Martes, 21 de octubre de 2014

| 2013/05/11 14:00

Santos y su encrucijada en el alma

El retiro de Vargas Lleras del gobierno representa una encrucijada no tanto para él sino para el presidente.

A pesar de haber sido rivales en las elecciones, una vez Vargas Lleras ingresó al gabinete se convirtió en el aliado más efectivo del presidente Santos. Foto: Guillermo Torres / Semana

El 24 de este mes es la fecha límite para que los funcionarios públicos que no quieran inhabilitarse para ser candidatos a la Presidencia se retiren del gobierno. Pero alrededor de ese tema, en el mundo político hay interés alrededor de la decisión de una sola persona: Germán Vargas.

El ministro de Vivienda es en la actualidad la única figura pública que está en condiciones de ser un candidato viable para la Presidencia de la República. Las otras personas que según las encuestas tendrían un nivel de apoyo superior o parecido al de Vargas han dejado claro que descartan esa posibilidad.  

El más popular de todos, Angelino Garzón (60 por ciento de imagen favorable), está impedido no solo por razones constitucionales sino de salud. Otra figura de gran prestigio, el general Óscar Naranjo (49 por ciento de imagen favorable) ya ha dicho que se va a la Fundación Buen Gobierno, lo que significa trabajarle a la reelección de Juan Manuel Santos. 

Y el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo (42 por ciento de imagen favorable), quien representaría una carta renovadora y alternativa, ha manifestado que no piensa abandonar sus responsabilidades en la Gobernación a mitad de camino. Por lo tanto solo queda Vargas. 

 La posición del ministro hasta el momento es conocida. A él le gustaría retirarse de su cartera para no estar inhabilitado en la eventualidad de que el presidente Santos decida no lanzarse. Pero igualmente ha dejado claro que él hará lo que su jefe le pida, ya sea desde afuera o desde adentro del gobierno. Este dilema ha sido interpretado por algunos como la encrucijada de Vargas Lleras.

Sin embargo, paradójicamente, el que tiene una encrucijada al respecto es más bien el presidente de la República. A pesar de que habían sido rivales en las elecciones presidenciales, una vez Vargas ingresó al gabinete se convirtió en el aliado más efectivo del primer mandatario. 

Como ministro del Interior y de Justicia sacó adelante todas las leyes que necesitaba el presidente para volver realidad su programa de gobierno. Esta caja de herramientas incluía la Ley de Víctimas, las facultades extraordinarias para reestructurar el Estado y el estatuto anticorrupción. Y desde la cartera de Vivienda mostró ejecución en un gobierno en el cual una de las principales críticas ha sido la falta de resultados concretos. La controvertida política de regalar casas  ha sido registrada en las encuestas como un frente en el que el gobierno tiene resultados ampliamente satisfactorios. 

A todo lo anterior se suma el hecho de que Vargas es un peso pesado en la arena electoral. Esto lo demostró en la elección presidencial pasada cuando, sin regalar casas y sin la pantalla que ha recibido como ministro, alcanzó a sacar cerca de un millón y medio de votos. La encrucijada de Santos consiste en que tiene que asegurar que todo ese caudal político esté al servicio suyo y no en su contra. 

El jefe de Estado, aunque ha ha dado serios indicios de que piensa buscar la reelección dentro de un año, tiene que tener un plan B por si presentan algunas circunstancias que lo hagan reconsiderar esa decisión. Esta posibilidad, aunque muy remota, podría presentarse ante un fracaso estruendoso en el proceso de paz, un bajonazo vertiginoso en las encuestas o algo así. En ese escenario lo prudente tendría que ser contar con una llanta de repuesto para la continuidad de la defensa de la prosperidad democrática. 

 Pero como toda moneda tiene dos caras, la estrategia de la llanta de repuesto entraña algo de incertidumbre. Germán Vargas no ha pensado en atravesársele a Santos, no solo por aprecio y gratitud, sino porque sabe que la deslealtad en política se paga caro. Además, enfrentar a un presidente es una derrota casi segura. Sin embargo, la naturaleza humana es variable y no está exenta de tentaciones. 

Hoy en día la imagen favorable de Vargas está en el 56 por ciento y la de Santos en el 47. Si dentro de seis meses Santos, con el sol a las espaldas baja al 40 y Vargas, con el grato recuerdo que dejó su gestión llega al 65 o más, esos números pondrían a pensar a cualquiera.  Las posibilidades de que alguien llegue a la Presidencia de la República por lo general se presentan solo en un momento determinado, pues en política no hay pasado ni futuro sino presente. En otras palabras, si las encuestas en 2014 demuestran que Germán Vargas es viable electoralmente, no hay ninguna seguridad de que demuestren lo mismo en 2018. 

Todo lo anterior no son más que especulaciones.  La realidad hoy es que Germán Vargas está comprometido con la defensa de la prosperidad democrática de Juan Manuel Santos. Hay un abanico de posibilidades importantes para que su prestigio quede al servicio de este gobierno. Podría ser el jefe de debate de la campaña, el próximo vicepresidente e incluso hipotéticamente el próximo presidente en 2016. 

Si Santos decide volver realidad voluntariamente su idea de renunciar a la Presidencia después de seis años, Vargas como vicepresidente sería el heredero automático.Pero para serlo también tendría que renunciar antes del 24 de mayo. 

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