Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/03/07 00:00

San Carlos, la tristeza de un país

A una mente enferma le costaría trabajo imaginar algo tan horrendo como la masacre de San Carlos. Una vez más Colombia está de luto.

El Oriente Antioqueño, se ha convertido en el fortín territorial en disputa de las Autodefensas, el Bloque Metro, la guerrilla del ELN, frente Carlos Alirio Buitrago, y de las Farc, tras hechos tan dolorosos como las masacres, tomas a las poblaciones y desplazamiento uno y otro grupo se apropian de territorios devastando tradicionales culturas y generaciones completas.

A finales del año 2002 el Bloque Metro asesina 11 personas en la vereda la Hortaná, el ELN entró por esos mismos días a un paro armado bloqueando a Cocorná, San Luis y Granada, las dos primeras semanas de enero estos mismos volaron dos puentes, derribaron cuatro torres y asesinaron a cinco habitantes, todos transportadores. Las Farc vuelan parte del acueducto del pueblo de San Carlos luego asesinan cuatro personas que iban en un bus y el 16 de enero a las 8 de la noche asesinan indiscriminadamente a 17 campesinos y dejan dos heridos, desplazando a 797 personas, para dar comienzo a un peregrinaje de angustia y dolor para la población civil.

Disparando con armas de fuego y a machete, degollando, entró al parecer el IX frente de las Farc por espacio de unas pocas horas a las veredas de La Tupiada, Dos Quebradas y Dinamarca llenos de ira y con algunos guerrilleros heridos, asesinaron sin piedad a quien ellos quisieron, tan sólo bastó decir la edad o pedir auxilio para tener tan mala suerte.

Con armas de fuego y degollando a mujeres en embarazo y menores de edad, por no hablar del anciano de 76 años, sin lista en mano y con toda la ira. Una zona que en poco tiempo sufrirá de la bien llamada enfermedad "olvido" y que dentro de unos meses no sólo sus veredas sino el casco urbano tendrá por habitantes más guerrilleros o paramilitares que sus propios fundadores.

"A mi casa entraron tres tipos y uno de ellos estaba todo ensangrentado y herido, con uniformes de camuflados y me miró con esa cara de fiera, me preguntó por las armas y me hizo abrir todo los cajones, cogió el teléfono y lo rompió, la ropa me la tiró por todas partes, me gritaba que nosotros éramos alcagüetas de los paramilitares. Los tiros se oían por todos lados, ninguno de nosotros se atrevía a salir", cuenta Angel quien es desplazado de la vereda Dos Quebradas con sus tres hijos y su esposa, en compañía de las últimas 18 familias que allí quedaban, salieron al amanecer a pie y otros en bestias dejando los muertos y llevando unas cuantas cosas.

Los guerrilleros llegaron a la vereda Dos Quebradas donde se encontraba Angel Custodio Castaño con Alfonso Giraldo Escudero, John López Maya, Mauricio Cardona Alzate, Dubián Alberto Cardona Alzate, María Isabel Arboleda Cardona (quien estaba en su tercer mes de embarazo), Julián Rivera Castaño, Pedro Giraldo Escudero, Eleázar López Marín, Javier Giraldo Loaiza, Wilson Cardona Alzate y Pedro Giraldo Rendón. Los jóvenes estaban escuchando música y conversando cuando los armados comenzaron a disparar, luego fueron al hueco a revolcar la tierra, regresaron al lugar y se encontraron de nuevo con los jóvenes heridos volviéndoles a disparar, "no había porque esos pelados eran trabajadores y gente buena, gente conocidos por todos y como eran tantos se reunían en esa casa a conversar".

También en la vereda La Tupiada fueron asesinados Cielo Giraldo Ceballos, John Angel Giraldo Ceballos y un anciano de 76 años llamado José Roberto García. Y en la vereda Dinamarca la señora Rocío de Jesús Moncada y su hija Janeth Ortiz Moncada quienes fueron trasladadas para Betulia y el señor Jesús María Alzate Cortés.

"A la vereda no podemos regresar, ellos aseguraron que volverían. Teníamos muchos proyectos en la comunidad, ya Isagen nos había dado gallinas, cerdos, estábamos haciendo una ramada para moler caña, sacar panela y Custodio era el oficial. Ya no hay forma, no hay moral. Antes que teníamos una vaca para criar uno era contando los días con ilusión de nacer la cría ya uno es con miedo de lo poco que queda. Cuando el dolor pase uno va tomando otras iniciativas, yo quedé con un desaliento en el cuerpo que lo que paso allá lo sentimos todos, éramos un caserío de 51 familias y hoy sólo quedamos 18 el resto ya se habían desplazado por la violencia".

Ellos se identificaron, somos de las Farc y venimos a buscar a los paracos, y a los que apoyan a los paras. La gente de las veredas ya veían llegar estos hechos, los estaban esperando ahora esperan una toma con tres frentes de las Farc uno para los paramilitares otro para la policía y otro para la población civil.

"Nosotros no pensamos irnos para Medellín, allá hay que vivir a puerta cerrada como jaulas y los niños encerrados, ellos están acostumbrados a correr libres por todo el campo y en la ciudad ellos se enloquecen".

La angustia y la tristeza de un pueblo es digno de cualquier homenaje pues sus muertos ya se fueron pero los vivos continúan en medio de tantas soledades y dolor tratando de hacer una vida lejos de su hogar, sin su tierra y sus animales, los plantíos solos y la guerra continuando su arrasador camino. El Oriente Antioqueño se está desangrando, además su penosa situación refleja la impotencia de los campesinos ante el dolor de los pueblos masacrados envolviendo a un país en un mar de tristezas.

Textos y fotografías: Natalia Botero Duque

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