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| 4/5/2011 12:00:00 AM

Se calentó el Valle

Después de una aparente calma tras la extinción de los carteles de Cali y Norte del Valle, se reactivó una vieja guerra a muerte entre 'los Machos' y 'los Rastrojos', herencia de los excapos Diego Montoya y Wílber Varela.

Un ladrillo fue el arma con la que mataron brutalmente a Luis Fernando Morales, exalcalde de El Dovio y pre candidato de ese municipio del norte del Valle tristemente recordado por ser cuna de capos de la mafia y epicentro de la más cruenta guerra entre narcotraficantes.

El homicidio ocurrió el pasado miércoles 23 de marzo al mediodía y muchos en El Dovio creen que el hecho es la confirmación de lo que era un secreto a voces desde hace unos meses en el Valle: la reactivación de la guerra a muerte por el dominio territorial y el control del negocio de la coca entre herederos de Diego Montoya, alias 'don diego', extraditado a EE.UU. en 2008 y Wílber Varela, alias 'Jabón', asesinado ese mismo año en Venezuela.

Si bien Morales no tenía antecedentes mafiosos, en esa zona donde amasaron poder y fortuna capos de la talla de Iván Urdinola Grajales y Orlando Henao Montoya, los políticos siempre estuvieron en la mira de sus intereses.
 
"Este pueblo es el trofeo de esa guerra absurda y a los dirigentes nos exigen tomar partido", dijo Blanca Díaz, concejala que tiene la desgracia de contar con familia que milita en los dos bandos. Esa afirmación fue ratificada por el alcalde Gustavo Padilla, quien está amenazado por la mafia.

Los encargados de revivir esa vieja rencilla criminal que en el pasado dejó un millar de muertos, son Hilbert Urdinola Perea alias 'don H', heredero de Montoya, y su ejército privado conocido como 'los Machos'; y los hermanos Luis Enrique y Javier Antonio Calle Serna, alias 'los Comba', sucesores de Varela y quienes están al mando de 'los Rastrojos'. Todos están en la mira de la Dijín y la DEA.

Esos grupos son los que hoy protagonizan una pelea que revivió escenas que se creían borradas de la historia mafiosa del Valle. Ataques callejeros con fusiles y a plena luz del día.

Cinco días atrás al crimen del exalcalde y en un restaurante de Cali fueron asesinados una colombiana y dos extranjeros (México y Venezuela). La Policía cree que entre las víctimas hay uno relacionado con 'los Rastrojos'. El 21 de diciembre de 2010 en un prestigioso conjunto residencial de Cali, una decena de sicarios armados con fusiles mataron a un hombre oriundo de El Dovio y que es relacionado con 'los Machos'.

Un mes después se presentó otra incursión con fusiles y granadas a una compra venta de carros en Cali. En medio del ataque quedó envuelto el comandante de la Tercera Brigada del Ejército, quien pasaba por la zona con sus escoltas. El hallazgo de unos panfletos dejó claro que se trataba de una retaliación contra 'los Rastrojos'.

Desde la captura de Montoya en 2008 y sus lugartenientes, 'los Machos' cayeron en desgracia y perdieron frente a 'los Rastrojos' el dominito territorial de El Dovio, Versalles y Bolívar, municipios claves del norte del Valle porque limitan con las selvas del Chocó y son de fácil acceso al mar Pacífico a través del mítico Cañón de Garrapatas, considerado el santuario cocalero de la región.

Según versiones de los pobladores hoy 'los Machos' intentan recuperar el terreno perdido frente a 'los Rastrojos' y para lograrlo pidieron apoyo a 'los Urabeños', ejército privado que operaba Daniel Rendón Herrera, alias 'don Mario'; ese hecho terminó por ahondar la guerra que se extendió a Cali, Jamundí, Buenaventura, Buga, Tuluá, Zarzal, Roldanillo, La Unión y Cartago, donde ya se habla de la existencia de temidas oficinas de cobro.

Aunque la Policía del Valle cree que la supuesta presencia de 'los Urabeños' en la región es sólo una estrategia de 'los Machos' para intimidar al rival, la Defensoría del Pueblo en una reciente alerta registró que “en Tuluá 'los Urabeños' están disputándole el control territorial a 'los Rastrojos'”, dice un documento confidencial al cual tuvo acceso SEMANA.

No importa de dónde vengan las balas, lo alarmante es que nuevamente el narcotráfico se convirtió en el motor de una guerra mafiosa que como en los viejos tiempos calentó al Valle y llenó sus calles de muertos.
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