Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/04/21 09:32

"Colombia no aboga por la legalización de las drogas ilícitas"

El presidente Juan Manuel Santos reconoce en la ONU que la guerra mundial contra las drogas "ni se ganó ni se va ganando" y que no habrá mundo libre de drogas.

Juan Manuel Santos Foto: Archivo SEMANA

Durante la sesión especial de la asamblea general de la ONU sobre el problema mundial de las drogas, el presidente Juan Manuel Santos hizo varios llamados a la comunidad internacional para replantear, o darle un giro, a las posibles soluciones de este flagelo. Lo hizo como mandatario del país “que más víctimas, dolor y sacrificio ha puesto”: Colombia
 
Santos dijo que después de que el presidente Richard Nixon, en 1961, declarara la guerra contra las drogas, en el mismo recinto de la ONU, donde intervino este jueves, 55 años después se puede ser concluyente. Tras tantas vidas segadas, tanta corrupción y tanta violencia generada, y tantos jóvenes marchitándose en las cárceles, “no hemos ganado la guerra, ni la vamos ganando”.
 
Santos fue crítico de la solución mundial planteada hace medio siglo, la represión, la cual consideró que no es la receta, ni la fórmula adecuada, pues está lejos de resolver el problema. Por eso dijo al mundo que “es hora de replantear el tratamiento”
 
Primero, pidió que los protocolos en materia de derechos humanos se ajusten a las convenciones internacionales sobre drogas. Cuestionó que muchos Estados del mundo –incluido Colombia– no contemplan la pena de muerte en ningún caso, pero que en otras naciones, China por ejemplo, se impone esa sentencia para los delitos relacionados con drogas. “Debe llegarse, por lo menos, a una moratoria en su aplicación a delitos relacionados con drogas, mientras se alcanza un consenso para su eliminación”.
 
Calificó de avance que en el mundo se haya considerado la opción de penas alternativas al encarcelamiento, y que sea declarado la importancia del principio de proporcionalidad de las penas.
 
En ese sentido Santos dijo que falta definir que el consumo de drogas es un problema de salud pública y, como tal, no amerita un tratamiento criminal. “Las cárceles son para delincuentes, no para adictos, que –dicho sea de paso– en la cárcel se vuelven delincuentes”.
 
El presidente colombiano consideró que la política de represión ha recaído de manera desequilibrada sobre los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico. “Los pequeños cultivadores, las llamadas “mulas” y los consumidores llenan las prisiones alrededor del mundo”.
 
No tiene sentido, dijo Santos, que mientras en Colombia vaya a la cárcel un campesino por cultivar marihuana, en los estados de Colorado o de Washington, en Estados Unidos, puede producirla, venderla y consumirla libremente.
 
Es por eso que sugirió enfocar la lucha mundial para que esté dirigida contra los eslabones más fuertes de la cadena: los grandes narcotraficantes, los proveedores de insumos químicos, las organizaciones que facilitan el lavado de activos.
 
El mandatario colombiano pidió golpear a las mafias donde más les duele. “Persiguiendo los dineros mal habidos y quitándoles esas utilidades exorbitantes que tanta violencia y corrupción generan.
 
Reconoció, con la mano en el corazón, que así como no tenemos un mundo libre de alcohol, ni libre de tabaco, ni libre de violencia, “no tendremos un mundo libre de drogas”.
 
Sin embargo aclaró que Colombia “no aboga por la legalización de las drogas ilícitas”. Dijo que el país seguirá atacando el crimen organizado, sustituyendo los cultivos ilícitos por lícitos, e interceptando barcos y aeronaves del narcotráfico. “Porque para Colombia la lucha contra las drogas no es solo un imperativo moral: es un asunto de seguridad nacional”.
 
El presidente dijo que Colombia ha tenido éxito en algunos de esos frentes y mencionó que el Estado ha podido doblegar a grandes carteles de la droga que parecían indestructibles, como el cartel de Medellín o el del Norte del Valle.
 
Recordó que ahora se busca firmar la paz con grupos guerrilleros que han participado en la cadena del narcotráfico para convertirlos en aliados para la erradicación de cultivos ilícitos y la promoción de proyectos productivos alternativos. “Si lo logramos, este será un giro histórico y favorable no solo para Colombia sino para el mundo entero”.

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