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| 5/26/1997 12:00:00 AM

SE ACABARON LOS CAPOS

La lucha contra el narcotráfico había estado siempre centrada en los grandes jefes. Ahora que no los hay la estrategia va a cambiar.

Durante toda la lucha contra el narcotráfico en Colombia siempre había existido el malo de la película. Es decir, algún capo conocido que servía como símbolo del conflicto. Inicialmente fue Pablo Escobar quien durante muchos años monopolizó ese papel. Caído el jefe del cartel de Medellín, Es-tados Unidos, los colombianos y el Bloque de Búsqueda se fijaron por primera vez en el cartel de Cali. Una tras otra fueron apareciendo en televisión las caras de sus integrantes con el famoso aviso de 'Se busca'. Primero fueron los Rodríguez, luego José Santacruz, posteriormente Pacho Herrera, después Phanor Arizabaleta y Víctor Patiño, etc. Cuando todos ellos quedaron tras las rejas le tocó el turno a Pastor Perafán. Este no era más que un capo mediano con pretensiones de arribista social. Pero el hecho de ser el único nombre famoso que quedaba por capturar lo convirtió en el hombre más buscado del país. Después de su detención no se ve ningún sucesor a la vista.Ahora que Colombia se ha vuelto un país sin capos, tanto Estados Unidos como las autoridades nacionales están revaluando sus estrategias frente al narcotráfico. El malo de la película era una figura que tenía mucha utilidad. Familiarizaba a la gente con la gravedad del problema, incentivaba a las autoridades a perseguirlo y, por último, distraía a la opinión pública sobre el fracaso de la lucha en otros frentes. Las cifras de exportación de cocaína siempre han ido en aumento. Mientras todo el Estado estuviera concentrado en una causa tan prioritaria como neutralizar el narcoterrorismo de Pablo Escobar, nadie tiraba la primera piedra. Ahora que ya no hay malo de la película dejan de existir las justificaciones de malos resultados en otros frentes. Tan pronto Perafán fue capturado el director de la Policía, general Rosso José Serrano, se reunió con su gente para planear el futuro. Sobre las bases de las nuevas realidades diseñaron un plan estratégico de cinco puntos. Aunque no son muy espectaculares publicitariamente, ahora son los derroteros de la lucha contra el narcotráfico en los años por venir.
1. Perseguir a los narcos de segundo nivel. Estos no son nombres reconocidos por la gente del común pero vienen figurando en expedientes judiciales desde hace varios años. Principalmente son cuatro: Nelson Urrego, Orlando Sánchez y los hermanos Rayo Montoya. Urrego es un presunto narcotraficante que según Santiago Medina le dio 100 millones de pesos a la campaña de Ernesto Samper. Es identificado como un miembro del cartel del norte del Valle del Cauca. Orlando Sánchez se volvió famoso cuando Miguel Rodríguez lo identificó como el 'Hombre del overol'. Ese era el apodo que tenía un personaje que aparecía en una conversación telefónica sostenida entre Rodríguez Orejuela y 'Pacho' Herrera. En ésta el mundo se enteró, por primera vez, que había alguien a quienes los Rodríguez le tenían más miedo que al propio Pablo Escobar. Se referían a él como el 'Hombre del overol' y le atribuían el atentado contra el hijo de Miguel Rodríguez, cuyo saldo final fue el de seis muertos. Inicialmente se pensó que el 'Hombre del overol' era Arcángel Henao, una de las cabezas del cartel del norte del Valle del Cauca. Sorprendió, sin embargo, cuando Miguel Rodríguez públicamente señaló a Orlando Sánchez. Los últimos en la lista son los hermanos Rayo Montoya, los más cercanos colaboradores del jefe del cartel del norte del Valle, Iván Urdinola.
2. Desmontar no carteles sino microempresas. Las autoridades consideran que ante los riesgos que existen de formar carteles con capos famosos, el negocio se ha atomizado como mecanismo de autodefensa. Nadie quiere controlar el mercado en un solo núcleo. Narcotraficantes menores quieren cuidar sus rutas con un criterio de microempresa: exportar poco, ganar mucho y hacer poco ruido. Las autoridades colombianas piensan trabajar conjuntamente con las norteamericanas para detectar estas microempresas.
3. Atacar vínculos narcoguerrilla. Desde hace varios años los organismos de inteligencia tienen información sólida sobre los vínculos entre los narcos y la subversión en el negocio de la siembra y procesamiento de coca y amapola. Hasta ahora los esfuerzos se han centrado en la erradicación de cultivos. Los resultados de esta acción han sido seriamente cuestionados por Estados Unidos a tal punto que el gobierno colombiano llegó a contemplar la idea de suspender la fumigación hasta tanto el gobierno norteamericano reconociera la lucha en este frente. Superado el impasse la erradicación de cultivos ilícitos se hará de manera frontal y se atacarán los centros de acopio ubicados en el Caquetá y Putumayo, donde se concentra el mayor número de hectáreas cultivadas por el binomio guerrilla-narcotráfico.
4. Concentrar acción en la Costa. Otra de las tareas que desarrollarán las autoridades tendrá como epicentro las costas Atlántica y Pacífica. Allí han operado desde hace varios años pequeños carteles que sirvieron de soporte a las organizaciones de Medellín y Cali, especialmente en el embarque de droga hacia los mercados internacionales. Ellos controlan básicamente las rutas y las pistas clandestinas. Hoy por hoy se han consolidado como un grupo emergente de narcos que de no controlarse a tiempo po-drían llegar a tomar las riendas del negocio.
5. Lavado de dólares. En este frente las autoridades colombianas y norteamericanas incrementarán el control sobre las cuentas bancarias de personas ya identificadas como testaferros de los dos grandes carteles. En este punto habrá grandes sorpresas, pues muchas de las personas de clase alta que no consideraban que esto fuera un delito serán el blanco de las autoridades. En coordinación con la Fiscalía General de la Nación, los organismos de seguridad ejercerán una vigilancia muy estrecha sobre el sistema bancario, especialmente en las principales ciudades del país, para evitar que a través de esas entidades se lave el dinero proveniente del narcotráfico. Los anteriores son los cinco puntos en los cuales se va a concentrar la acción del gobierno colombiano. La posición del gobierno estadounidense no se conoce aún, pero se anticipan algunos cambios. La DEA tiene una presencia muy importante en Colombia, cuya principal función había sido la persecución de los grandes capos. Nadie tiene muy en claro qué se va a hacer con esa infraestructura. Presumiblemente la acción de esta agencia norteamericana antidrogas se orientará a metas parecidas a las de Colombia para que se cumpla la nueva estrategia. En la medida en que baje la presión por captura de nombres famosos aumentará la presión política en otros frentes. El nuevo embajador de Estados Unidos, Curtis Kamman, tiene dentro de su agenda tres temas prioritarios: extradición, control de las cárceles y lucha contra la corrupción política. Todo está encaminado a ilusionar a Colombia con la recertificación para que se comprometa el gobierno nacional con estos aspectos. Lo único seguro es que ahora que los resultados no se pueden medir por capturas tendrán que ser medidos por una disminución efectiva de la exportación de cocaína del país. Hasta el momento esto no ha sucedido y por lo tanto la lucha no será nada fácil.
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