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| 6/11/2011 12:00:00 AM

"Santos hace muchas cosas de Uribe, pero con mejores modales"

Félix de Bedout habla de la corrupción que denunció en los últimos años desde 'La W', de las fallas del ejercicio del periodismo en Colombia y de lo que espera del actual gobierno.

María Jimena Duzán: Se nos va de Colombia, pero algo me dice que le van a hacer falta esas denuncias mañaneras con que nos levantaba en 'La W'…

Félix de Bedout: Claro que las voy a extrañar. Llevo pocos días en el desempleo temporal y ya me está haciendo mucha falta dar la pelea. Pero además, sé que me voy en un momento muy especial para hacer periodismo en Colombia. Hay un tema que yo creo no se ha abordado porque de pronto no nos hemos dado cuenta de sus dimensiones: la corrupción. Lo que se robó en Colombia en los últimos años no tiene nombre. Y no es que antes hubiésemos sido el paraíso de la anticorrupción, pero es que lo que pasó en los últimos cuatro o cinco años no había ocurrido, y creo que no exagero, en los últimos cien años.

M.J.D.: O sea que no vamos ni por la mitad de todo lo que todavía falta por destapar…

F.D.B.:
¡Pero claro! Falta saber qué paso en la DIAN en los últimos años, falta saber qué pasó en el tema de la infraestructura, porque solo hemos conocido el 5 por ciento, si mucho. El Banco de la República acaba de publicar un informe sobre zonas francas que ha pasado de agache, y lo que ahí se dice es muy grave. Mucha gente se enriqueció en los últimos años por su cercanía al poder. Y siempre aparece 2006 como un año en el que se juntan todos los escándalos.

M.J.D.: Ese fue el año de la reelección de Uribe…

F.D.B.:
Sí, esa fecha coincide con los escándalos que el país ha ido conociendo: el carrusel de la salud se monta en 2006; los subsidios de AIS se conciben en ese año; los Nule desde 2006 no pagan impuestos; ese año suceden la yidispolítica y la feria de notarías; en 2006 los bienes del DNE terminan en manos de los políticos uribistas; también se da la feria de carreteritas por todo el país que no se sabe de dónde partían ni a dónde llegaban. Y todo esto ocurría en el gobierno que decía que luchaba contra la corrupción y la politiquería, en el que había una oficina anticorrupción con un señor que le decían el zar anticorrupción, que no entendía uno en qué andaba.

M.J.D.: A mí me da la impresión de que en el tema de los Nule el periodismo ha investigado lo que los Nule han querido.

F.D.B.:
Yo, que me he metido en los últimos meses en el tema de los Nule, lo que veo es que no se puede montar una estructura delincuencial como la que tenían sin una red de complicidades muy grande. Sin duda, esa red va más allá de Bogotá. Y eso hasta ahora judicialmente está muy quieto. Yo confío en la fiscal, creo que es una mujer honesta y comprometida, pero me angustia que el tema Nule le esté quedando grande a la estructura de la Fiscalía. Los Nule no se enriquecieron solo en Bogotá. Sobre todo lo hicieron en la contratación nacional. Y no puede acabar la justicia convertida en el mecanismo de venganza selectiva de los Nule. Tengo el temor de que el gran negociado de los Nule es el que van a hacer con la justicia.

M.J.D.: ¿Por qué ha sido tan difícil saber quiénes eran los padrinos que les permitieron a los Nule llegar a donde llegaron?

F.D.B.: Varias veces he dicho que los Nule convirtieron el Estado en un cajero automático para su beneficio. Pero lo que no hemos descubierto es quién o quiénes les dieron la clave del cajero. ¿Cómo se puede ser abogado de los estafadores y del estafado? Los abogados actuales de los Nule, Garzón y Largacha, fueron abogados de la DIAN, del ICBF, de Invías, los sitios donde los Nule cometieron varios de sus robos al Estado. Y lo otro: ¿por qué los abogados de los Nule no nos han contado cuál es su relación con Edmundo del Castillo y si ellos tuvieron contratos en el gobierno gracias a él? A mí me queda la duda de si los abogados están para defender a los Nule o para acallarlos. No hay duda de que en ese escándalo está haciendo falta mucho estrato 12 que no ha sido investigado.

M.J.D.: Oyéndolo me da la impresión de que habrá mucha gente que esté contenta con su ida y que le criticaba su forma inclemente de increpar al entrevistado por considerarla agresiva e intimidante.

F.D.B.: Me imagino que sí. ¿Pero sabe qué me ha sorprendido? Que en los últimos días se me ha acercado mucha gente a darme las gracias. Yo sé que por momentos se me volaba la piedra más allá de lo adecuado, pero creo que a veces se necesita esa descarga energética para llegar al grano en las entrevistas radiales. Y tengo que reconocer que si yo pude hacer algo bien o mal en los últimos tiempos, fue por la libertad que me dio Julio en La W para preguntar lo que quisiera, con un respeto absoluto por mi trabajo, eso sí, sabiendo que cada quien es responsable de lo que dice y hace frente al micrófono.

M.J.D.: ¿Por qué uno siente que el periodismo en Colombia se está volviendo cada vez más preocupado por temas que a la mayoría de los colombianos no le interesan?

F.D.B.: Sí, yo siento lo mismo en por lo menos dos temas en los que, yo diría, no hemos estado a la altura: uno, el de la violencia en Colombia. A pesar de esfuerzos aislados por contar lo que ha pasado, como el que usted hizo en su último libro, nos hemos quedado cortos. ¡Si es que entre la degradación criminal de las Farc y la bestialidad de los paramilitares, la violencia colombiana tiene dimensiones ruandesas! En estos días, cuando veo cómo el mundo recuerda con indignación lo que pasó en la guerra de los Balcanes a partir de la detención de Ratko Mladic, quien está en el Tribunal de La Haya respondiendo por 8.000 muertos, no puedo dejar de pensar en que esas cifras pueden ser las de un solo jefe paramilitar colombiano o de un frente de la Farc. Y esa historia no la hemos contado.

M.J.D.: Yo le digo por qué al periodismo le importa muy poco el tema de la violencia. Porque no sale de las ciudades ni de las salas de redacción. Uno se informa más por Twitter sobre los asesinatos de líderes campesinos que por los medios tradicionales.

F.D.B.: Sí, tenemos una mirada desde la ciudad, muy lejana del resto del país. Estamos más preocupados por el trancón en Bogotá que por lo que pasa en los Montes de María. Supimos de Ana Fabricia Córdoba solo cuando la mataron. Esto va unido a la otra historia que no hemos contado: la de los niveles de pobreza que hay en nuestro país. Cuando nos acercamos a ese tema, lo hacemos desde la pornomiseria, que no sirve para mirar lo que les está pasando a millones de colombianos o a esa clase media que está cada vez más cerca de caer en la pobreza que de subir un escaloncito, como sería lo deseable.

M.J.D.: Pasando a otro tema: ¿está de acuerdo con el jalón de orejas que les pegó el presidente Santos a los altos tribunales?

F.D.B.: Con Santos se han dado cambios positivos como el de la ley de víctimas. Si realmente se aplica, va a ser fundamental para el futuro del país. Sin embargo, hay cosas que no han cambiado pero que se hacen con mejores maneras. El primer día de su gobierno, Santos dijo que no se iban a controvertir las decisiones de los tribunales. Ahora incumple esa promesa y cuestiona los fallos. Repito: lo hace con buenas maneras, pero estigmatizando a las Cortes. En el caso de Las Delicias, leí el viernes en la columna de Yesid Reyes que la base de toda la sentencia del Consejo de Estado estaba sustentada en informes de las propias Fuerzas Armadas, que reconocían los horrores que se cometieron en el montaje de esa base militar… Pero como no leemos las sentencias, nos quedamos en una visión superficial. "Hay que leer", como decían en la telenovela Los Reyes.

M.J.D.: Enrique Santos Calderón sacó un artículo en que ponía de presente cómo los periodistas antiuribistas se habían vuelto santistas. ¿Usted está en esa camada?

F.D.B.:
Vi que Ramiro Bejarano en Hora 20 bautizó a Enrique Santos como el Gran Hermano. Lo que es indiscutible es que hay un cambio de ambiente y que Santos no está gobernando como pensaban ni los antiuribistas ni los uribistas. No obstante, hay cosas que se parecen mucho a lo del pasado, pero que se dicen y se hacen con mejores modales.

M.J.D.: ¿O sea que Santos es un Uribe con buenos modales?

F.D.B.: No. Yo creo que el presidente, para sorpresa de muchos, va a ser Santos para lo bueno y para lo malo que eso signifique.

M.J.D.: ¿Y qué es 'ser Santos' en política?

F.D.B.: ¡Nooo, María Jimena, eso sí se lo dejo a usted que los conoce mejor que yo!

M.J.D.: ¿Con qué embuchado se va?

F.D.B.: Con uno grande que tengo atragantado. He estado averiguando que hay un grupo de mafiosos de los que no alcanzaron a colarse en la fiesta de Ralito que están buscando una negociación y que para valorizar ese proceso están matando a gente en diferentes regiones del país. Detrás de eso hay varios oscuros personajes hasta los pies vestidos.

M.J.D.: ¿No podría ser más específico?

F.D.B.: No le puedo adelantar mucho más. Pero entiendo que en esto todos los caminos conducen a Roma.
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