Jueves, 18 de diciembre de 2014

| 2013/04/25 00:00

Santos: “Sería bueno no tener que reelegirme”

Así lo afirmó el presidente Juan Manuel Santos en una entrevista con 'El País' de España.

Juan Manuel Santos es portada de El País de España. Foto: SEMANA.

Juan Manuel Santos (Bogotá, 1951) lleva 33 meses en la presidencia de Colombia. Ha pasado el ecuador de su mandato, se acerca el momento en el que debería anunciar si se presenta a la reelección o no, y mantiene una negociación con las FARC, la guerrilla más antigua y potente de América Latina que puede hacerle pasar a la historia de Colombia como el hombre que logró la paz o suponer el fin de su carrera política. Esta es la introducción de una entrevista que publica en su edición de este viernes, en su primera página, el diario madrileño El País.

La entrevista fue hecha por su director Javier Moreno quien cuenta que ésta es fruto de una conversación de media hora con el presidente en su residencia oficial, más dos charlas en su automóvil durante los viajes de ida y vuelta a un evento en el que su gobierno presentó los resultados de sus programas contra la pobreza, la otra gran bandera política de su presidencia.

En la conversación, Santos dice: “Qué bueno sería no tener la necesidad de presentarme a la reelección porque pude terminar mi obra de gobierno. Eso sería muy satisfactorio”.

Sin embargo, aclara: “Con esto no le quiero decir que no me vaya a presentar a la reelección. Y puede estar, como usted lo mencionaba, muy ligado a qué suceda en el proceso de paz. Pero en la medida en que podamos ir cumpliendo con los objetivos, bienvenido sea, porque nos podremos poner, si llego a decidir meterme en la reelección, unos objetivos todavía más ambiciosos”.

El tema de la paz forma parte esencial del reportaje. El País cuenta que “después de 50 años de guerrilla, de ataques terroristas sin tregua, de miles de víctimas y de secuestros, de chantaje a un país y de cerco a sus instituciones, que en los peores momentos corrieron riesgo de derrumbarse, no cabe sorprenderse de que una cierta esquizofrenia se haya instalado en la sociedad colombiana. Dependiendo del encuestador, hasta un 70% de la población desea un acuerdo con las FARC, aunque porcentajes similares muestran que la confianza en que esta vez se logre es muy escasa. No sé, le digo a Santos, qué se da más entre los colombianos, si las ganas de lograr la paz o la triste convicción de que no se va a conseguir”.

A esto, el jefe del Estado responde: “Yo le diría lo siguiente: primero, hacer la guerra es más fácil que hacer la paz. Cuando yo tomé esta decisión sabía de sus dificultades. Sobre todo cuando decidimos negociar en medio del conflicto. Aquí no hay cese al fuego sino cuando lleguemos a un acuerdo”.

“Desde fuera de Colombia resulta difícil entender que mientras se negocia en Cuba, aquí se sigan dando de tiros”, le interroga el periodista. “Esa es una decisión deliberada mía, responde Santos, porque ellos están pidiendo cese al fuego. ¿Por qué la tomé? Primero, porque yo creo que un cese al fuego, y la experiencia así nos lo ha demostrado, lo que hace es prolongar el conflicto; yo quiero exterminarlo lo más rápido posible. Segundo, porque siempre la historia nos ha demostrado que la guerrilla aprovecha mucho el cese al fuego para volverse a oxigenar, para volverse a fortalecer y continuar la lucha armada; yo no quiero eso. Ya hemos aprendido de las lecciones del pasado y por eso he tomado esa decisión que sé que genera confusiones pero que a la larga va a ser más positiva”.

Santos acepta, sin embargo, que “la gente se confunde en un proceso como este porque hay mucha gente que está tratando de vender una realidad que no es cierta. Y en un proceso como este, que es discreto, en donde hay un acuerdo entre las dos partes de no divulgar lo que se va acordando en la mesa, pues da pie para mucha especulación y para que mucha gente diga que allá se negoció equis o ye, cuando eso no es cierto. Y eso genera mucho ruido y genera oportunidades para los enemigos del proceso de acrecentar el miedo y de acrecentar el escepticismo, un escepticismo que es válido. Yo también lo tengo”.

“Esa es una explicación muy racional. ¿Pero siente usted lo mismo que razona?”, le pregunta el periódico.

“Sí. Lo mismo”, responde el mandatario. “Porque la gente dice: “Yo no les creo a las FARC”. Y yo les respondo: yo tampoco, en el sentido de que nos han engañado muchas veces, pero por eso mismo estamos negociando de la forma como estamos negociando”.

El rotativo cuenta que esta misma semana, esto es, con posterioridad a la entrevista, comenzó en La Habana la octava ronda de conversaciones entre el Gobierno colombiano y los guerrilleros, después de un mes de receso. A ellas se incorporó Jorge Torres Victoria, alias Pablo Catatumbo, uno de los dirigentes con más guerrilleros a su cargo, lo que para los optimistas demuestra que la guerrilla está unida en su decisión de negociar, que el sector duro está por el proceso y que el asunto tiene recorrido.

En línea con esta afirmación, Santos se muestra optimista. “Yo cada vez me convenzo más de que sí va a haber paz porque veo que hay voluntad de avanzar, hasta ahora. Pero siempre he obrado con gran dosis de escepticismo y de cautela y creo que esa es la actitud que tengo que mantener hasta llegar al acuerdo final. Eso me obliga a protegerme. Parte de no haber entregado un centímetro de nuestro territorio, de no aceptar cese el fuego es en cierta medida una forma de proteger al país en la eventualidad de un fracaso porque si se fracasa continuamos exactamente como veníamos los últimos 50 años; esto no nos ha costado nada en materia militar, en materia de ventaja estratégica. Por eso son formas de negociar y condiciones en una negociación que, yo por lo menos, estoy convencido que son las más convenientes. A sabiendas de que genera confusiones”.

El diario dice que resulta probable que parte de la ciudadanía, en efecto, sufra algún tipo de confusión. “Pero otra, con el expresidente Álvaro Uribe por estandarte, no sufre ninguna, sino que considera que Santos está traicionando a su país y dilapidando por interés electoral, cuando la acusación no es más gruesa, el legado de su antecesor”. Y que “también el expresidente Andrés Pastrana se ha sumado a las críticas. ¿Qué les pasa a los expresidentes de este país?”

“No, yo no quiero referirme a los expresidentes. Esa pregunta se la dejo a que la respondan otros. Yo, francamente, no entiendo esa actitud”, aseguró en la charla. “¿Se imaginó alguna vez, en los años de colaboración con Uribe, conociendo su carácter, que esto pudiera llegar a pasar?”, le inquiere El País.

“No. No me imaginé nunca. Sobre todo a los extremos a los que ha llegado”.
A las preguntas de ¿en un proceso de paz, es más importante la sabiduría que la justicia? ¿Cuán difícil resulta para el gobernante, para el presidente de la República, solucionar este dilema?, Santos responde:

“Yo lo pondría de otra forma: dónde traza uno la línea entre justicia y paz. Ese es el gran dilema. Ese es el gran desafío. Si uno le pregunta a las víctimas, siempre le van a pedir más justicia; si uno le pregunta a las futuras víctimas, siempre van a pedir más paz. ¿Cuánto está dispuesto a permitir la sociedad colombiana en materia de sacrificio de la justicia para obtener la paz? Ahí es donde el gobernante, en este caso este servidor, va a tener que decidir; dónde trazo esa línea y dónde percibo yo que el pueblo colombiano quedaría satisfecho en materia de sacrificio y la justicia en aras de la paz. Yo pienso que, de todas formas, la justicia, y eso lo digo como una cuestión de filosofía jurídica, no puede ser un obstáculo para la paz. Esa fue una frase que inclusive oí al propio fiscal Luis Moreno, de la Corte Penal Internacional. La justicia no puede ser obstáculo para la paz; y la paz, al fin y al cabo, es el objetivo más sublime que debe tener cualquier sociedad”.

Y cuando se le dice que si cree que es posible acabar militarmente con las FARC, el jefe del Estado responde: “Es posible, pero nos demoraríamos otros 50 años. A costa de muchas vidas, de mucha sangre, de parte y parte”.

Cuando se le dice que si presenta a la reelección, escogería al general Óscar Naranjo como fórmula para la vicepresidencia dice: “Yo tengo por el general Óscar Naranjo un gran respeto y tenemos una gran amistad. Le voy a dar una chiva: él es miembro o va a ser miembro de la junta directiva de una fundación que yo tengo, que se llama la Fundación Buen Gobierno, que opera y que va a operar hacia el futuro más…. pero yo no estoy pensando todavía en ningún ticket porque no he decidido todavía si voy o no a la reelección”.

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