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| 3/7/2014 12:00:00 AM

El árbol que plantaron Santos y Petro ya no retoña…

Se confirma la ruptura de las relaciones entre el presidente y el alcalde de Bogotá. Análisis de Semana.com.

Se trata de una de las imágenes más esperanzadoras en un país agobiado por la violencia. Juan Manuel Santos, presidente de la República, figura del establecimiento, exministro de Defensa, se da la mano con Gustavo Petro, alcalde mayor de Bogotá, símbolo de la rebeldía, exguerrillero.

Él mandatario local ya no empuña un fusil sino una herramienta para labrar la tierra. Acaban de sembrar un árbol en señal de deseo de reconciliación nacional. Ambos visten de blanco impecable de la cintura para arriba. Atrás, los fotógrafos captan el histórico momento mientras varias personas sonríen y aplauden emocionadas.

El árbol fue sembrado el 9 de abril del año pasado dentro de las movilizaciones populares en apoyo a una salida negociada al conflicto armado, pero simbolizaba también la respetuosa relación entre dos políticos de ideologías diametralmente opuestas. Un hecho de enorme trascendencia en un país con un largo historial en donde los contrarios buscan su eliminación física y rara vez la unión de fuerzas para buscar la mejoría de la sociedad.

Años atrás, en 2010, Santos y Petro habían disputado las elecciones presidenciales. En uno de los debates, el líder de izquierda recordó las amenazas en su contra, el acoso, los hostigamientos y el peso que sobre su cuerpo significaba cargar un abrigo antibalas para que no lo mataran como en este país han asesinado a tantos dirigentes de la oposición legal. Uno de los moderadores le preguntó a Petro si creía que a él lo habían chuzado y le hacían inteligencia militar. Él, sonriendo, respondió de manera espontánea: “Pregúntenle a Juan Manuel, que era el ministro de Defensa”. Hubo risas entre los presentes.

Se notaba que atrás quedaban esos días aciagos y que ahora ambos buscaban converger en los puntos comunes, en fortalecer la democracia. Santos ganó la Presidencia y recién posesionado invitó a Petro a la Casa de Nariño. La conversación fue amable y cordial. El anfitrión le dijo que le interesa llevar a la práctica algunos de los temas de su programa. El invitado se mostró de acuerdo y le pidió que trabajara por el medio ambiente y por el agua, que por ahí pasaba el futuro no sólo del país, sino de la humanidad, le argumentó.

Después, en las elecciones a la Alcaldía, Petro volvió a participar y Santos apoyó a otros de los candidatos –Gina Parody, Carlos Fernando Galán, David Luna, eran vistos con agrado en la sede presidencial-. Al final ganó Petro.

Sin embargo, Santos se mostró respetuoso y las relaciones continuaron por la senda de la cordialidad. Ambos terminaron sembrando este árbol. Cuando se empezó a mover la idea de la revocatoria, Santos guardó silencio. Después, tras la decisión del procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez, de decretarle la muerte política a Petro, Santos volvió a mostrarse majestuoso. Pidió dejar que la justicia avanzara para no perjudicar las instituciones.

Pero en los últimos días, como lo adelantó este miércoles Semana.com en el artículo 'Vargas Lleras versus Petro, la batalla de Bogotá', las cosas dieron un giro radical. Este portal advertía que el inicio de la campaña electoral a la presidencia significaría la ruptura de las relaciones entre la Casa de Nariño y el Palacio Liévano. Los acontecimientos así lo confirman.

En la noche del jueves, Santos fue demoledor: Allí, esta vez vestido de candidato, afirmó: “Bogotá perdió el rumbo, la movilidad cada vez se deteriora, los hampones hacen de las suyas, la corrupción nos golpea”. Sin embargo, tuvo todavía la precaución de no nombrar a Petro.

En la mañana de este viernes, Petro respondió en sus trinos y conservó la misma elegancia, no mencionó a Santos pero lo cuestionó en su objetivo mayor, la búsqueda de la reconciliación nacional en el país.

El alcalde escribió en su cuenta de Twitter: “La Paz implica aceptar el pluralismo político y el derecho pleno a elegir y ser elegido”, y luego argumentó: “Ha quedado demostrado que un gobierno alternativo y quienes lo conforman y apoyan no tienen garantías políticas en Colombia”.

¿Cómo se interpretarán estas palabras en La Habana? ¿Qué estarán pensando los alzados en armas que aspiran a cambiar las armas por los votos?

Por si fuera poco, Petro clamó al exterior en busca de ayuda y aquí a la gente no a las instituciones: “Mis derechos fundamentales quedan en manos de la justicia interamericana. Las reformas democráticas están en manos de la ciudadanía”, escribió en otro trino. Y muy probablemente, Petro ahora encabezará el movimiento del voto en blanco, abiertamente en oposición al presidente Santos.

Así languidecía una relación que hasta ahora había sido muy viva. Al margen de opiniones, conceptos, creencias tan distantes entre estos dos hombres, los ciudadanos de a pie se preguntan si más allá de las fotos ambos realmente fueron capaces de trabajar juntos para asuntos tan cruciales como el metro, la seguridad, el empleo, la salud, la educación. Cada uno saca cifras y ya empieza a señalar al contrario como el responsable de que no se haya hecho lo prometido.

Hay una obra que los usuarios del transporte masivo reclaman día a día y que de cierta manera refleja la incapacidad para salir del subdesarrollo: la construcción de un tramo de apenas 1,6 kilómetros para unir el TransMilenio con el aeropuerto El Dorado. Es decir, una obra que conecte a un espacio de la ciudad con otro de la nación. Un pedazo de calle en la que los dos hombres más poderosos del país, el presidente y el alcalde, junto con sus equipos prometieron en varias ocasiones. Un tramo de 1,6 kilómetros. Y no se hizo. No pudieron. Es la mayor prueba de que la planta ya no dio frutos, parodiando la canción este árbol ya no retoña…
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