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| 3/4/2014 12:00:00 AM

¿Y quién gobernará de viernes a domingo?

Tras la inscripción de la candidatura, se anuncia que Santos será presidente de lunes a jueves. ¿Por qué? Análisis de Semana.com.

Ya es un hecho. El presidente Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras inscribieron su candidatura en la mañana de este martes 4 de marzo en la Registraduría Nacional. Así empiezan formalmente la búsqueda del respaldo popular para obtener en las urnas un segundo mandato en el período 2014-2018. “Con esta inscripción queremos decirles a los colombianos que estamos listos, preparados y entusiasmados para iniciar esta campaña”, anunció Santos.

Fue un acto sencillo pero que encierra una enorme complejidad. En efecto, Santos argumentó que por varias razones desea quedarse cuatro años más en la Casa de Nariño: “Porque hemos logrado avanzar, porque comenzamos a transformar a Colombia, porque hemos hecho la economía más sólida en los últimos tiempos, para cerrar las brechas sociales, para que Colombia sea vista por el mundo entero con más respeto y para dejar el legado de la paz total”. Son algunos de los puntos de su agenda que él marcará con especial énfasis en cada uno de sus actos en los días por venir.

Y es ahí donde comienzan las dificultades. ¿Cuándo habla Santos-presidente, cuándo lo hace Santos-candidato y cuando Santos-candidato-presidente? No es un problema semántico sino un deber de estricto cumplimiento a la ley. Para evitar que se mezclen sus labores de candidato con sus funciones de jefe de Estado, tiene que ser ejemplar en cada una de sus acciones.

De hecho, en la mañana de este martes Roberto Prieto, gerente de la campaña, trató de explicar la situación para que los ciudadanos tuvieran tranquilidad: “Santos será presidente de lunes a jueves y candidato de viernes a domingo”. Ese mensaje de transparencia quedó en el aire cuando la periodista María Alejandra Villamizar le preguntó en Blu Radio: “Y entonces, ¿quién va a ser el presidente de la República de viernes a domingo?” “¡Ah, no!. Eso sí no lo sé”, respondió.

En realidad no habrá un vacío de poder porque Santos siempre estará al frente del Gobierno. Pero es vital que él separe con una frontera diáfana cada uno de sus actos para que los demás candidatos compitan con él en igualdad de condiciones y para que los ciudadanos sientan que están recibiendo una información precisa y no una promesa electoral más.

Para garantizar el equilibrio entre el presidente-candidato, que por su condición tiene todo el aparato estatal para reelegirse, y los demás candidatos en contienda, la Ley de garantías le prohíbe al mandatario inaugurar obras públicas, entregar personalmente bienes y recursos del Estado y utilizar símbolos o consignas de su campaña en la publicidad estatal. 

Pero, como en toda campaña, lo natural y quizá más emocionante es que los candidatos se refieran directamente a sus contrincantes, es en este escenario donde se hace determinante trazar la línea entre el presidente y el candidato. 

La Ley de garantías le prohíbe al mandatario en ejercicio referirse a los demás aspirantes o a los partidos políticos que participan en la contienda. Si Santos lo hace en funciones de gobernante, estaría violando la ley. Sólo podrá hacerlo en aquellos momentos en que especifique y aclare que se comporta como candidato presidencial.

Según las palabras del gerente de campaña, quiere decir que Santos deberá tragarse los dardos y responder a los que quiera los fines de semana cuando pueda despacharse contra sus contradictores. Eso sí, como candidato podrá dedicarse a las indirectas sin mencionar nombres propios. 

Es un asunto complejo. Santos, por ejemplo, no podrá utilizar bienes del Estado para su campaña, salvo los que correspondan a su seguridad. El presidente no podrá utilizar la Casa de Nariño para funciones de campaña. Claro está, como la casa privada hace parte de su seguridad, nada le prohíbe que allí tenga reuniones relacionadas con la reelección. Muchos preguntan si por ejemplo tendrá que dejar de lado el avión presidencial para la campaña, pero el Consejo de Estado ya definió que la aeronave hace parte de su esquema de seguridad.

Todo este enredo surge porque en el momento en que el Congreso decidió reformar la Constitución para aprobar la reelección, la Ley de garantías parecía insuficiente para los posibles desequilibrios de una campaña con presidente-candidato a bordo. Y esta, en teoría, se hizo lo más dura posible, pero en realidad dejó muchas zonas grises de difícil interpretación.

La situación se torna más compleja en un país con una enorme tradición presidencialista. En el imaginario colectivo se da como un hecho que lo que dice el presidente ya es cosa juzgada. Que no tiene vuelta de hoja. Para el gobernante de turno que quiera hacerse reelegir es demasiada tentación el uso de todas estas herramientas.

Y aunque en la campaña de Santos prometan que fraccionarán la semana, es indispensable para nuestra frágil democracia que el presidente haga un esfuerzo mayúsculo en estos días y les entregue todas, absolutamente todas las garantías a los demás candidatos que le compiten por el puesto. No es un asunto de generosidad sino de obligatorio cumplimiento porque, sean cuales sean sus palabras, él es el jefe del Estado.
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