Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/05/12 00:00

Se le chispoteó

El vicepresidente Santos utilizó una fórmula muy uribista, y hasta ahora exitosa: soltar la lengua y pedir perdón después.

La entrevista que le concedió el vicepresidente Santos al director de ‘Noticias de RCN’, Álvaro García, creó un alboroto en el Congreso con la afirmación de que varios congresistas más serán vinculados al escándalo de la para-política

El vicepresidente Francisco Santos volvió a ser el niño terrible de sus tiempos de periodista. En una entrevista con Álvaro García, en RCN, hizo tres afirmaciones atrevidas que causaron un terremoto político: que se deben replantear las relaciones con Estados Unidos, que el escándalo de la para-política seguirá creciendo y cobijará a cerca de 40 congresistas, y que un consejo suyo al presidente Uribe había contribuido a la decisión de cambiar a la ex canciller María Consuelo Araújo.

Varios avisperos se alborotaron. En el Congreso se produjo una especie de paro. La bancada uribista amenazó con no aprobar el proyecto de reforma a las transferencias presupuestales que van a los departamentos y municipios, considerado como prioritario y trascendental por la Casa de Nariño. En el clima nervioso que ha generado en el Capitolio la expectativa de que la Corte Suprema involucrara a más parlamentarios, las declaraciones del Vice se interpretaron como una falta de solidaridad. O, peor aun, como un indicio de que en el alto gobierno había informaciones sobre nuevos procesos de congresistas que no habían sido compartidas con la bancada uribista.

La bola de nieve fue frenada con una serie de tres rectificaciones y desmentidos. Una provino del propio Santos: una carta escueta a la presidenta del Senado, Dilian Francisca Toro, para expresar su "pesar y preocupación por la interferencia de mis declaraciones pudieron causar en la labor que conjuntamente el gobierno y el Congreso vienen desarrollando en beneficio del país". Hubo otra del ministro del Interior, Carlos Holguín, y una tercera de la Cancillería que reiteraba que "el gobierno de Colombia observa con profundo respeto el proceso y el debate que se da en Estados Unidos sobre el TLC". Todo esto acompañado de numerosas comunicaciones telefónicas entre los más altos funcionarios del gobierno con congresistas, dirigidas a restablecer la tranquilidad.

Hubo todo tipo de interpretaciones. Las susceptibilidades, que están alborotadas bajo el clima político reinante, condujeron a hipótesis extremas y contradictorias. Que Santos iba a renunciar por su metida de pata. O, incluso, que sus declaraciones habían sido acordadas con Uribe para decir cosas que no le quedarían bien al primer mandatario.

Pero la motivación del Vicepresidente fue mucho menos maquiavélica y mucho más espontánea. Desde hacía días venía discutiendo con su equipo más cercano la conveniencia de contestar las críticas que le venían haciendo en algunos sectores de la Costa. En concreto, que era el responsable de haber metido a la familia Araújo y a Jorge Noguera, ex director del DAS, en el torbellino de la para-política. Y hasta de liderar en Bogotá actitudes anticosteñas. La mayoría de sus colaboradores en el equipo de la Vicepresidencia le había aconsejado que no cayera en las provocaciones que le habían planteado los Araújo y Noguera. La consigna era guardar silencio. Pero Santos se encontró con el periodista Álvaro García en un evento social y le cogió la caña de hacer una entrevista. Lo demás no es otra cosa que las preguntas de rigor sobre la actualidad, y respuestas francas y desenvueltas del Vicepresidente sobre su pensamiento.

Aunque, tanto por su apariencia como por sus resultados, las afirmaciones del Vicepresidente parecieron atolondradas e irreflexivas, son básicamente ciertas. Las relaciones con Estados Unidos están en un punto de definiciones. La alianza de los últimos años entre Uribe y Bush ya no es sostenible porque se modificaron totalmente las condiciones políticas. A Bush le llegó la mala hora y tiene problemas serios de imagen y gobernabilidad. La política exterior, y temas como los TLC y el Plan Colombia, ya no son definidos por el Presidente, sino son motivo de un intenso tire y afloje entre el gobierno y la oposición. Y a Uribe el escándalo de la para-política lo puso a la defensiva en los escenarios de Washington, ha generado inquietudes y es usado en su contra por los enemigos del Plan Colombia.

En un escenario así es imposible pensar que las relaciones pueden seguir como venían. Necesitan un replanteamiento, tal como afirmó Francisco Santos. Su pecado fue haberle dado un toque de venganza al planteamiento. La afirmación no necesariamente fue un llamado a reconocer las nuevas realidades políticas, sino a una posible retaliación antigringa en caso de que no sea aprobado el TLC.

La otra declaración que sonó a ventilador -"entre 30 y 40 parlamentarios, de pronto más, irán a la cárcel"- también tiene mucho de verdad. La Corte Suprema de Justicia tiene una larga lista de casos pendientes y denuncias que afectan a miembros del Congreso. Hasta ahora las investigaciones se han concentrado en departamentos de la Costa, pero hay datos de muchas otras regiones y departamentos. En las expectativas colectivas existe la idea de que el escándalo seguirá creciendo hasta aproximarse al famoso 30 por ciento que mencionó Salvatore Mancuso hace varios meses para dar una medida del apoyo que existía en el Congreso para las causas paramilitares. En la encuesta sobre la para-política publicada por SEMANA en su número anterior se concluye que la opinión pública también piensa que el problema seguirá creciendo. Y el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, de visita en Madrid, corroboró el jueves en entrevista a El País lo que había dicho su primo Francisco, dos días antes.

El error del Vicepresidente en este punto no fue de inexactitud sino de falta de oportunidad. La coincidencia de su publicación con la votación del proyecto de transferencias fue muy perjudicial. En Palacio causaron molestia y revuelo, superados por la rápida reacción de Santos con su mensaje a la senadora Dilian Francisca Toro. Pero lo cierto es que en cualquier otro momento, la entrevista del Vicepresidente habría pasado sin consecuencias, como suele pasar su frecuente lenguaje campechano.

La tercera aseveración de Francisco Santos que generó malestar fue la de que la 'Conchi' Araújo salió de la Cancillería como resultado del informe que el Vice le presentó a su jefe, el presidente Uribe, sobre el ambiente que había encontrado en Washington. La afirmación, aunque cierta -así se presentó la noticia en varios medios cuando se hizo el relevo-, resultó contradictoria con una respuesta que le dio Uribe a D'Artagnan en su programa de televisión del lunes. Uribe, quien ha tratado de guardar un difícil equilibrio en la pelea entre Santos y los Araújo, elogió a la 'Conchi' y dijo que había salido por decisión personal.

Más que una diferencia de fondo, la contradicción entre Uribe y Santos se debe a que el primero se pronunció dentro de los límites de lo que algunos denominan lo "políticamente correcto". Es decir, versiones en tono moderado y diplomático construido para no causar molestias ni sobresaltos. Por su naturaleza, Pacho se sale con frecuencia de esos terrenos que le resultan incómodos. Lo cual le hace daño en algunos sectores que andan preocupados por la eventualidad de que la turbulencia política de los últimos meses dañe el clima favorable que ha permitido crecimiento económico y la prosperidad en los negocios.

A la larga, sin embargo, Santos también cosecha frutos. La incorrección política puede llegar a ser rentable porque se asocia con valores como la transparencia, la espontaneidad y la verdad. Las afirmaciones de la semana pasada pueden haber sido mal registradas en Estados Unidos, en el Congreso y en la Costa, pero tienen un efecto positivo para su imagen. Meter la pata con declaraciones impertinentes, y pedir perdón después, es una fórmula que el propio presidente Álvaro Uribe ha utilizado con grandes beneficios en las encuestas.

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