Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/06/02 00:00

Se destapan los alfiles

La pugna por el Congreso y el Partido Liberal está candente. Los líderes conservadores y liberales del uribismo se disputan el control del Capitolio., 50930

Se destapan los alfiles

Apenas culmino la campaña presidencial con el triunfo de Alvaro Uribe en primera vuelta se inició la campaña por el control del Congreso. Hasta el día de las elecciones la lógica política indicaba que el senador más votado, el antioqueño de origen conservador Luis Alfredo Ramos, ocuparía la presidencia del Senado. Sin embargo el discurso de aceptación de la derrota de Horacio Serpa dejó la puerta abierta para un relevo en la dirección del Partido Liberal y cambió las estrategias de juego de los bloques parlamentarios.

No habían pasado 24 horas de la victoria de Uribe cuando, el lunes pasado, Germán Vargas Lleras, uno de los senadores más cercanos al Presidente electo, reivindicó la abrumadora votación del domingo para proponer que el liberalismo sea liderado por una dirección colegiada con participación de los disidentes. Ahí fue Troya. El jefe de debate de la campaña de Horacio Serpa, el senador Rodrigo Rivera, ripostó afirmando que “no se hacen cónclaves de obispos católicos con protestantes”. Ese mismo día se hicieron públicos los llamados a la unión liberal de los ex presidentes liberales Alfonso López Michelsen, Ernesto Samper, Carlos Lemos y Julio César Turbay. El mensaje era claro: Serpa es el actual director por estatutos pero los liberales deben unirse bajo el paraguas del Presidente electo.

Con Uribe como jefe de facto de 25 liberales disidentes, más los 30 de la línea oficialista, las mayorías matarían dos pájaros de un solo tiro: el presidente del Congreso del lado liberal y la reunificación del partido. Así, por las toldas liberales, se enfrentaban las dos facciones: los oficialistas de Serpa y los uribistas. Quien controlara la dirección del liberalismo ganaría en seguida un papel protagónico en el primer año de la administración Uribe Vélez.

No es la alianza por el cambio

El enfrentamiento entre los senadores Vargas Lleras por el uribismo liberal y Rivera por el oficialismo serpista alborotó el avispero político. La intensa actividad no era para menos: estaban cocinándose los acuerdos políticos para definir quién manejaría las mayorías parlamentarias, por un lado, y quién dirigiría el Partido Liberal, que seguía siendo la organización política más importante del país. Además para el nuevo gobierno de Uribe las relaciones con el Congreso son vitales ya que necesitará tramitar iniciativas tan trascendentales como polémicas, la reforma política, el referendo, la reforma pensional, la legislación antiterrorista y las medidas para el adelgazamiento del Estado. Aunque el Presidente electo le ha restado importancia a la pugna en sus declaraciones públicas y no ha dado el guiño por ningún candidato, sus ojos y oídos deben estar pendientes del resultado no sólo de la presidencia del Senado sino de los acuerdos para las mesas directivas y las comisiones más importantes. De esos pactos entre los senadores depende la actitud de las minorías y la solidez de las mayorías.

No obstante hoy Uribe tiene la sartén por el mango. Muy diferente situación a la de hace cuatro años, cuando el presidente Pastrana y el entonces senador Fabio Valencia Cossio se esforzaban en conformar una coalición mayoritaria llamada ‘Alianza para el Cambio’ para controlar el Congreso. El resultado no pudo ser más nefasto: el auge del clientelismo y la incapacidad de aprobar la reforma política. Sea quien sea el presidente del Congreso lo más seguro es que salga de las toldas uribistas con el respaldo de los 55 senadores que forman esa bancada. La oposición quedaría en manos de un puñado de 10 senadores independientes.

Mientras los ex presidentes llamaban a la unidad los serpistas, liderados por el senador Rivera, instaban al candidato derrotado a no abandonar la dirección del Partido Liberal. Serpa se reunió con sus 30 senadores el martes pasado y la noche siguiente con unos 60 representantes a la Cámara que lo apoyaron en la campaña. La intención de la bancada era convencer al jefe liberal de no “entregar las llaves” y así evitar que los disidentes uribistas entraran por la puerta grande y asumieran el liderazgo del partido.

Tuvieron éxito en sus gestiones. Del relevo expresado en su discurso del día de elecciones Serpa pasó a conducir una ‘transición’ y no abandonar la dirección del liberalismo. En otras palabras, las relaciones entre el presidente Uribe y el oficialismo liberal estará mediada por Serpa, al menos por un tiempo.

Sin el apoyo explícito de Uribe y enfrentado al oficialismo en bloque, el senador Germán Vargas fracasó en su intento de ‘toma hostil’ de la dirección liberal por parte de los uribistas. Ya el jueves aceptó que los liberales disidentes no buscan las “llaves del partido” aunque su nombre sigue sonando muy fuertemente para presidente del Congreso. Sin embargo el desafío de Vargas Lleras a la dirigencia liberal despertó nuevas aspiraciones en las huestes uribistas de todas las tendencias.

¿Quien quiere ser presidente?

La semana pasada, mientras el Presidente electo tuvo importantes encuentros de todo tipo para organizar su llegada a la Casa de Nariño, sus senadores peleaban entre sí detrás de los apoyos necesarios en pos de dirigir el Congreso. Lo curioso es que las tres tendencias del uribismo, liberales, conservadores e independientes, han desplegado sus candidatos. Por los lados azules sigue consolidada la aspiración del senador Luis Alfredo Ramos, con el respaldo de los conservadores y de haber obtenido la mayor votación de las elecciones al Congreso. A pesar de no haber tenido siquiera candidato presidencial y de haber adherido en bloque a un liberal, el senador Carlos Holguín tiene los objetivos políticos claros: “Qué bonito gesto de unidad sería la posesión de un presidente liberal por parte de un conservador”.

Los liberales uribistas cuentan con la sólida candidatura de Vargas Lleras y con nuevos nombres, como el del senador Darío Martínez, que han surgido con un perfil: ser de la bancada uribista pero con aceptación en los lados serpistas. Por el lado independiente ha surgido la candidatura de la senadora Claudia Blum como una opción de tercería frente al round entre conservadores y liberales dentro del uribismo.

Por último, hay que tener en cuenta el factor regional, que pesa mucho en un Parlamento en el cual casi todos los senadores son elegidos por territorios específicos. Dado que a la presidencia de la Cámara de Representantes aspiran los antioqueños Omar Flórez y William Vélez se podría dar el escenario de que el presidente de la República y los dos presidentes de las cámaras legislativas sean de ese departamento. Esta situación podría impulsar la candidatura de otra representante uribista, Zulema Jattin, que es costeña y podría tender lazos con el oficialismo.

Al final de la semana Serpa se convirtió en el puente entre el oficialismo y el nuevo gobierno mientras que la bancada uribista enfrenta su primer reto: decidir el presidente del Congreso sin que esta coalición se desintegre en el intento. Esto implicaría que el Presidente electo pierda la ventaja parlamentaria de contar con las mayorías desde la campaña y no tener que comprarlas meses antes a la posesión.

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