Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/02/03 11:38

"Esperamos firmar en marzo. Si es dos días o una semana tarde, no importa"

Durante una charla en Washington el presidente Santos reconoció que, aunque el mandato es acelerar los diálogos, el compromiso de firmar el 23 de marzo se podría retrasar.

"Esperamos firmar en marzo. Si es dos días o una semana tarde, no importa" Foto: AFP

Hace cuatro meses cuando el Gobierno y las FARC llegaron a un acuerdo en materia de justicia, el presidente Juan Manuel Santos le puso una fecha límite al actual proceso de paz. En sintonía con el jefe máximo de esa guerrilla, ‘Timochenko’, el mandatario -que decía no era amigo de poner “fechas fatales”- anunció que el 23 de marzo del 2016 se firmaría el fin del conflicto.

El anuncio quedó para la historia: “A más tardar ese día -en exactamente seis meses- estaremos dando un adiós definitivo a la última y más larga guerra de Colombia, y no sólo de Colombia, sino de toda América”, dijo Santos desde La Habana.

Pero el anuncio como las palabras, poco a poco se las lleva el tiempo. Este miércoles durante una charla en el Wilson Center, con la que inició su visita a Washington (EE. UU.), Santos dejó ver una vez más que aunque el acuerdo es irreversible, no descarta que los negociadores no puedan cumplir con la fecha acordada.

“Esperamos firmar antes del 23 de marzo. Si es dos días o una semana más tarde, no importa”, señaló el mandatario.

El 2016 empezó con un buen ambiente para negociar los grandes temas que faltan, pero el factor tiempo con el paso de los días parece el peor enemigo para Gobierno y las FARC. De ahí, el temor de las partes de alimentar la expectativa acerca de una fecha límite para la firma del acuerdo final.

Aunque el anuncio no es una camisa de fuerza, no cumplirlo sería un duro golpe para la opinión. Ello, a pesar de que la Mesa trabaja para lograr ese objetivo y que los temas que faltan por discutir son de gran calado y complejidad: el fin del conflicto, la refrendación, la implementación y las salvedades.

Faltan menos de dos meses para que se acabe el tiempo y el proceso también tiene elementos a favor. Primero, el buen ambiente entre los negociadores en el ciclo que retomaron este martes. Segundo, parece que va en serio la decisión de trabajar sin pausa. Y, por último, que tanto en el Gobierno como en la guerrilla hay conciencia de que los tiempos apremian.

La primera salvedad que había hecho el mandatario, fue el pasado 17 de enero en una entrevista con el diario El Tiempo: “no hemos discutido el cambio de fecha y esa es la convenida. Estamos haciendo todos los esfuerzos de parte y parte para cumplir con esa fecha”. Y aclaró: “Eso no va a ser un factor de ruptura del proceso, ni mucho menos. Pero hay una fecha convenida, y eso nos debe estimular a todos a trabajar más intensamente”.

Por su parte, los voceros de las FARC en los últimos meses han manifestado varias veces que ven casi imposible cumplir con el plazo. “Estamos haciendo hasta lo imposible, pero hay causas o factores objetivos que seguramente van a impedir que eso se dé el 23” de marzo, dijo a la prensa ‘Joaquín Gómez’, negociador de paz de la guerrilla una vez retomaron los diálogos en el 2016.

Por lo pronto, mientras las partes bajan las expectativas con la fecha por cuenta de las posiciones distantes que aún hay en la mesa, lo negociadores continúan mostrando resultados en el grueso de la agenda mientras intentan que les cuadren las cuentas.

El pasado 25 de enero el Gobierno y las FARC acordaron que sea el Consejo de Seguridad de la ONU el que haga la verificación del fin del conflicto: dejación de armas y cese al fuego bilateral y definitivo.

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