Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/10/17 00:00

A sangre fría

Cuerpos mutilados, masacres y asesinatos selectivos son una muestra de la barbarie y sevicia que está viviendo la mafia colombiana. ¿Qué hay detrás de una de las más crueles guerras de carteles que haya vivido el país?

Hace varios meses los colombianos han visto en los medios la estela de muertos que ha dejado la guerra entre la mafia en varias regiones del país. Pero quizá lo que desconocen es su intensidad, su grado de barbarie y su razón de ser. Es tal la cantidad de odio, sevicia y muertos, que podría ser una de las pugnas internas más sangrientas de la historia del narcotráfico.

Los casos que se han visto pondrían a temblar a los directores de El Padrino o Scarface. Al pie de un cajero automático en el norte de Cali fue encontrada la cabeza de un hombre dentro de una bolsa negra de plástico. En una casa del lujoso barrio Ciudad Jardín de esa misma ciudad, fue hallado el cuerpo de un abogado con el vientre abierto desde la garganta hasta el abdomen con el propósito de llenarlo de piedras y arrojarlo al río Cauca. Un comando de sicarios, armados con fusiles y granadas, protagonizaron una brutal masacre en la finca La Candelaria, en el Valle del Cauca, en donde asesinaron a sangre fría a 10 personas, entre ellas una mujer embarazada y un niño de 3 años de edad. En Armenia, un puñado de sicarios irrumpieron en el restaurante más distinguido de la ciudad y descargaron sus proveedores sobre la humanidad de un importante comerciante de la región. En Medellín, en el exclusivo sector El Poblado, aparecieron los cuerpos de dos hombres asfixiados en el baúl de un automóvil Audi último modelo. Mientras que en Bogotá fueron asesinados dos oficiales retirados y uno activo de la Policía. Y en la vía a La Calera cuatro personas fueron asfixiadas y sus cuerpos presentaban quemaduras de cigarrillo en el pecho y signos de tortura en el abdomen y en la cara.

¿Qué está pasando en el mundo de la mafia? ¿Por qué esa crueldad? ¿Quién está detrás de estos crímenes? ¿Quiénes motivan esta guerra y por qué?

Guerra a muerte

La explicación es muy sencilla. Es una guerra entre los narcotraficantes más poderosos y ricos del país. Después de la muerte de algunos capos que conformaron el cartel del norte del Valle del Cauca, comenzaron a sonar otros protagonistas de una nueva mafia. La Policía empezó a señalar a Wilber Alirio Varela, a Diego Montoya Henao y a Hernando Gómez Bustamante, como los nuevos jefes del cartel. Al primero se le conoce con el alias de 'El Jabón'; al segundo como 'Don Diego' y al tercero, como 'Rasguño'. La historia del bajo mundo de la droga señala que estos tres hombres se aliaron para exportar toneladas de cocaína a Estados Unidos. Se adueñaron de rutas, conformaron ejército privados y al poco tiempo ya estaban en la mira de la DEA y de los organismos de inteligencia que se dedicaron a buscarlos con lupa por todos los rincones del país.

La implacable cacería de las autoridades se convirtió en poco tiempo en la ruptura de su organización. Frente a la presión, 'Rasguño' decidió acercarse a la justicia norteamericana con el propósito de arreglar su situación. Intentó convencer a 'Varela' y a 'Don Diego' de que le siguieran los pasos, pero esta propuesta generó una profunda desconfianza y alimentó el temor de posibles delaciones entre ellos. Cada capo cogió su propio rumbo.

Durante mucho tiempo estos narcos se distanciaron y no se hicieron daño. Hasta que en diciembre de 2002 sicarios de 'Varela' asesinaron en Cartagena a Miguel Solano, un hombre de las entrañas de 'Don Diego', quien juró tomar venganza. Este crimen fue el detonante de una guerra personal entre los dos capos. Semanas después de esta muerte y a lo largo de 2003 empezaron a aparecer personas descuartizadas en el Valle del Cauca y en el Eje Cafetero, zona de influencia del cartel del norte del Valle.

Pero la guerra tomó otras dimensiones a finales del año pasado, cuando 'Don Diego' recibió un duro golpe. Siete de sus hombres fueron asesinados en el popular bar Cañandonga, en Cali. Para la Policía este fue el "anuncio oficial" de un cruel enfrentamiento que, aunque se había iniciado un año atrás, sólo hasta ese momento se había convertido en una guerra sin cuartel. Después de este hecho se registraron en Cali y sus alrededores siete masacres más que dejaron 40 víctimas. Al final del año ya la Policía Metropolitana de Cali reconoció que de los 2.111 asesinatos cometidos en esa ciudad, 662 casos, es decir 30 por ciento, fueron por ajustes de cuentas del narcotráfico. Pero lo peor estaba por venir. Comenzó 2004.

Año de terror

El terror que sembró en las calles de Cali la violencia de las bandas de sicarios de 'Varela' y 'Don Diego' se extendió a otros municipios del Valle. El 2 de febrero 30 pistoleros le tendieron una celada a Luis Ocampo Fómeque, alias 'El Tocayo', y lo asesinaron en una finca. Autoridades de Tuluá y de la inspección de Río Frío encontraron el cuerpo desmembrado a orillas del río Cauca. Este hombre desconocido para la opinión pública pero no para la mafia era medio hermano del ex policía Víctor Patiño Fómeque, extraditado a Estados Unidos. A 'Tocayo' lo acusaban de estar negociando con la justicia norteamericana para obtener beneficios a cambio de datos sobre el cartel del norte del Valle.

Los agentes de inteligencia que rastreaban todos los movimientos de la mafia ya sabían que los cadáveres torturados, las masacres y los cuerpos encontrados flotando en las aguas del río Cauca eran el comienzo de una venganza por la cadena de delaciones y el cobro de deudas pendientes.

Pero la venganza se extendió a los abogados, testaferros, amigos y familiares de los capos. Entre mayo y agosto fueron asesinados 13 abogados en Cali. Seis más están desaparecidos. El último caso ocurrió cuando el Grupo Gaula capturó en flagrancia a siete hombres en una mansión del exclusivo sector de Ciudad Jardín, cuando pretendían esconder en el baúl de un Renault Méegane el cadáver del jurista Eduardo Valverde Varela, quien fue ahorcado y su cuerpo fue abierto desde la garganta hasta el abdomen para rellenarlo con piedras y lanzarlo al río Cauca, dice el informe oficial que estremeció a la sociedad local. "El crimen organizado en cualquier parte del mundo tiene sus códigos y esto se expresa a través de rituales. La forma como matan depende del mensaje que quieren enviar", sostuvo Miguel Yusty, secretario de Gobierno de Cali.

A estos hechos se suman los asesinatos de 10 conductores de cooperativas de transporte público de Cartago, más de 120 homicidios en la pequeña población de Santander de Quilichao, en Cauca, y cerca de 800 personas asesinadas en Cali por temas de narcotráfico en lo que va corrido del año.



Se extiende la guerra

Las autoridades aprovecharon esta guerra intestina para combatir con más fuerza una situación que se había salido de control y que ya estaba extendiéndose a otras regiones, como al Eje Cafetero, Medellín y Bogotá. Un ejército de hombres de la Policía se preparó para la ofensiva. Se abrió una oficina de la DEA en Pereira. Y empezaron a atacar a los narcos por donde más les duele. "Hemos logrado golpear la estructura de los grandes capos con las numerosas incautaciones de bienes, droga y captura de extraditables. Esto ha generado grandes venganzas y muchas muertes entre ellos. Además, se rompió el contubernio de algunos policías con esos delincuentes", le dijo a SEMANA el general Jorge Daniel Castro, director general de la Policía.

En los primeros ocho meses de este año se expropiaron 1.090 propiedades por valor de 1,5 billones de pesos. Una cifra muy superior a la del año pasado, que finalizó con 318 bienes ocupados. Mientras en 2003 se decomisaron 27 toneladas de cocaína, en los últimos 10 meses la cifra ya alcanza las 55 toneladas. Y comparando las cifras de extradiciones, el año pasado fueron capturadas 56 personas y en lo que va corrido del año van 71 (ver gráficos).

Estos golpes de la Policía y de la Fiscalía a los narcotraficantes desató entre ellos una cacería de brujas y se vieron obligados a huir de las autoridades y refugiarse en el Quindío, Antioquia, el Magdalena Medio e incluso ser tan osados de buscar escondites hasta en la capital del país, y algunos se han camuflado como paramilitares en la zona de Santa Fe de Ralito.

De 'Varela' se dice que no sólo se ocultó durante mucho tiempo en los alrededores de Armenia sino que logró que la 'gente bien' se prestara para servirle de testaferro y así ocultar que él era el verdadero dueño de grandes extensiones de tierra en el Quindío. "En Armenia se maneja mucha hipocresía. Hay gente buena que se mezcló con gente mala, y enfrentar la doble moral de la región es muy difícil", le dijo a SEMANA la coronel Gladys Guevara, comandante de la Policía en el Quindío.

Esta es una de las zonas que está sintiendo más fuerte el coletazo de la guerra y eso se ve reflejado en las cifras. Tan sólo en agosto se presentaron 30 asesinatos. Y al mes siguiente, tres crímenes aterrorizaron a la sociedad quindiana. Un sicario entró al restaurante La Fogata, el más tradicional de Armenia y delante de todo el mundo asesinó al comerciante Eduardo Arango, miembro de una prestante familia de esa ciudad. El día anterior, a 30 metros de la casa de la coronel y a 40 metros de la casa del alcalde David Barros, fue asesinado el comerciante Álvaro Ospina Hernández mientras llevaba a su pequeña hija de 4 años al colegio. No menos aterrador fue el caso de Valentina Díaz, de 4 años, quien murió cuando un sicario intentó matar a su padre en plena avenida Bolívar, una de las vías más concurridas de la capital del Quindío.

La estela de sangre pasó también por las calles de Medellín. En los seis primeros meses de este año 33 personas aparecieron asfixiadas y abandonadas dentro de lujosos vehículos. La mayoría de las víctimas era oriunda del Eje Cafetero y del Valle. Las investigaciones demostraron que los crímenes estaban relacionados con las oficinas de la mafia encargadas de cobros de cuentas y controles territoriales.

Este macabro método de asesinato típico de la mafia sacudió también a Bogotá. El primero de septiembre la Policía encontró los cuerpos de tres hombres y una mujer dentro de un automóvil estacionado en uno de los miradores de la vía a La Calera. Las víctimas habían sido torturadas y asfixiadas con bolsas plásticas. Según sus documentos de identificación eran oriundas de Itagüí. Es claro que en la capital no se han registrado crímenes tan macabros y las vendettas entre narcos están lejos de alcanzar las cifras de Armenia, Medellín y Cali.

La Dijin capturó en Puerto Boyacá (Boyacá) a Juan Carlos Montoya Sánchez, hermano de 'Don Diego', y a Carlos Felipe Toro Sánchez, primo del capo. Ambos, pedidos en extradición por Estados Unidos. Gabriel Puerta Parra, de 62 años, uno de los 12 narcotraficantes más buscados en el mundo y quien intentó infructuosamente que 'Varela' y 'Don Diego' sellaran un pacto de no agresión, fue sorprendido por la Dijin y la DEA en una finca ubicada en el municipio de La Vega, a menos de una hora de Bogotá. Y Julio Fabio Urdinola, confeso narcotraficante del norte del Valle, no pudo escapar de la guerra y fue asesinado en el barrio Nicolás de Federman en Bogotá.

Esta espiral de violencia entre los carteles del norte del Valle del Cauca, los más poderosos del país, es una muestra de la situación del narcotráfico hoy por hoy en Colombia. En primer lugar, muestra que el negocio sigue boyante. Las incautaciones de coca se han duplicado y la droga sigue saliendo a chorros. Y en segundo lugar, que sus brazos armados y sus sistemas de protección siguen sólidos. A pesar de esta macabra guerra interna, del increíble número de asesinatos y del cruce de delaciones, los ejércitos privados siguen renovándose y las autoridades no han podido capturar a los grandes capos. La guerra entre 'Varela' y 'Don Diego', más allá de su sevicia y su barbarie, demuestra que a pesar de que Pablo Escobar murió hace más de 10 años y de que los hermanos Rodríguez Orejuela están en la cárcel, el problema del narcotráfico está más vivo que nunca.

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