Lamentablemente los gremios no han podido redefinir su nuevo rol en el contexto del modelo de la apertura con competencia. Antes los gremios se la pasaban gestionando cuotas de protección, aranceles más altos, créditos subsidiados y licencias de importación. Con la llegada de la apertura no han logrado cambiar su mentalidad hacia el nuevo esquema de alianzas estratégicas, competitividad y tecnología. Algunos de ellos se dedicaron a hacer política. Al gobierno le faltaron interlocutores institucionales para el tema económico, por ello nos apoyamos en los cacaos y fueron muy efectivos.
D.: ¿De qué va a vivir?
E.S.:Voy a vivir de mi pensión y de las regalías que le pienso cobrar a la revista SEMANA por haberse llenado de dinero en estos cuatro años a cuenta de mi honra, mi gobierno y de mi familia (risas).
D.: Y para finalizar, la frase típica: ¿cómo le gustaría que lo recordaran?
E.S.: Como un presidente valiente y justo.

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