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| 2/27/2010 12:00:00 AM

Se crecen los enanos

Sin Uribe en la contienda, la competencia entre los candidatos a la Presidencia está de infarto.

Esta promete ser la campaña política más emocionante de la historia reciente. Pocas veces antes, tres meses exactos para las elecciones presidenciales, había existido tanta incertidumbre sobre quién podría ser la próxima figura en llegar a la Casa de Nariño.

Ni siquiera cuando Colombia estrenó la reelección en 2006 hubo tanta expectativa. Entonces, la inmensa popularidad del presidente Álvaro Uribe, aún intacta, era tan arrolladora que nadie preguntó demasiado cómo se consiguieron las mayorías en el Congreso y la Corte Constitucional tenía apenas el espacio político para darle el visto bueno a la reforma constitucional. Con mucha anterioridad al día de las elecciones, las encuestas daban al Presidente como ganador, y sus competidores aparecían a millas de distancia.

No ha sucedido lo mismo con la tercera candidatura de Uribe. Los escándalos resquebrajaron su favorabilidad, los procedimientos para sacarla adelante fueron chambones, por decir lo menos, y era a todas luces claro que la Corte tendría mayor juego para ir en contra de la mayoría que aún proclamaba su adhesión al mandatario. Pero mientras los magistrados decidían, la política estuvo literalmente congelada. Por más esfuerzos que hacían los candidatos la campaña presidencial no despegaba, y la competencia por el Congreso era la más opaca que se haya vivido en años.

Por eso mismo con la decisión de la Corte de tumbar el referendo reeleccionista, el futuro electoral cambia en forma drástica a partir de esta semana.

Desde ahora, ocho precandidatos y seis candidatos que estaban en la línea de partida comienzan a competir en serio. Para empezar, las encuestas dejarán de ser predecibles. Hasta la semana pasada éstas mostraban a Juan Manuel Santos, Rafael Pardo, Sergio Fajardo, Germán Vargas, Noemí Sanín, Gustavo Petro y Andrés Felipe Arias a escasos siete puntos de distancia entre el más y el menos opcionado, una diferencia que prácticamente equivale casi al margen de error. Y al lado de estos enanos aparecía Uribe con casi la mitad de los votantes a su favor.

Sin Gulliver en la contienda, los candidatos se empezarán a crecer, y como estaban tan empatados es casi imposible predecir si alguno se disparará de aquí al 31 de mayo o si la carrera será de infarto hasta el final.

Esto también dependerá de lo que suceda en la campaña para el Congreso. ¿Se mantendrán los uribistas unidos en la alianza tácita entre la U y los conservadores? ¿O, sin Uribe como candidato, sucumbirá el uribismo? Los congresistas uribistas, que hasta hoy conforman una mayoría, balancearán sus opciones entre Juan Manuel Santos, el seguro candidato por la U, por un lado, y entre Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias, los dos principales contrincantes en la consulta conservadora, por el otro. Y quien mejor sepa atraerlos con astucia sacará la ventaja.

Los aspirantes al Congreso saben que sólo estarán en la bancada mayoritaria si se mantienen fieles al uribismo, salvo que calculen que el ganador puede ser otro, y entonces pueden apostar sus maquinarias a un tercero. Tienen que considerar la posibilidad de que el Presidente elegido no sea del uribismo que se mantuvo leal hasta el final.

A su vez, los aspirantes Petro, Vargas, Pardo o Fajardo saben que si ganan sin mayorías en el Congreso probablemente tendrán el reto de armar una bancada sólida al comenzar el gobierno.

En cuanto a la estrategia de los candidatos, todos afirman que seguirán con la línea con la que venían. Además, la mayoría seguirá defendiendo la bandera de la seguridad democrática, la cual aún tiene réditos electorales y será reconocida en la opinión como el gran legado de Álvaro Uribe.

Con la caída del referendo también podrían variar los resultados de la consulta interna del Partido Conservador y en la de los 'tres tenores'. En la primera, Arias podría terminar ganando muchos de los votos uribistas reeleccionistas que se quedaron sin poder votar por el candidato-presidente. Pero también es cierto que, sin Uribe, Arias podría debilitarse y muchos de sus aliados podrían irse a las toldas de Noemí. Y en la consulta de los 'tres tenores', Enrique Peñalosa podría aumentar sus posibilidades de convertirse en candidato puesto que en la opinión es percibido más cercano a Uribe que Lucho Garzón o Antanas Mockus.

Finalmente cobrarán fuerza los debates presidenciales que, hasta ahora, no habían causado ninguna emoción. Las ideas y propuestas de los candidatos, invisibilizadas durante meses por cuenta de la puja entre reeleccionismo y antirreeleccionismo, cobrarán importancia y comenzarán a definir la agenda electoral tal y como ocurría en las épocas en que la reelección no era posible.

De igual manera, los candidatos volverán a pensar en alianzas. Más aún cuando al Presidente se le ha vuelto una obsesión encontrar un sucesor y el uribismo está haciendo lo posible por no perder su caudal electoral. Entre otras cosas, podrá cocinarse una eventual alianza entre Juan Manuel Santos y Andrés Felipe Arias para mantener viva la coalición entre la U y el Partido Conservador.

Y como contrapeso podrá cuajarse otra coalición 'opositora'. Sin embargo, en las orillas de Fajardo, Petro, Pardo o alguno de los 'tenores' es menos probable que ésta se dé puesto que, sin Uribe en juego, aquellos candidatos que no han sido cercanos al gobierno pueden sentir ahora que tienen más posibilidades de ganar. Ellos y los uribistas saben que, caído el referendo, cualquier cosa puede pasar. Y por eso se puso tan buena la cosa.
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