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| 2/17/2017 10:39:00 PM

El pueblo que se gastó 65 millones en jugar yo-yo

En este municipio de Córdoba, en el que cada año se celebra el Festival del Burro, el alcalde decidió crear un programa para recuperar los juegos tradicionales. Nadie sabe en qué utilizaron la plata.

San Antero puede ser el municipio con la Semana Santa más particular del país. Anualmente, en esa fecha de recogimiento, mientras en el país se adelantan multitudinarias procesiones, en este pueblo de Córdoba se realiza el popular Festival del Burro. La celebración comenzó como una fiesta religiosa en la que –a través de un recorrido por las calles del pueblo- se exponía a Judas Iscariote al escarnio público, pero con un detalle, el apóstol suele ir montado en un burro como castigo por haber traicionado a Jesús. 

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Al final del recorrido, San Judas es linchado, apedreado y quemado por los feligreses por su felonía. Pero la fiesta se ha convertido en una romería donde los participantes disfrazan a los burros y burras haciendo parodias de personajes populares del pueblo, del departamento, de la costa, del país, o de la farandula. 

San Antero se había ganado así un privilegiado lugar en los municipios con tradiciones culturales. Sin embargo, en los últimos días, el pueblo parece querer entrar en otras ligas. Sus habitantes están asombrados por una decisión del alcalde Dennis Chica Fuentes que pretende que el pueblo sea líder en recuperar una tradición popular bastante querida entre los mayores: la enseñanza del milenario juego del trompo y el yo-yo.

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En San Antero nadie tiene problema con el yo-yo, ese tradicional juguete formado por un disco de madera que millones de niños en el mundo durante siglos han tirado amarrado de una pita, esperando que se devuelva en forma sucesiva. Lo que les llama la atención, e incluso le genera indignación a muchos, es que para recuperar algo aparentemente tan sencillo el mandatario se haya gastado 65 millones del presupuesto del municipio.  

El convenio fue suscrito el 3 de septiembre de 2016 con la Fundación Integral Nueva Vida (FUNAVID) y tenía una vigencia de dos meses. En el objeto se señalaba que la meta era "aunar esfuerzos para ejecutar el proyecto recreando-ando por San Antero, en aras de rescatar los juegos tradicionales en los niños, niñas y adolescentes del municipio". 

Lo curioso, de acuerdo con residentes en el municipio consultados por Semana.com, es que "si ya se hizo, nadie vio ni un trompo ni un yo-yo". Nadie entiende tampoco en qué se gastan 65 millones cuando la tarea es enseñar el difícil arte de arrojar el trompo, recogerlo con la cuerda, pasarlo por el filo de un cordel, ponerlo a bailar en la uña o hacer los malabares para mantenerlo girando mientras se hacen con él maniobras difíciles de ejecutar si no se es diestro. 

No es la primera vez que un alcalde contrata un servicio tan extravagante. Los habitantes lo ven como un exceso si se tiene en cuenta que el municipio se encuentra descertificado en el manejo de los recursos educativos y los maestros se quejan de que el alcalde no ha contratado la alimentación escolar y ni el transporte para los niños.

Denis Chica siempre ha sido un hombre popular en San Antero. Se desempeñaba como instructor de béisbol y, sin estudios universitarios, creo una escuela de peloteros que lo hizo famoso. Por cuenta de su carisma y de ese trabajo llegó a dirigir el municipio en las pasadas elecciones. 

Sin embargo, en el gobierno no le ha ido igual de bien. El mandatario ha sido sancionado tres veces por la Contraloría pues no cumple con la presentación de los informes, y esas sanciones le impiden celebrar convenios, por lo cual parte de la plata del municipio no se puede utiizar. 

El Yo-yo no ha sido la única bandera del actual mandatario. Hace pocos días, llevó a un conferencista de Corea del Sur para que dictara una charla con el fin de mejorar la educación, pero con la primera afirmación el salón se desocupó en medio de la risa de los presentes porque el coreano dijo que los niños en su país entran al colegio a las 7 de la mañana y salen a las 10 de la noche. También contrató una "charla para mejorar la convivencia de los trabajadores de la Alcaldía por valor de 19 millones de pesos". 

Pero no es la primera vez que un alcalde incurre en gastos estrafalarios. Los habitantes de San Antero recuerdan que hace algunos años un alcalde mandó a realizar un censo de burros, cifra que al parecer superó una población de más de mil asnos en sus potreros y caminos. Otro, Wilmer Pérez, lamentablemente asesinado, y por cuyo homicidio se encuentra acusado el senador del partido de la U, Martín Morales Diaz, también exalcalde de San Antero, mandó a construir un puente peatonal sobre la carretera troncal que comunica con Coveñas para que cruzaran por él los burros de propiedad de un amigo suyo. No terminaron de pagarle al contratista y el puente es hoy una de las obras inconclusas del pueblo.

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Nadie duda de que el trompo sea un juego milenario que valga la pena rescatar. Aunque es de origen incierto, se cree que las primeras menciones sobre el trompo las hizo el célebre político e historiador romano Marco Porcio Catón. Luego lo seguirían el gran poeta Virgilio en la Eneida, siglo I a. De C.; Platón, a quien le sirvió como metáfora del movimiento; Aristófanes, del que se dice que era un aficionado; Ovidio, quien se refiría a él en sus poemas; y Persius, poeta romano, quien decía que en su niñez tuvo más afición al trompo que a los estudios. En Troya encontraron unos trompos de barro.

En algunos países, como Brasil, Argentina, Suiza, España y Portugal, existen sellos postales y en una escena del Titanic se ve a un niño jugando trompo en la cubierta del barco. Seguramente se trata de un juguete que nunca pasará de moda, pero dos meses después los habitantes de este simpático pueblo en la costa del Golfo de Morrosquillo, los niños no están jugando eso. 

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