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| 2/18/2014 12:00:00 AM

Un presidente atrapado entre dos retos

Ante las gravísimas denuncias de corrupción en el Ejército Santos parece dudar. ¿Por qué? Análisis de Semana.com

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se declaró “indignado” por las “muy graves” denuncias sobre una red de corrupción en el Ejército Nacional en la que aparecen involucrados altos mandos y algunos oficiales que están detenidos por crímenes contra inocentes muchachos. ¿Y... nada más?, se preguntan los ciudadanos en la calle. Sí. Hay más: Santos ordenó, a través de un comunicado, que su ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, tome las “decisiones contundentes y ejemplarizantes” que sean necesarias. ¿Es todo? Por ahora sí.

El presidente está, por estos días, atrapado entre los dos retos más cruciales de su vida: la campaña en busca de su reelección y el proceso de paz con las FARC. Por eso, debe hacer un complejo ejercicio de equilibrio diario. De lo contrario, puede perder uno de ellos o incluso los dos.

Aunque hay muchos analistas que consideran que Santos debe dar un golpe de mano sobre la mesa para llamar al orden y mostrarles a los militares que él es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, otros cercanos le aconsejan máxima prudencia. Santos tiene en este momento una intención de voto del 30 %. Es decir, matemáticamente no tiene la reelección asegurada. Ese es su más urgente propósito: ganar las elecciones. Y después de hacerlo, le dicen algunos de sus consejeros, entonces sí llamar al orden a las tropas.

Hoy no lo hace, dicen estas fuentes, porque le es muy difícil medir la reacción de las otras fuerzas políticas a tan escasas semanas de las elecciones. Por ejemplo, si hace dimitir a toda la cúpula, puede que envíe un mensaje de control absoluto hacia la opinión pública.

Pero, simultáneamente, se podría dar el caso de que el sector uribista le reproche que no ha sido capaz de romper con las  FARC, pese a que siguen atentado contra los colombianos y, en cambio, sí tiene la osadía de cortar de tajo la carrera de hombres que durante 30 o 40 años lo único que han hecho es sacrificarse por el país y sin siquiera haber sido vencidos en juicio. Si este discurso cala en el electorado, Santos puede perder las elecciones y con el fin de su mandato también el proceso de paz se acabaría.

“El problema de Santos es que puso todos los huevos en la misma canasta -dice el analista Ricardo Galán-. Todo su proyecto político gira alrededor de conseguir la paz. Con estos escándalos queda atrapado porque sabe que cualquier palabra suya puede tener unas consecuencias imprevisibles”, explica.

“Por la forma como está trastabillando me recuerda lo que pasó en el gobierno de Betancur cuando la paz voló en mil pedazos por cuenta de que los militares se opusieron al proceso de paz como una mula muerta”, dice la columnista de SEMANA la periodista María Jimena Duzán. Quienes han conversado con Santos en privado durante estos días de crisis, cuentan que el presidente está descorazonado porque él se la ha jugado a fondo a favor de los militares y siente que estos no han sido recíprocos en igual dimensión en la cuestión más trascendental que es la negociación con las FARC.

“Santos les ha dado a los militares lo que ni siquiera Uribe se atrevió a concederles, como una forma de evitar su veto al proceso de paz -dice Juanita León en La Silla Vacía-. Pero lo que ha venido revelando la revista SEMANA en los últimos días muestra que estas concesiones no han sido suficientes. Y que dentro de las filas militares hay un grupo –con conexiones directas a mandos del Ejército- haciendo cosas muy graves, que atentan directamente contra la negociación en La Habana y también contra la seguridad nacional, sin ningún control o sanción”, argumenta la directora de ese portal.

Varios funcionarios de la guardia pretoriana de Santos creen que el asunto no es tan fácil. Él, explican, conoce muy bien a los militares: en estos encuentra tres sectores definidos. Un importante segmento que cree que se hace la guerra para conquistar la paz. Entre ellos está diáfana la tesis de que gracias a su esfuerzo y sacrificio lograron los más significativos avances militares al punto de llevar a la mesa a las FARC.

“Nosotros ya les ganamos. Triunfamos -dice un general del Ejército-. Por eso, los sentamos. Estamos hablando con una guerrilla que hoy no puede siquiera tomarse un municipio del país. La misma guerrilla que hace menos de dos décadas tenía presencia en todos los departamentos y aterrorizaba a los ciudadanos a punto de pescas milagrosas en cualquier carretera. Eso ya no pueden ni siquiera soñarlo. Ellos lo saben y por eso, están hablando”, dice el oficial que pertenece a este grupo y que quienes conocen al Ejército afirman es la inmensa mayoría.

Hay otro grupo en el Ejército que está convencido de que les faltó un tiempo para acabar de derrotar a las FARC y verlas sacar bandera blanca. “Los teníamos a punto de rendirse”, explican con algo de frustración. Y hay una tercera parte que son los militares que ven en la guerra una oportunidad individual de incrementar su riqueza. En caso de una negociación de paz, su lucro bajará porque del conflicto obtienen ganancias.

Santos sabe de la existencia de los tres sectores, pero, a juicio de quienes comparten con él estos días de crisis, no puede hacer nada más. La campaña está de por medio. ¿Qué podría hacer? Si fuera Uribe, para bien o para mal, a estas alturas ya no tendríamos ni la misma cúpula ni posiblemente el mismo ministro de Defensa, dice un analista. “Es posible”, replica otro. “Pero a Uribe no se le presentó semejante circunstancia: campaña y proceso de paz”.

Hay quienes creen que Santos realmente, como lo dijo, está “indignado”. Pero no puede hacer nada más que decirlo en un escueto comunicado porque le toca moverse con absoluto cuidado. Como un malabarista. Su objetivo está en llegar al otro lado y no en caerse así ponga a sufrir a la tribuna.

“Él está mirando un país en posconflicto y para eso tendrá que contar con estos militares, gústenos o no. Por eso, es posible que siga exhibiendo en público tantas dudas”, dice un asesor político. “Otra cosa será al día siguiente de que tenga la reelección en el bolsillo”, pronostica. Son los dramas de la política en las que el hombre más poderoso del país en ocasiones ni siquiera puede decir lo que piensa.
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